Economía
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La banca española festeja la crisis económica y las penalidades por las que están pasando millones de trabajadores, anunciando cerca de 19.000 despidos este año y cerrando más de 2.000 sucursales. En 2020, en lo peor de la pandemia, los grandes banqueros se embolsaron decenas de millones de euros en sueldazos, mientras el Estado les avaló con hasta 140.000 millones de euros ante hipotéticos créditos fallidos de las empresas.

En la crisis anterior de 2008-2012, la banca fue rescatada con más de 60.000 millones de euros de los contribuyentes sin que hayan devuelto ni un céntimo. Y de nada vale que digan que el grueso de ese dinero fue para rescatar las cajas de ahorro. La gran banca (Santander, BBVA, Caixabank, Banco de Sabadell, Bankinter,…) absorbieron finalmente todas esas cajas de ahorro sin poner un euro, apropiándose de su trozo del mercado financiero, de su gran cartera de clientes, y de miles de sucursales que luego han puesto a la venta o en alquiler que les han rendido beneficios extras.

Según datos del Banco de España, desde el 2008 han sido despedidos cerca de 100.000 empleados de la banca, un 35% del empleo en el sector. Además, se cerraron 23.637 oficinas, más de las que hay abiertas ahora: 22.392.

De los cerca de 19.000 despidos este año, casi la mitad vienen del ajuste de CaixaBank tras absorber Bankia, prácticamente gratis: 8.291 empleos, el 18,7 % de su plantilla, acompañado del cierre de 1.534 oficinas, aproximadamente el  27 % de su red. tras la fusión con Bankia. Este es el mayor despido habido en la historia de la banca española.

Casi inmediatamente, el BBVA anunció su intención de reducir su plantilla en 3.800 empleados, el 16,3 % de sus 23.300 trabajadores, y 530 sucursales.

A esto debemos sumar unas 1.500 salidas tras la última fusión bancaria, la de Unicaja  y Liberbank.

Finalmente, hay que incluir los más de 3.500 empleados que se verán afectados por el ERE acordado a finales del pasado año por el Banco Santander y los sindicatos, y los 1.875 del ajuste previsto por el Banco Sabadell. Así, se alcanza un total de trabajadores afectado de  18.975.

Loa banqueros tratan de justificar sus medidas diciendo que les van mal los negocios, que con los tipos de interés a cero sacan muy poca rentabilidad de los créditos, que tienen competidores en un nuevo tipo de servicios financieros (Fintech), que la gente usa cada vez más la banca electrónica y se necesita menos personal y oficinas, que la pandemia de Covid-19 ha afectado sus negocios, etc. La verdad es que, pese a todo ello,  los grandes bancos han conseguido beneficios de cientos  y miles de millones de euros en 2020, por no hablar de años anteriores, y también los conseguirán este año. Sólo en comisiones abusivas de todo tipo saquean a la población cientos de millones cada año. Caixabank, ahora la primera entidad bancaria del país, consiguió 1.381 millones de euros de beneficios en 2020, y su absorbida Bankia 230 millones. O sea, consiguieron más de 1.600 millones de euros de beneficios ¡en el año de la peor crisis económica de la historia española! ¡Y lo consiguieron teniendo en nómina a los 8.300 empleados que ahora van a despedir y teniendo abiertas las 1.530 sucursales que ahora van a cerrar!

Bankinter consiguió 317 millones de beneficios. El BBVA, tercer banco del país, ganó 1.305 millones netos. El banco de Sabadell consiguió 2 millones de euros de beneficios. Unicaja tuvo beneficios de 78 millones de euros y Liberbank, ahora fusionada con la anterior, 41 millones. El Banco de Santander fue el único que computó pérdidas, unos 8.000 millones, por ajustes contables; pero su beneficio ordinario fue de 5.081 millones.

Hay que añadir que estos bancos no computaron como beneficios miles de millones más que han conseguido y que han destinado a “provisiones”; es decir, a sus fondos de reserva para afrontar posibles turbulencias financieras por el efecto de la pandemia en 2021. Aparte están los avales del Estado, que mencionamos al principio, y que les aseguran, a costa del contribuyente, que los posibles créditos fallidos y sus correspondientes intereses, les serán pagados.

Y todo esto lo han conseguido en el peor año económico que se recuerda, imaginémonos los beneficios que consiguen en un año económico “normal”.

Uno esperaría que, ante una situación económica complicada, los jefes (y jefas) de los bancos reducirían sus emolumentos al mínimo. Y es cierto que, en general, han reducido algo sus haberes en 2020, pero fijémonos qué es lo que llama esta gente “apretarse el cinturón”.

Según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) referidos a 2020, la señora Botín, presidenta del Banco de Santander, se metió entre pecho y espalda unos haberes que ascendieron a 6,82 millones de euros. El jefazo del BBVA, Carlos Torres, se metió en el bolsillo 4,09 millones. El patrón de Caixabank antes de la fusión con Bankia, Gonzalo Cortázar, recibió 2,83 millones. Josep Oliu, del Banco de Sabadell, ganó 1,99 millones. Otra de las “jefas” del negocio bancario, Mª Dolores Dencausa, de Bankinter, ganó 1,23 millones; y Manuel Menéndez, jefe de Unicaja ganó 0,565 millones, un verdadero “pobretón” entre sus pares. El flamante nuevo “jefe” de la nueva CaixaBank, José Ignacio Goirigolzarri, ha pasado de cobrar medio millón de euros en Bankia a recibir en 2021 un ingreso de 1,65 millones de euros ¿Cómo no iba tan flamante caballero a maniobrar hasta el final para asegurar la privatización de Bankia? Claro está que esto fue con el beneplácito del gobierno "progresista".

Los sueldazos de los banqueros no son una excepción en la oligarquía española. Según los datos de la CNMV a que hicimos referencia antes, el sueldo promedio de los presidentes de las compañías del Ibex 35 ascendía en 2019 a 4,08 millones de euros y el de los consejeros delegados, a 3,05 millones, mientras que la retribución media de los miembros de la alta dirección (no consejeros) de las empresas del índice era de 912.000 euros. De entre todos ellos destacó el constructor José Manuel Entrecanales, jefe de Acciona, que ganó ¡35,30 millones de euros!

Volvamos al principio, y fijemos bien el asunto. Estas damas y caballeros no despiden a decenas de miles de trabajadores y cierran miles de sucursales porque sus negocios vayan mal y tengan pérdidas netas, o no puedan recibir sueldazos para darse la gran vida. Hemos visto que no ocurre nada de eso. Echan a miles de trabajadores a la calle porque quieren ganar más aún, aunque sus negocios den beneficios. ¿Cómo podemos aceptar esto?

Vemos así como el ansia incontenible por los beneficios están en contradicción directa con las necesidades de la clase trabajadora.

Si la nueva banca electrónica reduce la necesidad de personal, fundamentalmente en las ciudades, lo que debe hacerse es reducir la jornada laboral; e incrementar la presencia de sucursales en zonas despobladas donde la ausencia de entidades bancarias está creando graves problemas sociales. Vemos en todas las sucursales bancarias, aun antes de materializarse los cierres anunciados, cómo el servicio se degrada cada vez más con colas interminables y poco personal atendiendo, sometido a una gran presión.

Es posible una banca eficaz, manteniendo el empleo y las oficinas, reduciendo la jornada laboral, y sin menoscabo de la ampliación de la banca electrónica

La banca privada no juega ningún papel progresista en la sociedad. Viven de la usura, pura y simplemente. Han saqueado las finanzas públicas sin devolver un céntimo al pueblo. Acumulan cientos de miles de millones de euros en depósitos que, empleados productivamente en interés social siguiendo un plan de desarrollo estatal, serían una palanca formidable para el avance del país y para comenzar a resolver los acuciantes problemas de las familias trabajadoras. Lo que se necesita es unificar todo el negocio bancario en una sola entidad pública –incluidas las llamadas Fintech (dedicadas al envío de remesas, cambio de monedas, préstamos, etc) y los seguros– a  través de la nacionalización del sistema financiero, sin indemnización salvo a los pequeños accionistas que tienen depositados ahí sus ahorros, y bajo el control de los trabajadores.

Los sindicatos CCOO y UGT se quejan y califican estos despidos de "obscenidad" y "falta de sensibilidad". El secretario general de la UGT, pepe Alvarez, declaró muy correctamente: "Hace muy poco tiempo endeudamos al conjunto del país para que hoy el sector financiero pueda estar vivo", ha recordado Álvarez. Pero salvo quejarse no hacen nada. La ministra de trabajo, Yolanda Díaz, también declaró: "Todos hemos de remar en una misma dirección, mantener los puestos de trabajo". "No son tiempos" para "planteamientos" como los despidos. Pero las quejas y las palabras soltadas al ciento no cambian nada.

Lo que hace falta son medidas sindicales y políticas. Los sindicatos deberían pasar de las palabras a los hechos, a través de un plan de lucha en todo el Estado para oponerse a los despidos, comenzando por una primera huelga de 24 horas en el sector, ampliable a otras de 48 y 72 horas sin no dan marcha atrás. Además, deberían confluir con otros sectores afectados por despidos y EREs masivos, como en la industria, y más recientemente Repsol.

Hace falta crear la presión social suficiente para destapar la  indignación ante tanta injusticia social, y hacer ver al conjunto de la clase trabajadora que no se debe aceptar ningún despido en empresas y sectores con beneficios. Y si acaso estos no fueran viables, desde el punto de vista del interés privado capitalista, que sean nacionalizados bajo control obrero, sin indemnización, e integrados en un plan estatal de producción adecuado al interés social.

Es por eso que decimos:

¡Ningún despido en el sector bancario! ¡No a los cierres de oficinas!

¡Que confluyan todas las luchas en defensa del empleo y de la producción!

¡Nacionalización de la banca bajo control obrero, sin indemnización salvo a pequeños accionistas y ahorradores sin otros recursos!

¡Por un plan estatal de movilizaciones para derrotar los planes patronales de ajustes y despidos!

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