La reportera palestina de Al Jazeera, Shireen Abu Akleh, de 51 años, fue asesinada a tiros por el ejército israelí esta mañana temprano, mientras cubría una redada en el campo de refugiados de Jenin en la Cisjordania ocupada. Este asesinato a sangre fría de una periodista, un crimen de guerra bajo la Convención de Ginebra, expone aún más la brutalidad del Estado israelí y deja al descubierto la repulsiva hipocresía de sus aliados imperialistas.

La revolución sudanesa se encuentra en una encrucijada crítica. Las fuerzas de seguridad están asesinando, violando y atacando a las masas con impunidad. La revolución ha respondido lanzando nuevas protestas, bloqueando barrios y realizando una huelga general de dos días, aunque esta última se vio debilitada por la falta de organización. Debemos ser claros: el tiempo se agota.

Cuatro millones de personas salieron el sábado a las calles de Sudán en una manifestación nacional contra el golpe militar del lunes. Al mismo tiempo, una huelga general paralizó todo el país, ya que decenas de sindicatos y organizaciones profesionales se manifestaron en solidaridad. La contrarrevolución se enfrentó a esto con una violencia despiadada, lo que provocó un gran número de bajas y obligó a las masas a retirarse.

La revolución sudanesa ha dado un nuevo giro. 28 días después del golpe de Estado que le apartó del poder, Abdalla Hamdock fue restituido como Primer Ministro por la Junta Militar. Las calles, que han luchado y derramado sangre durante un mes para conseguir un gobierno civil, han recibido esta noticia, no con júbilo, sino con rabia.

Se suponía que el golpe lanzado el lunes pasado por el general Abdel Fattah al-Burhan sería una rápida y decisiva toma del poder por parte del Consejo Militar de Transición (TMC). Pero los golpistas no contaron con la fuerza del pueblo revolucionario, que se ha levantado por centenares de miles, lanzando protestas y huelgas en todo el país para oponerse a cualquier retorno al régimen militar.

Las heroicas masas de Sudán siguen tomando las calles para resistir el golpe militar, enfrentándose a las balas, las agresiones físicas y las detenciones a manos de las fuerzas de seguridad.

El gobierno de transición de Sudán ha sido derrocado por un golpe militar. Este golpe, largamente temido, fue la consecuencia inevitable del intento de reconciliación entre los líderes del levantamiento de 2019 y las fuerzas de la contrarrevolución. Las masas enfurecidas han vuelto a las calles de forma multitudinaria, demostrando que las reservas de la revolución sudanesa no se han agotado.