jacob zumaEl miércoles 9 de diciembre, el gobierno de Sudáfrica quedó expuesto a una nueva crisis cuando el presidente Jacob Zuma despidió inesperadamente a  su ministro de Finanzas, Nhlanhla Nene, y lo reemplazó con David van Rooyen, un diputado del CNA (Congreso Nacional Africano) poco conocido. Esta decisión fue tan inesperada que ni el CNA ni los miembros de su propio gabinete fueron conscientes de ello. Los acontecimientos de los cuatro días siguientes, una vez más sacudieron al país hasta sus cimientos y marcó el comienzo de una nueva etapa en la lucha de clases.

surafrica feemustfallEl viernes 23 de octubre, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, anunció que no habrá aumentos de las matrículas universitarias de los estudiantes para el próximo año. Este fue un claro intento por parte del gobierno para contener un movimiento que se ha hecho demasiado grande para poder ser controlado.

En un acto muy significativo, los delegados al 15º Congreso Nacional de la Unión Nacional de Mineros (NUM) votaron a favor de deponer el secretario general en funciones, Frans Baleni, siendo reemplazado por un candidato claramente perteneciente al ala de izquierda, David Sipunzi. El resultado, para sorpresa de muchos, ha sido un varapalo para la derecha colaboracionista de clases del COSATU, la principal federación sindical. Esta reorganización tendrá amplias repercusiones no sólo en el movimiento sindical, sino también en la Alianza Tripartita.

En los últimos días, los acontecimientos en Burkina Faso se han transformado vertiginosamente. A sólo unas semanas de celebrar elecciones presidenciales, el ala más reaccionaria del régimen, el Regimiento de Seguridad Presidencial (RSP), derrocó al gobierno de transición con un golpe de Estado. El supuesto período de transición que vivía el país ha quedado interrumpido y ha dejado al régimen sumido en un verdadero caos.

La reaparición de la violencia brutal contra los inmigrantes africanos, principalmente en algunas partes de Sudáfrica en la última semana, ha vuelto a destacar como centro de atención el empeoramiento de la situación que está desarrollándose en el país. Estos ataques reaccionarios van contra toda la esencia de la historia del movimiento obrero sudafricano, que nació principalmente de la necesidad de combatir este tipo de violencia y discriminación racista y xenófoba, para unir a todas las capas oprimidas de la sociedad bajo el paraguas de la solidaridad obrera.

El Regimiento de Protección Presidencial de Burkina Faso (RSP) llevó a cabo un golpe de Estado durante la noche del 16 de septiembre en la capital, Ouagadougou. Balai Citoyen, el grupo que llevó a la sublevación en octubre del año pasado contra el anterior presidente, ha llamado a la movilización de masas. Las próximas horas y días serán críticos. Ya hay informes de enfrentamientos en Plaza de la Revolución. La respuesta estratégica a la situación, es la movilización de los trabajadores y la juventud revolucionaria.

Las aguas no están todavía calmadas después de la tormenta con la que ha comenzado el curso parlamentario este año. Los sucesos del 12 de febrero y los días que siguieron han sumergido a Sudáfrica en un ciclón político que refleja en última instancia la crisis que sufre el sistema capitalista.