No es casual que las matemáticas sean una de las asignaturas más difíciles en la educación básica y esto no se debe sólo a la existencia de malos profesores. La mente humana es esencialmente concreta y poco acostumbrada a trabajar con abstracciones tan desarrolladas como las que implica el pensamiento matemático. De hecho, así como los niños suelen sufrir con esta materia, la humanidad tuvo que pasar por un largo proceso de comparación cuantitativa antes de que depurara el concepto de número y operara con él como un objeto abstracto. Este camino fue trazado por la producción de un excedente, el surgimiento de una casta intelectual y una serie de necesidades históricas que encauzaron su invención y desarrollo. Los viejos pitagóricos creían que la realidad material provenía de los números que como entes ideales estaban emparentados con Dios, pero en realidad son los números lo que provienen de un largo y doloroso estudio y control de la naturaleza por parte del ser humano.

In Defence of Marxism (la web de la Corriente Marxista Internacional) ha hablado con Leonid Shaidurov: un joven activista de 17 años que ha desempeñado un papel destacado en Rusia en el movimiento de huelgas escolares por el clima. Ha ayudado a organizar a los estudiantes en las escuelas y es miembro tanto del consejo de coordinación de Fridays for Future a nivel internacional como del comité de organización en Rusia. Aceptó ser entrevistado para dar consejos a los estudiantes de las escuelas que desean construir el movimiento en torno al cambio climático

La clase trabajadora no es un sujeto explotado más que padece en esta sociedad, como cualquier otro (autónomos, pequeños propietarios, pequeñas naciones, minorías sexuales, discapacitados, etc.). Es la columna vertebral que sostiene todo el andamiaje económico y social del país. Sin trabajadores que pongan en marcha las máquinas de las fábricas, los trenes, los aeropuertos, los autobuses, las centralitas de telecomunicaciones, los ordenadores de las oficinas públicas, el sistema eléctrico, el sistema de saneamiento, los hospitales, los supermercados y grandes centros comerciales, los pequeños talleres, la recogida de verduras y frutas en el campo, los teatros, cines y programas de TV, etc., no habría trabajo, no habría medios de consumo, no habría sociedad, no habría vida, no habría nada. Esta es la fuerza potencial que descansa en las manos y el intelecto de la clase obrera, y de la cual no dispone ninguna otra clase o capa social oprimida en nuestra sociedad.

Una sociedad socialista, liberada del dominio del beneficio privado, podría avanzar rápidamente en contener y mitigar el cambio climático. Por supuesto, se necesita un período de transición hasta desarrollar una alternativa energética global a los combustibles fósiles y a la energía de fisión nuclear. Por un tiempo sería inevitable seguir utilizando estas energías para evitar un colapso de nuestras sociedades, pero desde el primer momento su uso se iría reduciendo progresivamente. Lo que sí podemos afirmar es que la transición hacia un sistema energético global no contaminante  avanzaría con rapidez. Ya en la sociedades actuales nos maravilla la enorme rapidez con que se extienden y homogeneizan a nivel mundial la técnica, los descubrimientos científicos, y los nuevos inventos y objetos de consumo, gracias al avance tecnológico, el desarrollo industrial, las telecomunicaciones y el transporte ¡Cuánto más sería posible avanzar en una economía planificada a nivel mundial, liberada de la propiedad privada, con la participación de toda la sociedad, y atendiendo solamente los intereses humanos y medioambientales!

La lucha ambiental debe estar vinculada a la lucha más general por el derrocamiento del capitalismo. El actual modelo de desarrollo económico ha fracasado totalmente y pone el riesgo de la barbarie en el orden del día. La crisis ecológica, la explotación laboral, la pobreza, el desempleo, la crisis económica, las guerras comerciales y militares, el desarrollo desigual del mundo con países cada vez más ricos y países cada vez más pobres, la migración masiva debido al cambio climático,  las guerras y el hambre son consecuencias directas de un modelo económico irracional. Luchar contra la crisis ecológica significa luchar contra el capitalismo y por un modelo de desarrollo racional y diferente para toda la humanidad

Está claro que ante problemas tan vastos, cuyos efectos se evalúan a lo largo de décadas, como el cambio climático, la reducción de emisiones nocivas, la transición a fuentes de energía limpia, sería necesaria una coordinación y planificación a nivel global a corto, medio y largo plazo. Sería necesario involucrar a la población en la elección de las estrategias a adoptar: ¿en qué sectores deberían invertirse los recursos públicos? ¿Qué proyectos de infraestructura deben priorizarse? ¿Qué medidas son más urgentes para la protección del territorio y del medio ambiente?

En las últimas décadas se han ido desarrollando otras fuentes de energía, especialmente las energías renovables (solar, eólica, fotovoltaica, biocombustibles, etc.) con grandes avances. Desde los años 60 del siglo XX, la producción de energía renovable se ha incrementado entre 5 y 6 veces, y los costes han disminuido sustancialmente: desde los años 70 hasta ahora, el coste de producir energía solar ha disminuido ¡en un 99%! Pero este progreso nos muestra procesos contradictorios. Por un lado, el intento del mercado de dar respuesta a la destrucción del planeta ha conseguido mostrar el camino a seguir; por otro lado, como veremos, muestra a la vez los limites existentes en un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción.