Las chispas han estado saltando recientemente entre el gobierno de los Estados Unidos y el régimen iraní. En la noche del 20 de junio, el presidente Trump de Estados Unidos, ordenó ataques con misiles sobre Irán, pero luego los canceló abruptamente. El incidente fue el culmen (hasta el momento) de semanas de tensiones entre los dos gobiernos. El ataque abortado se produjo después de que Irán derribara un dron estadounidense en algún lugar cerca del Estrecho de Ormuz. Los Estados Unidos afirman que el avión no tripulado estaba en el espacio aéreo internacional. Las autoridades iraníes, sin embargo, afirman que el dron estaba dentro del espacio aéreo iraní cuando fue derribado.

El lunes 17 de junio, el ex presidente de Egipto, Mohamed Morsi, se desmayó y murió durante el juicio por espionaje al Estado egipcio. Morsi, que padecía diabetes y enfermedades crónicas del riñón y el hígado, había estado encarcelado desde 2013, cuando su presidencia fue derrocada por uno de los mayores movimientos de masas de la historia de la humanidad.

La revolución sudanesa ha sido una inspiración para los trabajadores, las mujeres y los jóvenes de todo el mundo. Las mujeres en particular han revelado un tremendo potencial revolucionario. Todo lo que había de progresista en la sociedad sudanesa emergió para mostrarle al mundo que la sociedad puede ser cambiada. Pero también había un lado más oscuro, que ahora ha levantado su fea cabeza de la manera más brutal posible ¿Por qué está pasando esto?

La revolución argelina no se detuvo con la caída de Buteflika. El régimen quiere ahora desviar la ira de las masas hacia un canal más seguro para él: las elecciones presidenciales previstas para el 4 de julio. Sin embargo la masa de trabajadores y jóvenes de Argelia percibe con claridad el significado de esta maniobra del régimen, que busca recuperar la "legitimidad democrática" mediante elecciones que va controlar de principio a fin.

Ayer temprano a la mañana, las fuerzas armadas sudanesas atacaron violentamente y despejaron la sentada revolucionaria que había acampado frente al Ministerio de Defensa sudanés desde el 6 de abril. Esto fue solo el comienzo de una campaña de terror, organizada por el contrarrevolucionario Consejo Militar de Transición (TMC).

El número de bajas a manos de las milicias de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) en Sudán, después de la represión de la protesta la semana pasada, alcanza a 113. Pero si los gerifaltes que ordenaron esta carnicería pensaban que sofocarían la revuelta del pueblo sudanés, claramente calcularon mal.

Las negociaciones entre el Consejo Militar de Transición (TMC) y los representantes del movimiento revolucionario de Sudán han sido suspendidas. Son conversaciones que nunca debieron haber ocurrido y el momento es ahora para que los trabajadores sudaneses pasen a la ofensiva.