El asesinato de una joven kurda, Jina Mahsa Amini, a manos de la “policía de la moral” en Irán ha desatado una ola de protestas en todo el país. Comenzando en las áreas kurdas de Irán, las protestas se extendieron a más de 30 ciudades, incluidas las más grandes del país: Teherán, Mashhad, Isfahán, Karaj, Tabriz y la llamada ciudad santa de Kom.

El resultado de las elecciones libanesas nos revela que es evidente que está produciéndose un importante cambio en el equilibrio de poder. La Alianza 8 de Marzo, coalición formada por Hezbolá, Haraket Amal y el Movimiento Patriótico Libre Cristiano, ha perdido la mayoría que tenía desde 2018. Han pasado de 71 escaños, que les daban la mayoría, a 58, mientras que las Fuerzas Libanesas Cristianas (FL), de la oposición, han crecido.

La revolución sudanesa ha dado un nuevo giro. 28 días después del golpe de Estado que le apartó del poder, Abdalla Hamdock fue restituido como Primer Ministro por la Junta Militar. Las calles, que han luchado y derramado sangre durante un mes para conseguir un gobierno civil, han recibido esta noticia, no con júbilo, sino con rabia.

La reportera palestina de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, de 51 años, fue asesinada a tiros por el ejército israelí esta mañana temprano, mientras cubría una redada en el campo de refugiados de Jenin en la Cisjordania ocupada. Este asesinato a sangre fría de una periodista, un crimen de guerra bajo la Convención de Ginebra, expone aún más la brutalidad del Estado israelí y deja al descubierto la repulsiva hipocresía de sus aliados imperialistas.

Las heroicas masas de Sudán siguen tomando las calles para resistir el golpe militar, enfrentándose a las balas, las agresiones físicas y las detenciones a manos de las fuerzas de seguridad.

La revolución sudanesa se encuentra en una encrucijada crítica. Las fuerzas de seguridad están asesinando, violando y atacando a las masas con impunidad. La revolución ha respondido lanzando nuevas protestas, bloqueando barrios y realizando una huelga general de dos días, aunque esta última se vio debilitada por la falta de organización. Debemos ser claros: el tiempo se agota.

Cuatro millones de personas salieron el sábado a las calles de Sudán en una manifestación nacional contra el golpe militar del lunes. Al mismo tiempo, una huelga general paralizó todo el país, ya que decenas de sindicatos y organizaciones profesionales se manifestaron en solidaridad. La contrarrevolución se enfrentó a esto con una violencia despiadada, lo que provocó un gran número de bajas y obligó a las masas a retirarse.