La cuestión eléctrica ha pasado al primer punto del orden del día en la situación social y económica en el Estado español. Mientras los parásitos situados al frente de este negocio se embolsan cientos de millones de euros en ganancias, las familias obreras se las ven y las desean para afrontar facturas que se encarecen mes a mes.

La derecha y el ala “dura” del régimen están utilizando el aparato del Estado como un ariete contra el gobierno y las conquistas sociales avanzadas alcanzadas por la clase trabajadora, por eso se obstinan en tenerlo firmemente bajo su control. En este aparato del Estado, plagado de franquistas y reaccionarios, está destacándose particularmente la casta judicial, que está revelándose como un enemigo descarado del que la clase obrera debe tomar nota.

En la tarde del 10 de junio conocimos dos sucesos que han llenado de dolor e indignación cada rincón del Estado Español. Hoy más que nunca debemos recordar que esta violencia tiene un claro origen: el sistema capitalista y patriarcal que domina nuestras vidas.

A raíz de la crisis de Ceuta hemos visto posiciones implícita o explícitamente favorables a una política de puerta cerrada desde varias instancias de la izquierda basándose en la defensa de la soberanía nacional. La izquierda debe abordar el problema migratorio desde una posición de intransigente independencia de clase y combatir las políticas que pretenden dividir a la clase trabajadora por razones de origen, raza o religión.

Editorial de Lucha de Clases nº75 – La derrota de la izquierda en Madrid dibuja un escenario político nuevo. Pero, simbólicamente, también cierra un ciclo con el abandono de Pablo Iglesias de la actividad política, coincidiendo con el 10º aniversario del 15M. La lección es clara: quienes pretendieron impugnar el régimen del 78 sin proponerse luchar contra el sistema capitalista que lo sustenta, terminaron asimilados y devorados por sus instituciones.