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El capitalismo es incapaz de ofrecer una existencia decente y digna a los trabajadores y a los pobres, pero proporciona un lujo inimaginable a la élite. Mientras miles de millones luchan por encontrar lo suficiente para comer, los multimillonarios cenan como la realeza. Las necesidades de la vida son cada vez más inalcanzables, pero los gobiernos capitalistas invierten miles de millones en instrumentos de muerte. Citando a Marx, ésta es la economía del manicomio.

En las últimas semanas, hemos descrito cómo el aumento de la inflación, las brutales facturas de la energía y el agravamiento de la crisis de la vivienda están afectando a la clase trabajadora en un país tras otro. Sin embargo, los ricos, que no se preocupan por unas cuantas monedas extras gastadas aquí y allá en comida y gas, han celebrado el fin de las restricciones pandémicas con un poco de terapia de compras.

Los que más gastan

Según su comportamiento actual, se espera que el mercado mundial de artículos de lujo pase de 349.100 millones de dólares en 2022 a 419.000 millones en 2027. Por ejemplo, los megarricos están alimentando un mercado en auge en la aviación privada. Según Darren Banham, director ejecutivo de Discovery Jets: "Llevo 10 años en el mercado de los jets privados, y 22 en el de la aviación comercial, y nunca he visto el negocio de los jets privados como ahora".

Famosos como Drake, Taylor Swift y Kylie Jenner han sido criticados últimamente por tomar regularmente vuelos que duran tan solo 20 minutos y emiten enormes cantidades de carbono a la atmósfera, mientras que los simples mortales apenas pueden permitirse llenar sus coches de combustible. Estos viajeros de alto nivel disfrutan de comodidades como transporte terrestre gratuito, zapatillas de lujo, pasta de dientes cara e incluso aviones separados para sus mascotas. NetJets y XO, empresas que venden aviones privados a partir de 240.000 dólares al año, dicen que pueden acoger a cerdos, gatos, pájaros y lagartos.

Y los que más gastan no se limitan a los países capitalistas avanzados. La India fue golpeada por la pandemia, y es responsable del 33% de las personas que se han sumido en la pobreza extrema en todo el mundo en los últimos dos años. Pero al mismo tiempo, como informa Business Today:

"Los indios ricos están de juerga. Lo que comenzó el año pasado como un gasto por revancha –cuando la pandemia se controló gradualmente y se levantaron los confinamientos– se ha convertido ahora en una fuerte tendencia en la que los indios derrochan en residencias enormes, vacaciones lujosas, joyas, relojes, cenas selectas y mucho más".

El número de los denominados "individuos de alto poder adquisitivo" en la India (con fortunas que superan los 30.000 millones de dólares) se ha disparado un 11% entre 2020 y 2021, y se espera que crezca un 39% para 2026. Sus gustos suntuosos han ayudado a marcas como Vuitton, Hennessy y Moet & Chandon a acumular beneficios por valor de 8.600 millones de libras en el mercado indio en el primer semestre de 2022, un 34% más que en el mismo periodo del año anterior. Mientras los ricos derrochan en coches deportivos y beben champán, la situación de la gran mayoría de los trabajadores y de los pobres se deteriora rápidamente.

Dolor de hambre

La guerra en Ucrania tuvo un impacto inmediato en el mercado mundial de alimentos. La subida de los precios de los alimentos contribuyó a empujar a más de 70 millones de personas a la pobreza alimentaria en los últimos 12 meses. En África (que antes se abastecía del 44% del trigo de Rusia y Ucrania), 278 millones de personas –una quinta parte de la población total– pasaron hambre en 2021, un aumento de 50 millones de personas desde 2019. Se prevé que el total aumente a 310 millones en 2030.

Pero mientras las multitudes se mueren de hambre, una minoría parasitaria cosecha una bonanza. Según un informe de IPES Food, la especulación con los futuros de los alimentos supuso un aumento "obsceno" de 4.000 millones de libras esterlinas en los ingresos comerciales de los cinco principales bancos de inversión del mundo tras la invasión de Rusia en febrero, lo que agravó el aumento del hambre en el mundo al contribuir a elevar aún más el coste de los alimentos. Los ricos están robando literalmente el pan de la boca a los pobres.

Incluso en los países capitalistas avanzados, el impacto de la inflación alimentaria es agudo y desigual. Los hogares ricos no notan realmente el encarecimiento de los alimentos básicos, como el pan y la pasta, pero la diferencia es grande para las familias pobres y de clase trabajadora.

Según un estudio reciente, los estadounidenses creen, por término medio, que el coste de los alimentos ha subido en torno al 23%, es decir, casi 10 puntos más que la cifra real de inflación. En el mismo estudio, el 64% de los consumidores dijo tener dificultades para cubrir gastos imprevistos, el 31% se ha saltado comidas o ha reducido el tamaño de las mismas, y el 18% dice no haber comido lo suficiente en los últimos 12 meses.

En Gran Bretaña, millones de personas se están acostumbrando a elegir entre calentarse o comer. El coste de la energía está por las nubes, y la inflación de los alimentos alcanzó un récord del 13,9% en septiembre, con lo que el hogar medio se enfrenta a un aumento de 643 libras en su cuenta anual de alimentos. Algunas personas optan por hervir la comida en lugar de freírla, y apagar sus heladeras y congeladores para mantener los costes bajos.

Otros simplemente se quedan sin comer. Los niveles de hambre se han duplicado con creces desde principios de año, con 10 millones de adultos y 4 millones de niños que no pudieron comer regularmente durante el mes de septiembre. Un informe de los sindicatos británicos revela que 1 de cada 7 británicos se salta las comidas. Victoria, una madre soltera con bajos ingresos entrevistada por The Guardian, explicó cómo renuncia a las oportunidades de comer para asegurarse de que sus hijos no pasen hambre:

"La mayoría de la gente no sabe lo que es el hambre. Piensan: 'Oh, es fácil no tener una que otra comida'. No conocen la sensación de vacío en la barriga, los dolores en las articulaciones, la niebla mental, la sensación de que la frente va a implosionar. Cuanta más hambre tienes, más piensas en ello. Hay veces que haría cualquier cosa cualquier cosa– por una comida".

Hay informes de organizaciones benéficas en Londres que tienen que recargar las tarjetas de viaje de la gente para que puedan permitirse visitar los bancos de alimentos. En un concurrido banco de alimentos del sur de Londres, el número de visitas pasó de 530 adultos con 183 personas a cargo en agosto del año pasado, a 843 adultos con 372 personas a cargo este agosto. Un reciente vídeo viral mostraba a una vendedora de Manchester rompiendo a llorar tras admitir que se ve obligada a rechazar a los niños a la hora del almuerzo porque sus padres no han podido pagar sus comidas:

"Justo antes de las vacaciones de verano, cuando la crisis del coste de la vida empezó a despuntar, me di cuenta de que pasaba tanto tiempo quitando comida a los niños como sirviéndola", dijo.

"Te miran como 'bueno, ¿qué voy a comer?'... "No puedo darte nada, lo siento". "Está llegando a un punto en el que no creo que pueda seguir haciendo este trabajo", añadió. "No acepté el trabajo para matar de hambre a los niños".

Tal vez le sirva de consuelo saber que un poco de hambre podría ser bueno para ellos. Al menos, según el periódico derechista Telegraph. Un reciente artículo sobre el estilo de vida, con el titular "Por qué todos nos beneficiaríamos de sentir alguna que otra punzada de hambre", presenta nuevas e interesantes investigaciones que demuestran los numerosos beneficios para la salud de "dar a nuestros cuerpos un descanso de la comida". Los portavoces de la clase dirigente británica han superado oficialmente a María Antonieta, declarando: "que no coman nada".

Al parecer, los políticos británicos no tienen en cuenta los consejos de salud del Telegraph, que el año pasado tiraron 2,6 millones de cenas, después de que los contribuyentes desembolsaran 17 millones de libras para subvencionar los bares y restaurantes de la Cámara de los Comunes. El menú de los diputados en el parlamento, generosamente subvencionado por el erario público, incluye platos tan suntuosos como panceta de cerdo de doble cocción y paleta estofada, risole de pasas doradas, apio y dauphinoise de Colston Bassett, col de Milán, gel de pera de conferencia y salsa de calvados. La gestión de los asuntos del capitalismo debe abrir el apetito.

Austeridad 2.0

Algunos de los burgueses más previsores reconocen el peligro de la creciente desigualdad en la sociedad británica. Un artículo reciente del Financial Times ofrece una dura advertencia al gobierno:

"Llega un punto en el que empobrecer a los pobres se convierte en una falsa economía, y creo que lo hemos alcanzado... Aproximadamente tres cuartas partes de las prestaciones en edad de trabajar se gastan en una de las tres formas siguientes: complementos de ingresos para los trabajadores con bajos ingresos; prestaciones de vivienda para ayudar a la gente a pagar el alquiler; y prestaciones por discapacidad, enfermedad e incapacidad para las personas que no están bien. En otras palabras, el tamaño de la factura de la asistencia social es la consecuencia de los arraigados problemas de Gran Bretaña con los bajos salarios, los altos costes de la vivienda y la mala salud".

Y cuando se trata de que la gente, literalmente, no puede permitirse lo básico, dada la alta inflación y el estancamiento de los salarios, el presidente del Partido Tory, Jake Berry, tiene el siguiente y útil consejo: "La gente sabe que, cuando reciba sus facturas, puede reducir su consumo o conseguir sueldos más altos, y salir a buscar ese nuevo trabajo". ¡Claro! ¿Por qué no se nos ocurrió?

Un informe reciente reveló que 330.000 muertes en Gran Bretaña pueden atribuirse directamente a las políticas de austeridad, con personas que mueren prematuramente por mala salud, mala nutrición y vivienda, y aislamiento social. Ahora, otra ronda de austeridad se precipita hacia nosotros, dispuesta a causar más estragos en la vida de los trabajadores y los pobres.

Actualmente existe un agujero de 70.000 millones de libras en las finanzas públicas, que tendrá que llenarse, ya sea mediante el aumento de los impuestos (lo que hará que las empresas trasladen las pérdidas al público mediante el aumento de los precios), el recorte de los servicios públicos, o (lo más probable) ambas cosas.

La gente no puede aguantar mucho. Los trabajadores ya se están preparando para la batalla, con una ola de huelgas en marcha contra los ataques a los salarios y al nivel de vida. La profunda crisis del capitalismo, combinada con la dirección política más incompetente que se recuerda, está preparando una avalancha de lucha de clases. Que los peces gordos presten atención.

La guerra: terriblemente rentable

Mientras el capitalismo fracasa en proporcionar a las personas los medios para mantener sus vidas, invierte miles de millones en una variedad de medios para acabar con ellas, todo en nombre de la defensa de la "democracia" contra la "agresión rusa". Estados Unidos ha proporcionado más de 15.000 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania desde principios de año, mientras que los países de la UE han comprometido colectivamente más de 200.000 millones de euros en gastos adicionales de defensa. Todo este dinero no se destinará a escuelas, hospitales y viviendas, sino que irá a parar a los bolsillos de los fabricantes de armas.

Todas las grandes empresas de defensa han visto subir el precio de sus acciones desde la invasión rusa de Ucrania, un 35% para Thales, un 32% para BAE Systems, un 14% para Lockheed Martin y un 63% para AeroVironment. Lockheed Martin ha enviado hasta ahora 16 de sus sistemas de cohetes de artillería de alta movilidad M142 (HIMAR) a Ucrania, con un coste de 3,8 millones de dólares por plataforma de lanzamiento y unos 100.000 dólares por cohete. Rheinmetall, fabricante alemán de tanques y artillería, espera que sus ventas crezcan hasta un 25 por ciento en 2022 y 2023. Y el gobierno alemán ha dicho que comprará 35 aviones de combate F-35, también fabricados por Lockheed Martin, con un coste estimado de vida útil de 1,6 billones de dólares.

Estos mercaderes de la muerte suelen tener línea directa con los gobiernos. Por ejemplo, una reciente investigación de openDemocracy ha revelado que 50 empleados remunerados de empresas armamentísticas mundiales trabajan en el Ministerio de Defensa del Reino Unido, incluidos nueve empleados en comisión de servicio de larga duración del mayor fabricante de armas británico, BAE. Esta empresa ha vendido armas por valor de 15.000 millones de libras a Arabia Saudí desde el inicio de su brutal guerra contra Yemen. Menudo armamento para las fuerzas de la democracia.

El capitalismo: ¿condenado a morir?

Antes de convertirse en un renegado, Karl Kautsky escribió sobre cómo, en los últimos días de la República Romana, la clase dirigente propietaria de esclavos se entregaba a exhibiciones de riqueza cada vez más escandalosas, incluso cuando la pobreza se extendía a su alrededor, sin darse cuenta de que estaban acelerando su propio destino:

"Riquezas colosales llegaban a Roma con el único fin de aumentar el placer; los ricos amantes del placer iban de fiesta en fiesta, arrojando sus excedentes de riqueza a mansalva, ya que por sí mismos eran incapaces de gastarlo todo. Muchos artistas y hombres de ciencia recibían importantes sumas de los ricos, como Cayo Mecenas; surgieron enormes edificios, cuyo tremendo tamaño y equilibrio artístico aún admiramos; el mundo todo parecía sudar riqueza por todos los poros... y, sin embargo, esta sociedad ya estaba condenada a la muerte."

Hoy, el capitalismo se encuentra en la misma situación. Nos enfrentamos a una situación contradictoria en la que la cantidad de riqueza creada nunca ha sido mayor, pero más personas que nunca luchan por sobrevivir. Los ricos acaparan grandes fortunas mientras las masas soportan penurias extremas, y esta visible desigualdad está despertando un océano de ira y resentimiento al rojo vivo.

Mientras tanto, los representantes de la clase dominante nunca han sido tan venales, corruptos y estúpidos como ahora. Están totalmente alejados de la vida de la gente corriente; ciegos y sordos a su miseria, alimentando las llamas de la ira al hacer alarde de su riqueza mientras dicen a los pobres que hagan sacrificios por el "bien mayor". Y los capitalistas más inteligentes sólo pueden desesperarse mientras los pilares de la sociedad se desmoronan a su alrededor. No pueden hacer nada, porque el propio sistema está en un estado de decadencia irreversible.

Rosa Luxemburgo explicó que la humanidad sólo dispone de dos caminos: el socialismo o la barbarie. A medida que el abismo se ensancha entre ellos y nosotros, la batalla para determinar qué curso tomaremos corresponde a la clase obrera, que debe luchar para derribar este sistema senil y construir una sociedad socialista, antes de que sea demasiado tarde.

Sólo las ideas revolucionarias del marxismo son capaces de ofrecer un camino a seguir. Te invitamos a unirte a nosotros en esta lucha: no hay causa más grande.

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