La destitución del ex dictador de Sudán, Omar A-Bashir, el 11 de abril no supuso el fin de la revolución sudanesa. Por el contrario, lejos de satisfacer las principales demandas de la revolución, la toma de poder por parte del ejército es un intento de desorientar a las masas y robarles sus logros. Sin embargo, las masas no se están dejando arrebatar su victoria tan fácilmente.

El viernes 5 de abril, el Tribunal de Apelación de Casablanca confirmó los veredictos emitidos por el Tribunal de Primera Instancia el martes 26 de junio de 2018 contra los detenidos del movimiento del Rif y el periodista Hamid Mehdaui. Los acusados ​​se enfrentan a condenas que suman más de 300 años de cárcel. Entre otras, recaen penas de 20 años de prisión para cuatro de los activistas detenidos, 15 años para tres de ellos, 10 para otros siete, etc.

El pasado viernes 15 de marzo, millones de argelinos salieron a las calles por cuarto viernes consecutivo para protestar contra el régimen de Abdelaziz Buteflika. Según las primeras valoraciones, las protestas fueron incluso más grandes que las masivas protestas que sacudieron al régimen el viernes pasado (8 de marzo). Acostumbrados a haber cometido sus crímenes con total impunidad, el régimen se ha dado cuenta de que las masas revolucionarias no se rendirán fácilmente.

Después de casi tres décadas en el poder, Omar al-Bashir fue destituido como presidente de Sudán por las protestas populares. Las masas han salido a las calles en lo que solo se puede describir como un movimiento revolucionario, aunque sin una dirección ni demandas claras. El propio Bashir ha sido arrestado y el ejército lo "mantiene en un lugar seguro".

Ayer por la noche, las calles de Argelia estallaron de alegría después del anuncio de que el odiado y eterno dictador se retiraba de las elecciones presidenciales programadas para abril. "¡No hay quinto mandato para Buteflika!" era el grito que agrupa a las masas desde hace semanas. Ahora parece que han logrado su objetivo.

Los argelinos salieron a celebrar en las calles anoche [2 de abril], después de que el presidente Abdelaziz Buteflika anunciara su renuncia. Esto viene después de un mes y medio de protestas masivas contra su gobierno. Pero su sola salida no resolverá nada, las masas ahora están pidiendo la caída de todo el régimen.

El 2 de octubre, Jamal Khashoggi entró en el consulado de Arabia Saudita en Estambul para completar algunos trámites para poder casarse con su prometida turca. Un oficial saudí sonriente lo recibió en la puerta. Nunca volvió a salir. Los funcionarios turcos insisten en que tienen pruebas del interior del consulado saudí que confirman que Khashoggi fue torturado y asesinado allí, su cuerpo descuartizado y eliminado en secreto.