Movimiento Obrero
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La crisis económica ha destruido Fagor Electrodomésticos, la cooperativa industrial  más antigua del Grupo Mondragón, mandando al paro a miles de trabajadores.

Los trabajadores de las cooperativas del grupo Fagor Electrodomésticos, con cinco plantas en Euskadi y 2000 empleos, han salido a la calle a manifestarse en defensa de sus puestos de trabajo. Lo han hecho en Arrasate-Mondragón, sede de la central, y en los pueblos limítrofes del alto Deba, donde están situadas 4 plantas. También se han manifestado en Basauri, que alberga la quinta planta del grupo en Euskadi. Esta movilización social de los trabajadores de la cooperativa rompe un periodo de paz social desde que se creó Fagor en el año 1956.

El malestar y la indignación han ido subiendo de tono entre los trabajadores de la cooperativa, que ven cómo se rompe la solidaridad del resto del grupo Mondragón, lo que ha provocado el cierre de 12 de las 13 factorías del grupo Fagor Electrodomésticos en el mundo.

El futuro, que supuestamente estaba garantizado, y así había sido para generaciones de cooperativistas desde los años 50 en un grupo  en permanente expansión, se ha volatilizado para los trabajadores.

Así se manifiesta Andoni, un cooperativista que dice: “después de 51 años vinculado a Fagor me encuentro con este fregado, mi hija en la calle y 100.000 euros entre mi mujer y yo en aportaciones voluntarias que no se si recuperaré. Creía que estaban mejor que en el banco, y mira. Confiamos en la dirección pero, o no han tenido capacidad o nos han engañado. Antes del verano nos bajaron el sueldo, comenzamos a cobrar el 80%, luego nos quitaron las pagas extras, y ahora esto. Ha sido un engaño, que nos digan dónde está el dinero que han metido las otras cooperativas en Fagor y las aportaciones que han hecho los jubilados”.

Tradicionalmente, muchos cooperativistas, familiares, jubilados de la cooperativa, etc. han invertido sus ahorros en la cooperativa, con aportaciones de capital que ahora se han volatilizado, consumidas por la enorme deuda. Los expertos calculan que hay unos 120 millones de euros repartidos, desde pequeñas cantidades de 18.000€ a importantes cantidades de más de 300.000€.

“Cómo hemos llegado a esto?, se pregunta Juli en la manifestación. Mis tres hijos están afectados, toda la vida dedicándonos a esta empresa, mi marido ha estado 41 años, teníamos nuestros ahorros y ahora estamos en la puñetera calle”.

Marisol y Laura recuerdan cómo compraron su puesto de trabajo para lo que aportaron en su día 12.000€, y ahora nos llevamos las deudas. Laura cuenta cómo su padre, que trabajaba en las instalaciones de Basauri, ha perdido 90.000€ en varias aportaciones. “Sólo faltaría que me quitasen mi casa”.

Estas angustiosas y vivas acusaciones de los cooperativistas ponen de manifiesto el papel real que han jugado los trabajadores en la cooperativa, la falta de información, el oscurantismo en la gestión por parte de la dirección, en contraste con la esencia participativa de una cooperativa por ser una propiedad de los socios. Demuestra que no ha habido transparencia en la gestión por parte de la dirección, ni la posibilidad de los socios de participar, como actores principales que son, en la cooperativa.

El efecto del cierre de estas factorías está teniendo gravísimas consecuencias, en primer lugar para los trabajadores cuya recolocación es muy difícil, y también sobre la comarca, especialmente Arrasate, que literalmente vive de la cooperativa. “Ahora estamos como un boxeador grogui que no sabe lo que se le viene encima, pero el futuro es negro”, manifestaba un vecino. La onda expansiva destructiva va a llegar a los centenares de talleres, proveedores de suministros, transporte, comercio, etc., que dada la magnitud de Fagor, trabajaban para ellos.

¿Qué ha pasado?

La cooperativa Fagor Electrodomésticos cuenta con una plantilla de 5.600 trabajadores, distribuida en 13 fábricas en todo el mundo. De ellas, 5 están en Euskadi con 2000 trabajadores, de los que 1800 son cooperativistas. Representan menos del 10% del grupo M.C.C. (Mondragón Corporación Cooperativa), tanto en plantilla como en ventas. Es el quinto fabricante europeo de electrodomésticos, con una cuota de mercado en España del 16%. La drástica caída del consumo provocado por la crisis en todo el mundo, las reducciones salariales, agravado por los 6 millones de parados en este país, la feroz competencia de productos de bajo coste y la explosión de la burbuja inmobiliaria que supuso pasar de alrededor de 800.000 viviendas construidas en 2008 a las 100.000 actuales, han provocado unas caídas de la facturación del 37% en el periodo de 2007-2012. Eso unido a una expansión ruinosa dos años antes de la crisis, ha hecho que Fagor esté en números rojos desde 2009. La deuda de la cooperativa es de 1.000 millones de euros.

Los llamamientos de auxilio al resto de las cooperativas, que antes del verano aportaron 70 millones de euros, el préstamo de 50 millones avalado por el Gobierno Vasco, los recortes sustanciales de la plantilla en la cooperativa -ha pasado de tener 9.861 trabajadores en 2008 a 5.673 en 2012-, las reducciones salariales y la supresión de las pagas extraordinarias de los trabajadores, han sido estériles. Ante el último llamamiento a la corporación M.C.C. en demanda de 50 millones de euros, la respuesta ha sido: “El proyecto estratégico de Fagor no es viable y los recursos que demanda no servirían para garantizar su futuro”.

La negativa de M.C.C. a ser solidaria con la cooperativa industrial más  antigua ha forzado, al no tener recursos para funcionar y debido al crecimiento de las pérdidas, el cierre de todas las fabricas excepto la de China. Los trabajadores han ido al paro y se ha iniciado un preconcurso de acreedores para renegociar la deuda y hacer un plan de viabilidad.

Por primera vez, un colectivo importante de cooperativistas ha tenido un despertar muy amargo. Los principios de solidaridad se han  roto, se les ha abandonado a su suerte, como cualquier empresa capitalista, porque las cooperativas no pueden sustraerse a las leyes implacables del mercado, especialmente en estos momentos.

El futuro de las plantas en Euskadi es muy oscuro, dada la situación de crisis, competencia feroz y depresión del consumo.

Algunas fuentes dicen que de las cinco plantas de Euskadi se podría mantener una, dedicada a la ingeniería y proyectos. La producción se trasladaría a Polonia mediante la participación accionarial con la multinacional china HAIER, líder mundial en línea blanca, con la que Fagor tiene alianzas.

Respecto al futuro del empleo, a pesar de las promesas de la dirección de la cooperativa, dada la magnitud del excedente de 2000 empleos en Euskadi, se barajan cifras de recolocación en las empresas del grupo de alrededor de 300 empleos. El resto de cooperativas no podría asumir más personal, con lo que irán a prejubilaciones y despidos.

Antonio Cancelo, ex presidente de M.C.C. fue muy expresivo y claro en sus declaraciones a la prensa diciendo: “Fagor debería haber tomado decisiones rápidas y dramáticas que podrían haber dejado sin trabajo a dos tercios de la plantilla. En una cooperativa todas las decisiones hay que tomarlas en una asamblea donde están presentes las personas afectadas y eso genera una gran dificultad”. Esa parece haber sido finalmente la decisión de M.C.C., amputar, despedir a la mayoría de los trabajadores porque son caros. Fagor seguirá fabricando electrodomésticos en Polonia con salarios polacos o chinos y no con los salarios decentes que tienen los trabajadores del Alto Deba.

Este desastre social pone en entredicho el futuro del cooperativismo en época de crisis y desvela que en un mundo globalizado una empresa cooperativa, o aplica las mismas reglas que la competencia, como ya venía haciendo M.C.C. con deslocalizaciones, reducciones de salarios, etc., o desaparece de la escena. También pone de relieve que los trabajadores son capaces de crear este emporio industrial con inteligencia y con esfuerzo sin necesidad de empresarios capitalistas.

Las ideas del cooperativismo puestas en marcha por el cura de Acción Católica Arizmendiarrieta en 1956 han chocado contra la realidad brutal del capitalismo, y manifiesta sus limites al utilizar las mismas reglas brutales de pérdida de miles de empleos y de importantes cantidades de dinero ahorrado por las familias obreras, que se volatilizará con la más que probable destrucción de la cooperativa

También es una paradoja que ahora la Iglesia Católica quiera elevar a los altares al cura Arizmendiarrieta, fundador de Fagor, precisamente en el momento que dejan morir a la cooperativa que él fundó.

Hace tiempo que las ideas inspiradoras de las cooperativas estaban abandonadas en algún despacho perdido. La proporcionalidad salarial entre directivos y socios de base se había abandonado, la participación consciente de los cooperativistas en el funcionamiento y la toma de decisiones era una ficción, las asambleas son un ritual que hay que cumplir, como expresan los cooperativistas, “a pesar del desastre de gestión nos presentaban los directivos las cuentas que cuadraban, y las aprobábamos”.

Es curioso que este fenómeno cooperativo, llamado “el milagro-Mondragón” estudiado en múltiples universidades en todo el mundo, puesto como ejemplo para integrar con éxito a los trabajadores como propietarios, y alejarlos de la lucha de clases y del movimiento vivo de los trabajadores, ahora cuando se cuestiona su futuro vuelven a los viejos métodos de la lucha de clases.

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