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Este artículo de nuestro corresponsal en Medio Oriente fue escrito sólo unas horas antes de anunciarse la huida del expresidente tunecino Ben Alí del país. No obstante, el artículo mantiene toda su actualidad porque traza un cuadro vigoroso de los acontecimientos revolucionarios ocurridos entre los días de ayer y hoy, y anticipa la caída de Ben Alí y de su camarilla, así como los intentos frenéticos por formar un gobierno de “unidad nacional” que intente robarle a las masas los frutos de su victoria revolucionaria. VIENEN VIDEOS INCLUIDOS

  plus-peur-83ea8El miedo ha cambiado de lado en Túnez. Durante años la población tunecina, su juventud, sus trabajadores, y sus madres estuvieron paralizados por el miedo a la represión. El letargo político era la norma, la revuelta la excepción. Ahora las cosas se han puesto patas arriba.

El sábado 8 de enero un compañero del Frente Nacional de Resistencia Popular en Honduras fue secuestrado y hasta ahora está desaparecido. Este suceso se desarrolla en el marco de lucha que hay en este país Centroamericano contra la dictadura de Porfirio Lobo en la cual han perdido la vida más de 160 compañeros revolucionarios.

En la coyuntura de una crisis económica de dimensiones internacionales, el 2010 prometió desde el principio ser un año difícil para Colombia. Una de las pocas noticias positivas que recibimos fue la inexequibilidad del referendo reeleccionista que buscaba un tercer período de gobierno para Álvaro Uribe Vélez. Ese 26 de febrero sentimos el alivio de saber fuera del solio de Bolívar a un personaje nefando para la historia de Colombia. No fue simplemente el resultado de una eficiente democracia burguesa, ni siquiera de la sapiencia de las altas cortes1; más bien una maniobra necesaria para la oligarquía colombiana que contó con el apoyo, a veces inconsciente, de diferentes sectores del proletariado afectados por el régimen uribista.

Entramos en la peor crisis del capitalismo desde la Gran Depresión de la década de 1930. Muchos trabajadores se imaginan, probablemente, que la tormenta pasará y que la situación mejorará con el tiempo. Se equivocan. En los meses y años venideros, las consecuencias de la crisis se dejarán sentir en toda su gravedad. El cambio que se produjo en la economía mundial no es en absoluto una turbulencia transitoria. Constituye un punto de ruptura fundamental, cuyas consecuencias para los trabajadores, para los jóvenes, para la masa de la población, son colosales. Como comunistas, tenemos que sacar todas las conclusiones políticas que esto implica.