En nuestra época la filosofía entra en una fase irreversible de declive. La filosofía burguesa ha secado la vid. No tiene nada nuevo ni significativo que decir, por eso, y con razón, sufre el desprecio universal o para ser más exactos, la indiferencia.

 Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació en Stuttgart en 1770. En su juventud fue seguidor y más tarde colaborador de Schelling, a quien sus opiniones radicales le dieron cierta notoriedad hasta que al final de su vida firmó la paz con las autoridades prusianas. Muy pronto Hegel emprendería su propio camino.

 

Aquí nos encontramos entre el umbral de la filosofía y la religión. Una sociedad que se ha agotado económica, moral e intelectualmente encuentra su expresión en un ambiente general de pesimismo y desesperación. La lógica y la razón no proporcionan respuestas, el orden existente de las cosas se encuentra con la irracionalidad.

 

 

 “El defecto principal de todo materialismo anterior -incluido el de Feuerbach-  es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana,  no como práctica, no de un modo subjetivo”. (Marx y Engels. Obras Escogidas. Moscú. Editorial Progreso. 1981. Vol. I. p. 7).

Hoy, más de cien años después de Darwin, en general, se acepta la idea de que todo cambia. Pero no siempre fue así. La teoría de la evolución y de la selección natural tuvo que librar una larga y amarga batalla contra los defensores de la concepción bíblica, que sostenía que todas las especies fueron creadas por Dios en siete días, y que éstas eran fijas e inmutables.

 Historia de la Filosofía. Capítulo IV.  El RenacimientoEl punto de partida de la ciencia moderna es el Renacimiento, ese período tan maravilloso de renacimiento espiritual e intelectual que puso fin a miles de años de reinado de la ignorancia y la superstición. La Humanidad miraba de nuevo a la naturaleza sin que la sombra del dogma cegara sus ojos.