100 días después de su llegada al gobierno, tras múltiples anuncios de buenas intenciones, guiños a izquierda y derecha, marchas atrás, y escasas medidas concretadas, Sánchez se enfrenta a su verdadera prueba de fuego tras el período de gracia concedido por las vacaciones de verano.

La caída inesperada del reaccionario gobierno de Rajoy muestra el carácter inestable y turbulento de la situación española e internacional. Pedro Sánchez se enfrenta ahora al desafío de satisfacer, o frustrar, las expectativas que ha despertado en millones de trabajadores, mujeres, jóvenes, desempleados y jubilados.

El humo tóxico del chovinismo y del patriotismo español comienza a dispersarse rápidamente, conforme se diluye el ambiente reaccionario de histeria anticatalana y pro-régimen promovido por la clase dominante, sus políticos y sus medios de comunicación. Como venimos explicando desde hace meses, no existe una base material en la sociedad española que dé un sustento sólido a la confianza de las familias trabajadoras en el régimen del 78, alrededor de la bandera rojigualda y de su monarca.

El descrédito del régimen monárquico nunca ha sido tan grande. Cada vez  resulta más evidente que nada puede cambiar siguiendo los trámites convencionales marcados desde arriba. Nos dicen: esperad y confiad en las próximas elecciones, esperad y confiad en la justicia, esperad y confiad en los empresarios para conseguir un trabajo digno, esperad y confiad en el Rey… “Esperad, esperad, y confiad”. Este es el falso consejo de los que no quieren que cambie nada, de los que se lucran y benefician con que nada cambie.

El régimen neofranquista español fracasó en su objetivo de impedir la mayoría absoluta del independentismo catalán en el Parlament y desalojarlo de la Generalitat. No obstante, alardea de haber disciplinado a los dirigentes de ERC y del PDECAT para que abandonen la vía del independentismo unilateral, y se felicita por haber establecido una cabeza de puente reaccionaria en las zonas obreras de mayoría castellanohablante, principalmente a través de Ciudadanos. Sin duda, pretenden estimular un enfrentamiento entre los trabajadores catalanes en líneas nacionales. Este es un enorme peligro que los obreros españoles y catalanes deben combatir firmemente.

Editorial de Lucha de Clases nº 48 - Hemos entrado en un nuevo período de inestabilidad que no tiene que ver sólo con la situación de Catalunya, sino con la irrupción de la movilización social tras años de parálisis. Por primera vez en tres años, el gobierno del PP aparece acorralado y con una pérdida constante de apoyo social. De ahí su interés en agravar y empozoñar el conflicto catalán todo lo que pueda, como en el pasado reciente se utilizaban la cuestión nacional vasca y a ETA para desviar la atención de los problemas sociales.

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La burguesía española y su aparato de Estado están tratando de tomar ventaja del conflicto en Catalunya para recomponer la base social de apoyo al régimen, tras el “golpe de autoridad” contra la Generalitat y la intervención de la autonomía catalana con el artículo 155 de la Constitución. Utilizan el narcótico del nacionalismo español y su bandera para ocultar el saqueo al que someten a la sociedad, y la opresión que ejercen sobre la clase trabajadora.