La desconectada élite se reunió en Davos la pasada semana en su exclusiva juerga anual. Pero el ambiente entre los súper ricos y sus representantes es sombrío y pesimista, con su orden mundial liberal amenazado en todos los frentes.

Los temas de la reunión de este año del Foro Económico Mundial en los Alpes suizos muestran las ansiedades que asolan a la clase dominante. Los temas oficiales del evento del establishment incluyeron asuntos como: "economías más justas"; "cómo salvar el planeta"; "tecnología para el bien"; "el futuro del trabajo"; y "más allá de la geopolítica".

Despojándolos del eufemismo, esto se traduce en términos sencillos como: potenciales explosiones sociales por la desigualdad; crisis climática; dominio prepotente de los monopolios tecnológicos del Gran Hermano; contradicciones de la automatización bajo el capitalismo; y el choque entre imperialismos rivales y ruptura del statu quo.

En la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, los ricos y poderosos se reunieron para discutir una estrategia para la defensa de su sistema. En el pasado, el estado de ánimo de esta reunión solía ser de confianza y determinación. Este año, sin embargo, apestaba a desesperación. La clase dominante ha pasado de cantar victoria a mirar hacia el abismo en el espacio de tan sólo 25 años.

Poco más de 25 años después de su fundación, la Unión Europea parece que podría desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. En todos los países donde se mire, los partidos principales se ven sometidos a una enorme presión debido al aumento de la lucha de clases como resultado de 10 años de crisis. El resultado es que, un país tras otro, la clase dominante ya no puede gobernar a la antigua usanza

Las expectativas en la reciente reunión del G7 no eran altas, pero el resultado fue incluso peor de lo esperado. Por primera vez, el G7 terminó sin una declaración conjunta, y con Trump arremetiendo contra Canadá y la UE. La cumbre en Corea del Norte, por otro lado, terminó con todas las sonrisas y una declaración conjunta que prometía paz, desnuclearización y seguridad.

Hace tres semanas, Trump anunció aranceles por $200 mil millones de dólares a las importaciones desde China. El anuncio fue recibido con protestas de parte de los chinos, así como por grandes empresas en los Estados Unidos. China respondió con aranceles sobre otros $60 mil millones de importaciones desde los Estados Unidos. Esta guerra comercial revela las fricciones que se han estado desarrollando durante algún tiempo entre las potencias imperialistas y amenaza con hundir al mundo en una nueva recesión.

El jueves 31 de mayo venció la fecha para llegar a un acuerdo comercial de Trump con Canadá, Japón, México y la UE. Trump anunció su decisión de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio provenientes de estos países. Así, Trump pretende dar marcha atrás a la globalización. El sábado se celebró una reunión de los ministros de finanzas del G-7, quienes, a excepción del ministro estadounidense, expresaron su "preocupación y desilusión unánimes" por la decisión de Estados Unidos.