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Grandes cantidades de armas han sido vertidas a Ucrania desde Occidente tras la invasión rusa en febrero. Incluso de antemano, la OTAN y Estados Unidos proporcionaron al ejército ucraniano una cantidad considerable de armas y entrenamiento.

Hay algunos en la izquierda que argumentan que es el "deber" de los socialistas y sindicalistas apoyar a los imperialistas en proporcionar "ayuda letal", equipar a Ucrania en su "guerra de autodeterminación contra el imperialismo ruso". Algunos sofistas incluso arrastran a León Trotski a la discusión, tergiversando sus palabras fuera de contexto para justificar su colaboracionismo de clase.

Un artículo de John Reimann, quien escribe como "el Socialista de Oakland", reproducido en el sitio web Resistencia Anticapitalista, es un ejemplo de ello. Acusa a "muchos socialistas" de "repetir mecánicamente" la frase de Karl Liebknecht -que el principal enemigo está en casa- "al oponerse a que las naciones de la OTAN envíen armas a Ucrania". Si bien eso podría haber sido cierto en la Primera Guerra Mundial, dice, la situación es diferente ahora. "La derrota de la invasión de Putin será una ganancia para la clase obrera en Ucrania, en Rusia y en todo el mundo", escribe. “Esa derrota sólo puede ocurrir militarmente. Para ello, Ucrania necesita armas y la única fuente de esas armas son las naciones de la OTAN”.

En primer lugar, la frase de Liebknecht es 100 por ciento correcta en relación con Ucrania. El "socialista de Oakland" no dice nada en todo su artículo sobre el primer deber de los socialistas en los Estados Unidos: ¡luchar contra su propia clase dominante, la fuerza más reaccionaria de la Tierra! De hecho, Reimann dice que los socialistas deberían apoyar el fortalecimiento de la OTAN, lo que objetivamente significa fortalecer el imperialismo estadounidense, que también es la principal fuerza impulsora detrás del esfuerzo de guerra ucraniano. Así que una victoria para Ucrania también significaría una victoria para el imperialismo estadounidense, lo que no es en absoluto una ganancia para la clase obrera en Ucrania, Rusia o en cualquier otro lugar.

También señalamos que muchos de los llamados socialistas justifican bailar al tambor de guerra de los imperialistas repitiendo mecánicamente frases sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. De hecho, el apoyo a este derecho democrático siempre debe estar supeditado a los intereses más amplios de la clase obrera. Evidentemente, a estos no les sirve la guerra inter-imperialista que se está llevando a cabo en Ucrania, que aparte del derramamiento de sangre causado por los combates ha infligido miseria a miles de millones a través de la creciente inflación, los costos de los alimentos, las facturas de energía, etc.

Poniendo palabras en la boca de Trotski

El autor continúa citando un artículo de Trotski de 1938 titulado "Aprender a pensar", en el que señaló que 9 de cada 10 veces nos opondremos a lo que ‘nuestros’ capitalistas dicen o hacen, pero siempre puede haber esa décima vez. Tenemos que juzgar la situación en base a las condiciones reales”.

Esta es una paráfrasis. Lo que Trotski dice en realidad es: "En noventa de cien casos, los trabajadores colocan un signo negativo donde la burguesía coloca un signo positivo. En diez casos, sin embargo, se ven obligados a fijar el mismo signo que la burguesía", pero añade, los trabajadores lo hacen "con su propio sello, en el que se expresa su desconfianza de la burguesía" (énfasis nuestro).

En otras palabras, no llegamos a una posición correcta simplemente tomando la posición literalmente opuesta de la burguesía. Por ejemplo, los imperialistas ofrecen hoy un apoyo hipócrita al movimiento juvenil insurreccional en Irán, debido a su oposición al gobierno iraní. Esto no significa que los socialistas deban oponerse al movimiento; por el contrario, ofrecemos nuestra plena solidaridad y apoyo a la lucha contra el régimen reaccionario de los mulás. Sin embargo, lo hacemos desde nuestro propio punto de vista de clase. Rechazamos los intentos de la burguesía, apoyada por los imperialistas, de secuestrar el movimiento instalando al hijo del depuesto Sha como un "sucesor democrático", y proponemos un programa de lucha de clases revolucionaria por parte de los trabajadores y la juventud contra la República Islámica.

Esta postura de independencia de clase es la misma adoptada por Trotski en "Aprender a pensar":

"[E]l partido revolucionario debe orientarse cada vez independientemente en la situación interna y externa, llegando a las decisiones que mejor se correspondan con los intereses del proletariado" (énfasis original).

"Aprender a pensar" plantea el hipotético ejemplo de un levantamiento en la Argelia colonizada contra el imperialismo francés, en el que la Italia fascista opta por enviar armas a los rebeldes, para golpear a Francia. Reimann (que dice citar a Trotski) dice: “Los socialistas no solo deberían apoyar eso, sino que deberían ayudar activamente a enviar esas armas a Argelia. Hacerlo no tendría nada que ver con apoyar a Mussolini. Es similar a las naciones de la OTAN que envían armas a Ucrania” (énfasis nuestro).

Nos ocuparemos de esa comparación en un momento, pero primero veamos lo que Trotski dice en realidad. "Aprender a pensar" es una excelente demostración de la flexibilidad del método marxista. Trotski responde a los ultraizquierdistas que argumentan que la actitud de los comunistas hacia el imperialismo debe ser "la misma" en todos los países. Sobre el ejemplo de la Italia fascista enviando armas para ayudar a los rebeldes argelinos contra Francia, dice:

"¿Cuál debería ser la actitud de los trabajadores italianos en este caso?... ¿Deberían los trabajadores italianos impedir el envío de armas a los argelinos? Que cualquier ultraizquierdista se atreva a responder afirmativamente a esta pregunta. Todo revolucionario, junto con los trabajadores italianos y los argelinos rebeldes, rechazaría tal respuesta con indignación. Incluso si una huelga marítima general estallara en la Italia fascista al mismo tiempo, incluso en este caso los huelguistas deberían hacer una excepción a favor de aquellos barcos que transportan ayuda a los esclavos coloniales en rebelión...

"Al mismo tiempo, los trabajadores marítimos franceses, aunque no se enfrenten a ninguna huelga, se verían obligados a hacer todo lo posible para bloquear el envío de municiones destinadas a ser utilizadas contra los rebeldes. Solo tal política por parte de los trabajadores italianos y franceses constituye la política del internacionalismo revolucionario".

En primer lugar, queremos señalar que la decisión de no bloquear los envíos de armas no es lo mismo que pedir al propio gobierno reaccionario que envíe armas. Pero sin embargo, como explica Trotski, en tiempos de guerra no sólo es aceptable sino esencial que los internacionalistas exploten las diferencias entre los imperialistas a su favor, para el máximo beneficio de la clase obrera internacional.

Es muy revelador que Reimann omita el aspecto de clase del argumento de Trotski. Si estuviéramos hablando de una revolución obrera en Ucrania, que derrocara a los oligarcas, instalara un gobierno obrero y luego fuera atacada por el imperialismo ruso, podría ser que los imperialistas occidentales sopesaran la ventaja de apoyar al régimen obrero ucraniano para golpear a Rusia, aunque sospechamos que serían mucho más reacios. Nuestra posición en este caso sería muy diferente. Trotski ilustra este punto con otro escenario:

"Imaginemos que en la próxima guerra europea el proletariado belga conquista el poder antes que el proletariado de Francia. Sin duda Hitler tratará de aplastar a la Bélgica proletaria. Para encubrir su propio flanco, el gobierno burgués francés podría verse obligado a ayudar al gobierno obrero belga con armas. Los soviéticos belgas, por supuesto, recibirían estas armas con ambas manos. Pero movidos por el principio del derrotismo, ¿acaso los obreros franceses deberían bloquear a su burguesía para que no envíe armas a la Bélgica proletaria? Sólo los traidores directos o los perfectos idiotas pueden razonar así.

"La burguesía francesa podía enviar armas a la Bélgica proletaria sólo por temor al mayor peligro militar y sólo con la expectativa de aplastar más tarde la revolución proletaria con sus propias armas. Para los trabajadores franceses, por el contrario, la Bélgica proletaria es el principal apoyo en la lucha contra su propia burguesía. El resultado de la lucha se decidiría, en última instancia, por la relación de fuerzas, en la que las políticas correctas entran como un factor muy importante. La primera tarea del partido revolucionario es utilizar la contradicción entre dos países imperialistas, Francia y Alemania, para salvar a la Bélgica proletaria".

La diferencia es muy importante. Lo que está sucediendo en Ucrania no es un levantamiento revolucionario de una colonia oprimida ni un caso de autodefensa de un régimen proletario.Ucrania está encabezada por un gobierno burgués reaccionario, que ha prohibido los partidos socialistas, ataca a los sindicatos, oprime a la minoría de habla rusa, ha incorporado milicias de extrema derecha a su guardia nacional y ha librado una guerra civil brutal contra su propio pueblo durante años. El nacionalismo ucraniano que apuntaló el Euromaidán en 2014 celebra abiertamente el legado de colaboradores nazis como Stepan Bandera, y esto hoy impregna el régimen.

La naturaleza reaccionaria del gobierno no es en sí misma suficiente para obviar el apoyo a Ucrania contra Rusia. Por ejemplo, Trotski despreció al ILP (N. del T.: Partido Laborista Independiente) pacifista que describió la guerra ítalo-etíope como un conflicto entre "dos dictadores rivales". Él dijo: "Si triunfa Mussolini significaría el fortalecimiento del fascismo y del imperialismo, y la desmoralización de los pueblos coloniales de Africa y del mundo. En cambio, la victoria del Negus significaría un golpe tremendo, no sólo para el imperialismo italiano, sino también para el imperialismo en su conjunto, y daría un poderoso ímpetu a las fuerzas rebeldes de los pueblos oprimidos". En resumen, una victoria etíope, a pesar de su régimen reaccionario, habría sido un impulso progresivo a las luchas de todos los pueblos oprimidos, habría socavado el fascismo y el imperialismo y, por lo tanto, habría beneficiado a la revolución mundial.

Así que la pregunta es, ¿cuál sería el resultado de una victoria ucraniana en esta guerra? ¿Los intereses de qué clase se servirían principalmente? La política interior y exterior de Ucrania está totalmente dictada por el imperialismo occidental y, en particular, estadounidense. A los imperialistas no les importa la autodeterminación de Ucrania: se guían por sus propios intereses. No es casualidad que no hayamos visto el mismo entusiasmo de los imperialistas para ayudar a los palestinos a resistir la violencia del estado israelí, por ejemplo. Con el reconocimiento de nada menos que el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, el objetivo del imperialismo estadounidense es hacer el mayor daño posible a Rusia arrastrando este conflicto. El ejército ucraniano está repleto de armas enviadas por los Estados Unidos y sus aliados. Depende en gran medida de la inteligencia y la ayuda occidentales.

Aquí estamos tratando claramente sobre una Guerra de poder entre la OTAN (liderada por los EE. UU.) y Rusia, en la cual se espera que los ucranianos luchen y mueran por Occidente. Como se dijo: si Ucrania sale victoriosa, el resultado será el fortalecimiento del imperialismo estadounidense, la fuerza más reaccionaria del planeta.

La herida abierta del chauvinismo nacional, desgarrada más ampliamente por esta guerra, se agravaría aún más, con un régimen nacionalista victorioso en el poder, armado y apoyado por Occidente, que oprimirá a la minoría de habla rusa con aún más crueldad, además de continuar reprimiendo a la clase obrera y sus organizaciones. Si Rusia gana, fortalecerá las ambiciones imperialistas de Putin y reforzará su reaccionario régimen oligárquico interno. Y en cualquier resultado, el odio chauvinista entre ucranianos y rusos alcanzará nuevas alturas.

Esta es una guerra reaccionaria en ambos lados, y cualquier posición que no sea apoyar la lucha independiente de los trabajadores contra sus clases dominantes belicistas en todos los países simplemente termina en chauvinismo nacional de un tipo u otro. Vemos un ejemplo positivo en los trabajadores ferroviarios en Grecia, que en abril se declararon en huelga para impedir la transferencia de equipos militares de la OTAN a Polonia, destinados a Ucrania. Los 12 sindicatos involucrados dijeron lo siguiente en un comunicado:

No debe haber participación de nuestro país en la guerra de Ucrania, que se libra en beneficio de unos pocos, a expensas de la mayoría. Específicamente, exigimos que no se utilice el material rodante ferroviario de nuestro país para la transferencia de cualquier arsenal de los Estados Unidos y la OTAN a los países vecinos”.

 Esta es la posición correcta, y muestra la capacidad de la clase obrera para oponerse al imperialismo a través de su propia fuerza y acción independientes.

El chovinismo social frente al internacionalismo

Trotski continúa explicando que, al permitir que su gobierno fascista envíe armas a Argelia, los trabajadores italianos "llamarían a los argelinos a no confiar en su traicionero ‘aliado‘ y al mismo tiempo continuarían su propia lucha irreconciliable contra el fascismo, ‘el principal enemigo en su propio país’". Las "izquierdas" oportunistas que respaldan los envíos de armas a Ucrania han abandonado esencialmente el primer deber de luchar contra su propia clase dominante. Y ninguno de ellos enfatiza el punto de Trotski de que los imperialistas solo están usando a Ucrania como un peón en sus juegos. Tan pronto como su apoyo deje de ser conveniente, se retirarán la ayuda y los envíos de armas. Tal es el destino de todas las naciones pequeñas bajo el capitalismo.

Basta con mirar a los kurdos, que fueron apoyados por el imperialismo estadounidense para luchar contra el ISIS, antes de ser abandonados a las tiernas misericordias de Erdogan. Este año, la clase dominante de Suecia acordó entregar a los activistas kurdos a las autoridades turcas a cambio de que Erdogan levantara su veto contra Suecia y fuera aceptada en la OTAN.

El artículo de Resistencia Anticapitalista despoja el contenido de clase de "Aprende a pensar", lo que permite al autor sacar una foto negativa de sus conclusiones. Pasado a través de su escurridor confuso, lo que emerge es algo más cercano al oportunismo traicionero de los líderes de la Segunda Internacional en la víspera de la Primera Guerra Mundial, que se alinearon detrás de sus respectivas clases dominantes, y se unieron a la histeria de guerra, con la hoja de parra de defender a la "pobrecita Bélgica" o la "pobrecita Serbia".

Algunos oportunistas van más allá que otros, y pocos han ido más allá que Paul Mason: antiguo periodista "marxista", que ahora tiene planes de convertirse en diputado laborista. Hemos escrito antes sobre el apoyo total de Mason al imperialismo occidental, el aumento del gasto en defensa y la expansión de la OTAN, todo en nombre de la defensa de la "democracia" contra el "fascismo" ruso. No nos repetiremos aquí. Pero sobre la cuestión de las armas, es ilustrativo que Mason afirme basarse en la experiencia de la Revolución Española.

En un artículo para New Statesman, titulado "La izquierda debe liderar la causa para un mayor gasto en defensa", Mason recuerda a los voluntarios internacionales británicos que lucharon en el lado republicano, que fueron masacrados en la batalla de Jarama por las tropas de Franco, después de que el gobierno británico les negara la ayuda militar. Deseoso de evitar los pecados del pasado, pide a un futuro gobierno laborista que se comprometa a "invertir más rápido, mayor número de tropas [y] más dinero" para impulsar las fuerzas armadas británicas y "defender la democracia" de manera más efectiva.

Lo que no menciona es por qué el gobierno británico estaba comprometido con esta política vergonzosa en España. Es decir, los imperialistas no estaban dispuestos a permitir que sus armas terminaran en manos de los batallones comunistas, anarquistas y campesinos radicales que eran los principales combatientes contra Franco. A diferencia del caso de armar a Ucrania hoy, cuyo gobierno los imperialistas ven como un títere confiable, las principales potencias capitalistas en la década de 1930 no tenían intención de fortalecer los cuerpos armados de los trabajadores y campesinos. Como explica Felix Morrow: "Las llamadas democracias de Gran Bretaña y Francia hicieron todo lo posible para ayudar a Franco, mientras se disfrazaban bajo la bandera hipócrita de la no intervención".

En comparación, a los imperialistas de hoy les preocupa mucho menos que sus armas terminen en manos de cuerpos fascistas y de extrema derecha como el Batallón Azov. Así como estaban contentos de poner armas a disposición de los muyahidines reaccionarios en la guerra soviético-afgana, aunque esto se volvió en su contra en el futuro. Mason ha abandonado totalmente cualquier apariencia de una posición de clase. Exige armas para Ucrania del estado británico, y aboga abiertamente por que el gobierno invierta más en armas, durante una crisis del costo de vida donde la gente común está luchando por alimentarse y calentar sus hogares.

Es vergonzoso que esta posición haya sido adoptada por un estrecho margen por el reciente congreso del TUC (N. del T.: Congreso de Sindicatos) en Gran Bretaña, después de que el sindicato GMB presentara una moción en la que pedía al gobierno que invirtiera más en gastos de defensa. Morning Star, el periódico del Partido Comunista de Gran Bretaña, publicó un artículo del secretario de GMB, Gary Smith, pidiendo al movimiento obrero británico que respalde "la provisión de ayuda humanitaria y material militar necesario para la defensa y reconstrucción de una nación soberana que ha sido invadida por un vecino más grande".

Steve Turner, ex candidato de "izquierda" para Secretario General del sindicato Unite, declaró en el congreso que si bien "comparte preocupaciones genuinas sobre los regímenes agresivos en todo el mundo", respaldó la moción porque "necesitamos las herramientas para defender a Gran Bretaña". La principal amenaza que enfrenta la clase obrera británica no proviene de Putin, sino del gobierno reaccionario de Rishi Sunak, que está preparando una serie de medidas de austeridad brutales que arruinarán las vidas de millones de personas que ya están sufriendo. La primera línea de defensa de los sindicatos debería ser en forma de huelgas en casa, para evitar este ataque.

Algunas de las llamadas "izquierdas" han planteado el punto de que los ucranianos, enfrentados a la muerte y la destrucción a manos del imperialismo ruso, tienen derecho a aceptar armas de quienquiera que las ofrezca. Esta es la posición de la Alianza para la Libertad de los Trabajadores en Gran Bretaña, por ejemplo, que aprobó una moción en su conferencia diciendo: "Ucrania tiene el derecho a la autodeterminación y el derecho a defenderse. Ucrania tiene derecho a pedir apoyo político y militar a otros Estados. Exigimos que Occidente dé armas que permitan a Ucrania defenderse” (énfasis nuestro).

En abstracto, los ucranianos comunes y corrientes que enfrentan la agresión militar rusa tienen derecho a tomar armas de quien quieran, pero hasta ahora, los imperialistas no han requerido ningún estímulo de la izquierda y el movimiento obrero para enviarlas. Esto significa que la única consecuencia de que los socialistas alienten a su clase dominante a enviar armas es sumar sus voces al coro de histeria belicista. Además, la mayor parte de los combates en Ucrania no los llevan a cabo voluntarios ordinarios, sino las fuerzas armadas oficiales, cuyo liderazgo tiene un carácter extremadamente reaccionario.

A principios de este año, escribimos lo siguiente sobre la cuestión nacional ucraniana:

Bajo el gobierno de los ‘patriotas’, es Joe Biden quien decide quién va a estar en el gobierno, es el FMI quien decide las políticas económicas… Si usted ve toda la situación desde el punto de vista del nacionalismo ucraniano contra el imperialismo ruso, no puede entender nada. Peor que eso, usted es incapaz de plantear un programa basado en la clase".

Hoy reafirmamos estas palabras. Aquellos llamados "izquierdistas" que se alinean con sus imperialistas para exigir más armas para Ucrania han abandonado el análisis de clase elemental en favor del nacionalismo reaccionario, vestidos con tópicos liberales sobre la defensa de la "democracia". De una manera u otra, sólo la lucha independiente de la clase obrera es capaz de poner fin a la pesadilla de la guerra, el chauvinismo nacional y la miseria económica en Ucrania, Rusia y en todo el mundo.

Nuestros belicistas socialistas no tienen fe en la clase obrera como una fuerza revolucionaria capaz de poner fin a este desastre y derrocar al capitalismo. A medida que caen en el pesimismo y la colaboración de clases, les pedimos amablemente que se abstengan de poner sus palabras equívocas en la boca de Trotski.

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