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Grecia: ¡no rendirse ante la Troika!

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Tsipras y su ministro de Finanzas Varoufakis han recorrido las capitales europeas en un intento de conseguir apoyo para sus políticas de renegociación de la deuda, pero se han encontrado con una abierta hostilidad. Los trabajadores en Grecia se están movilizando en torno a lo que consideran como su gobierno en un movimiento que podría escalar en las próximas semanas.

La victoria de Syriza marcó un punto de inflexión en la crisis griega y europea. La aplicación anunciada de partes del programa de Salónica de Syriza, que representa para el pueblo griego el fin de la austeridad y los memorandos, ha generado pánico en los mercados financieros y entre los estrategas del capitalismo europeo.

La actitud de Tsipras contra la Troika ha demostrado ser extremadamente popular entre los jóvenes y trabajadores de Grecia. La semana pasada y esta semana hemos visto los mítines y manifestaciones en Atenas y en muchas otras ciudades por toda Grecia en apoyo del gobierno. Este es un elemento importante para entender el conflicto entre el gobierno griego y la Unión Europea (UE). Las masas griegas se han despertado y son un protagonista activo en la situación, no meros espectadores.

De hecho, lo que ocurrió ayer es sintomático de la situación. Según diversos informes, Varoufakis, nuevo ministro de Finanzas de Grecia, parecía haber llegado a un acuerdo, lo que habría implicado "extender" el actual programa de préstamos. Esto habría sido visto en Grecia como una rendición por parte del gobierno.

The Financial Times afirma que tenía una copia del proyecto del acuerdo, que parecía inclinarse hacia una solución de compromiso con el gobierno griego. El gobierno griego posteriormente negó que se estuviera alcanzado dicho acuerdo, pero el Financial Times dice: "Nuestro relato se basa en varias fuentes de varias delegaciones, por lo que mantenemos nuestra historia."

Presión de las masas

El problema era que había alrededor de 30.000 personas en la plaza frente al edificio del Parlamento en Atenas. Varoufakis, junto con Dragassakis, vice primer ministro de Grecia, estaba muy lejos de Bruselas, pero Tsipras estaba en Atenas, cerca de los manifestantes enojados. Al final fueron las masas griegas quienes echaron por tierra cualquier intento de claudicación en Bruselas.

Los economistas del Banco Berenberg, tras el fracaso de ayer para llegar a un acuerdo, fueron citados diciendo que: "El riesgo real en Atenas parece ser que Tsipras ha elevado las expectativas a tal punto de que podría encontrar muy difícil dar marcha atrás a su retórica y llegar a un acuerdo que el resto de la zona euro pudiera aceptar”. (Ekathimerini, 13 de febrero de 2015)

Las negociaciones se van a reanudar el lunes y Varoufakis es citado diciendo que espera un "acuerdo de reconciliación", añadiendo que "no encontrar una solución no está en nuestra lógica". Esto indicaría que puede haber algo de verdad en lo que el Financial Times aseguró que pasó ayer. Si eso es así, también indicaría divisiones dentro del gobierno de Syriza sobre esta cuestión, entre los que no ven otra salida que encontrar algún compromiso con la UE y los que sienten la presión de las masas griegas, que no están dispuestas a ningún compromiso. Por lo tanto lo único que salió de la reunión del Eurogrupo con Varoufakis, fue que las conversaciones continuarán el próximo lunes.

El nuevo gobierno griego ha declarado claramente el hecho contundente de que los acuerdos de rescate con la UE han dañado la economía griega. Por lo tanto, en un intento de llegar a algún tipo de acuerdo con la UE, el gobierno de Syriza ha propuesto la renegociación del 30% de sus obligaciones de rescate. Pero la Troika ha insistido en que las medidas de austeridad brutales impuestas al pueblo griego y acordadas por el Gobierno griego anterior no están abiertas a la renegociación y se deben aplicar en su totalidad.

Aquí nos enfrentamos con intereses fundamentalmente irreconciliables: los de los trabajadores griegos y los del capital financiero europeo. Se trata de un conflicto de clases que expone la verdadera naturaleza de la sociedad en que vivimos. Los trabajadores griegos quieren salarios decentes, condiciones y pensiones dignas, un sistema de salud y educación decente, alimentos para sus familias y trabajo. A favor de esto es por lo que ellos votaron el 25 de enero, derrotando a todos los partidos que han aplicado la austeridad y los recortes.

El hecho es que la clase capitalista es incapaz de proporcionar todo esto sin disminuir masivamente su riqueza y ganancias acumuladas. Esto es aún más cierto en el caso de este período de crisis orgánica del capitalismo mundial.

Bajo el anterior gobierno de Samaras, el pueblo griego vio un colapso sin precedentes en su economía, pobreza masiva y desempleo, y una constante, interminable avalancha de austeridad y más austeridad.

Los trabajadores combatieron valientemente con más de 30 huelgas generales y manifestaciones de masas para parar esto, pero el gobierno anterior siguió inexorablemente en su ofensiva contra la clase obrera. Es por ello que los trabajadores y jóvenes griegos finalmente llegaron a la conclusión de que lo que se requería era un cambio político, y votaron en masa a favor de Syriza en las recientes elecciones.

Syriza ganó sobre la base de un programa contra la austeridad. Es por eso que al asumir su cargo, el gobierno de Syriza inmediatamente entró en conflicto con la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

El programa de Salónica

Ya en septiembre, Alexis Tsipras, líder de Syriza, presentó el programa del partido, que se conoció como el "Programa de Salónica". Hay que decir; sin embargo, que esta plataforma fue más moderada que los 40 puntos que Syriza mantuvo en las dos elecciones en 2012. A pesar de ello, el programa de Salónica contiene muchas demandas progresistas que, de aplicarse, podrían aliviar el sufrimiento de los trabajadores y personas pobres de Grecia.

Contiene medidas tales como el aumento inmediato de la inversión pública, revertir poco a poco todas las injusticias del memorando, la reconstrucción del Estado de bienestar, la cancelación de la mayor parte del valor nominal de la deuda pública, la interrupción de toda privatización de los activos públicos, restaurando gradualmente los salarios y las pensiones, electricidad gratis y subsidios de alimentación para las 300.000 familias más pobres, una condonación parcial de la deuda contraída por las personas que ahora están bajo la línea de la pobreza, la suspensión de las ejecuciones hipotecarias sobre las viviendas valoradas en menos de € 300.000, restauración del salario mínimo a € 751 sin discriminación para los trabajadores jóvenes, la restauración de las negociaciones salariales colectivas, y muchas más exigencias que el electorado votó con entusiasmo.

Este es el programa más a la izquierda que hemos visto en Europa durante muchos años. Se trata de un verdadero programa de reformas. Y es debido a tales demandas que Syriza fue capaz de ganar las elecciones. Se nos ha dicho por los líderes principales del movimiento obrero, como Hollande en Francia o Miliband en Gran Bretaña que las llamadas reivindicaciones "extremas" no ganan elecciones. Syriza demuestra lo contrario. Las demandas mencionadas anteriormente - que no son en absoluto extremas, sino más bien demandas modestas de los trabajadores - ganarían las elecciones en toda Europa para la izquierda si sus líderes tuvieron el valor de defender un programa de este tipo.

La cuestión que se plantea ahora es cómo un programa de este tipo se puede llevar a cabo, y cómo se va a financiar. Está claro que las instituciones financieras de la UE no van a proporcionar el nivel necesario de financiación para que este programa se aplique. El dilema al que Tsipras se enfrenta es que su programa, aunque es "razonable" para los trabajadores, es completamente incompatible con los intereses de la clase capitalista, tanto en Grecia como en Europa. En otras palabras, el programa de Syriza tendría que recorrer un largo camino para satisfacer las necesidades de los trabajadores, pero esto inevitablemente sería a costa de las ganancias de los capitalistas.

Lecciones de la democracia burguesa

Tan pronto como Tsipras fue elegido, declaró que tenía la intención de llevar a cabo el programa por el que fue elegido. Uno podría imaginar que la voluntad democrática del pueblo griego sería respetada por sus "socios europeos". ¡Seguramente la mayoría decide en un sistema democrático! En su lugar, se le dijo que debía dejar a un lado su programa electoral y continuar aplicando el programa de los partidos que fueron derrotados: la austeridad.

Como dijo el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en una reciente visita a Grecia, "Syriza debe darse cuenta de que ahora es el gobierno griego, no un partido corriendo por una campaña electoral." También añadió que esperaba que Syriza reemplazara su retórica de campaña electoral con "soluciones pragmáticas que puedan funcionar para ambas partes".

Aquí tenemos la esencia de la democracia burguesa: promete al pueblo lo que quieras, pero una vez elegido tienes llevar a cabo el programa del capital financiero. El problema es que esta no es una situación normal. El capitalismo mundial está en una crisis profunda y Europa se encuentra en el corazón de esta crisis. Eso explica por qué los acontecimientos en Grecia son tan importantes.

Economía global

Una de las principales demandas de la campaña electoral de Syriza, la cancelación de una gran parte de la deuda pública de Grecia, se encontró inmediatamente con un rechazo absoluto por parte de la UE y el BCE. Tsipras, de hecho, ha desistido de tal demanda.

Como un medio de ganar un respiro para la economía griega, ha pedido un "crédito puente a corto plazo" para evitar a Grecia incumplir el pago de la deuda al final de este mes. Tsipras afirma que tal respiro permitiría a ambas partes negociar con calma un mejor acuerdo para Grecia. Lo que hay que entender es que, incluso si dicho préstamo se concediera sólo retrasaría el problema durante unos meses. En lo que se refiere a la devolución total de la deuda, ha planteado una demanda central del gobierno de Syriza en sus negociaciones con la UE: que la devolución de los préstamos de Grecia deben estar vinculados a la tasa de crecimiento del país, es decir, que sólo cuando la economía griega esté creciendo se le puede exigir que comience a hacer pagos significativos.

Eso parecería una petición razonable, teniendo en cuenta el sufrimiento del pueblo griego en el período reciente. Si Grecia pudiese lograr importantes tasas de crecimiento del 4 o 5 por ciento durante un período prolongado de tiempo, sería eventualmente capaz de empezar a pagar. Pero en las condiciones actuales de la economía europea y mundial, ¿cómo puede Grecia alcanzar los niveles de crecimiento requeridos?

La mayor parte de Europa está estancada, Japón está en recesión, la economía china se está desacelerando y arrastrando tras de sí al sudeste de Asia y a la mayor parte de los llamados BRICS, con Brasil estancado y Rusia sufriendo a una grave crisis económica. En estas condiciones, todos los países industrializados están buscando salidas comerciales para sus exportaciones, entre ellos Alemania, que exporta alrededor del 50% de su PIB.

Sin embargo, no se trata sólo de un mercado mundial en estancamiento. El problema se agrava por el bajo nivel de la productividad griega, que es de alrededor de un 30% más bajo que en Alemania. La razón de esto es que la industria alemana tiene una aportación tecnológica mucho mayor, debido a niveles mucho más altos de inversión durante muchos años.

Es por ello que, sobre bases capitalistas, y con el fin de "exportar su manera de salir de la crisis", Grecia tendría que aumentar masivamente su competitividad. Esto puede hacerse de dos maneras: mediante la modernización de su industria o reduciendo los salarios de los trabajadores.

La modernización requeriría enormes inversiones de los capitalistas. El problema es que los capitalistas invierten cuando sienten que hay un mercado en expansión para sus mercancías que permitan un nivel razonable de ganancias que se hagan en un tiempo razonable. En las condiciones actuales de la economía mundial, los capitalistas no van a invertir en Grecia a los niveles requeridos. Es por eso que prefieren aumentar su competitividad mediante la reducción de los salarios de los trabajadores y hacerlos trabajar más horas.

Todo esto explica por qué los gobiernos anteriores en Grecia se habían concentrado tanto en reducir los salarios reales y en destruir la negociación colectiva. Sobre bases capitalistas es perfectamente lógico actuar de esta manera. Los trabajadores griegos, sin embargo, ven esto de una manera muy diferente, ya que son ellos los que han sido perjudicados, sufriendo enormes pérdidas en su nivel de vida.

Cuatro millones de personas viven ahora en la pobreza (casi la mitad de la población). Un tercio de los niños sufren algún tipo de desnutrición; 400.000 hogares están sin ingresos; y un tercio de los trabajadores vive con menos de 470 € al mes. Al mismo tiempo, el 10% más rico de los griegos en realidad han aumentado su riqueza en el mismo período.

Gira europea

Las dos últimas semanas han visto a Tsipras, el nuevo primer ministro, y a su ministro de Finanzas, Varoufakis hacer una gira por Europa, reuniéndose con líderes nacionales europeos, en un intento de conseguir apoyo para sus propuestas. En general, han recibido un trato frío, con muchas palabras de cortesía—y otras no tan corteses- pero ninguna medida concreta que satisfaga las necesidades reales del pueblo griego.

El gobierno alemán, reflejando las necesidades de su propia clase dominante, ha desplegado una posición de línea dura exigiendo que Grecia se adhiera a los acuerdos de los memorandos. Eso es porque la clase capitalista alemana - al tiempo que desea preservar el mercado europeo más amplio para sus exportaciones - no quiere pagar la factura de la deuda acumulada por Grecia y los demás Estados sureños de Europa miembros de la UE.

En esto tenemos un conflicto irreconciliable. Los burgueses alemanes han impuesto la austeridad en toda la zona euro. Están exigiendo que cada país pague sus deudas. Para que eso suceda, todos los gobiernos nacionales se ven obligados a recortar masivamente en el gasto social con el fin de equilibrar sus presupuestos anuales y encontrar el dinero para pagar los intereses de su deuda acumulada.

El problema es que la imposición de la austeridad significa reducir el nivel de vida de las personas, ya que pierden sus puestos de trabajo o sufren recortes en los salarios reales. Esto a su vez conduce a una reducción en el mercado y, por tanto, a la caída de las ventas. Es una espiral descendente que no ofrece ninguna solución. Lo único que logra es un constante flujo de capitales de estos países y que van de regreso a los prestamistas, que se mantienen exigiendo más, ya que no están dispuestos a renunciar a lo que se les debe.

Merkel también se enfrenta a un problema político. Cualquier indicio de que ella sea "suave" con Grecia y que, por tanto, los contribuyentes alemanes tendrían que pagar la factura aumentará apoyo a los partidos más a su derecha, como el AfD [Alternativa por Alemania].

Actitud combativa

Antes de que Syriza fuera elegido, todos los gobiernos europeos se adherían a la agenda de austeridad dictada por Alemania, con el apoyo entusiasta de Holanda y Finlandia. En Grecia; sin embargo, el pueblo ha votado hoy por el fin de la austeridad y esperan que Tsipras lo ejecute. Eso explica la actitud combatva adoptada por el gobierno de Syriza.

La semana pasada, en un encendido discurso a su grupo parlamentario Tsipras dijo: "Grecia no aceptará más órdenes... Grecia ya no es el socio miserable que escucha discursos para hacer sus deberes. Grecia tiene su propia voz". E inmediatamente los índices de popularidad de Tsipras se dispararon hasta por encima del 70%, comparado con la semana anterior, con un 72% de la población expresando su apoyo por su enfrentamiento con la Troika. Si Tsipras llamara a nuevas elecciones ahora, obtendría una victoria aplastante, ya que la gente lo ve como que está intentando llevar a cabo lo que prometió en la campaña electoral.

Los estrategas del capital de toda Europa están ahora alarmados. Si llevan la confrontación al límite, Grecia podría llegar a ser forzada a salir del euro y, posiblemente, incluso de la propia UE. Aunque la economía griega es pequeña - sólo el 2% del PIB de la Eurozona - las implicaciones de su salida, y de la inevitable cesación de pagos, iría mucho más allá de sus fronteras. Desestabilizaría el euro en su conjunto, preparando el terreno para una crisis aún mayor, con la participación de países como Italia y España.

La zona del euro ya se enfrenta a presiones deflacionistas. Los estrategas del capital temen que si la deflación atrapa a la economía europea sería el comienzo de una espiral descendente de la que encontrarían difícil salir. Eso explica la reciente decisión del Banco Central Europeo de adoptar la flexibilización cuantitativa, la impresión de dinero, en un intento desesperado por detener la caída de la economía en una depresión. La crisis en Europa pondría fin a la débil recuperación en otras partes del mundo, en particular América del Norte.

Esto explica por qué Obama y el primer ministro de Canadá han estado poniendo presión sobre los funcionarios de la UE para encontrar algún tipo de compromiso con Grecia. Temen que un desenlace de la crisis griega podría tener graves repercusiones para la economía mundial en un momento en que el crecimiento es tan frágil.

El problema al que los funcionarios de la UE se están enfrentando es que cualquier concesión significativa a Grecia sería visto como una luz verde para Portugal, España, Italia y otros Estados miembros, para que pidan concesiones. En España hemos visto el ascenso meteórico del partido anti-austeridad Podemos. Cualquier concesión seria al gobierno de Syriza fortalecería a Podemos, que podría ganar las próximas elecciones generales en España.

Si la Troika le permite a Grecia seguir un programa de restauración del salario mínimo, la prohibición de embargos de viviendas, la re-contratación de funcionarios públicos, etc., el impacto en la opinión pública de estos países sería enorme. La gente se preguntaría con razón, si Grecia puede parar la austeridad, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros? Y la respuesta obvia sería: tenemos que deshacernos de los partidos gobernantes de derecha que están aplicando el programa de austeridad y elegir un gobierno tipo Syriza.

Un ministro del gobierno irlandés ya ha declarado que cualquier nuevo trato dado a Grecia tendría que aplicarse también a Irlanda. Si hiciera concesiones importantes a Grecia, ¡la troika entonces estaría tratando con un problema mucho más grave en toda Europa!

Ningún compromiso a largo plazo es posible

En la última semana Tsipras y Varoufakis han hecho una serie de declaraciones contradictorias, que reflejan las diferentes presiones de clase a las que están siendo sometidos. Varoufakis ha declarado que el gobierno de Syriza acepta el 70% de lo que se acordó con el gobierno de Samaras, añadiendo también que los acuerdos con las fuerzas reaccionarias son "a veces necesarios".

Tsipras ha dicho que Grecia tiene la intención de cumplir con sus compromisos y desea permanecer en el euro y en la UE. Incluso antes de las elecciones, Tsipras escribió un artículo para el Financial Times, en el que afirmó que: "Un gobierno de Syriza respetará el compromiso de Grecia, como miembro de la zona euro, para mantener un presupuesto equilibrado, y se comprometerá con los objetivos cuantitativos".

Eso es como la cuadratura del círculo. Si Grecia se mantiene dentro de la UE y la zona euro, se verá obligada a acatar los dictados del capital europeo.

La deuda total de la economía griega se sitúa en € 321 mil millones y ya se le ha prestado € 240 mil millones de la UE, el BCE y el FMI (la infame Troika). Desde que comenzó la crisis, su deuda pública ha pasado del 125% del PIB a cerca del 180%. En el mismo período, el PIB se ha reducido en un total del 25%. Para pagar esta deuda, Grecia necesita muy altos niveles de crecimiento durante muchos años por venir, que no son alcanzables en ningún momento en el futuro previsible.

Enfrentados con consecuencias europeas y mundiales más amplias de un incumplimiento de la deuda griega, algún compromiso temporal puede ser posible en los próximos días. El lunes veremos qué tipo de compromiso es posible, si es que hay alguno. Una propuesta de 10 puntos está siendo elaborada por Syriza, que incluiría una reducción en la meta de superávit primario del presupuesto para 2015 del 3 por ciento al 1,5 por ciento. A cambio de una propuesta de compromiso, el gobierno liderado por Syriza tiene la esperanza de recibir los restantes € 7 mil millones del paquete de rescate de la UE.

Esto cubriría los compromisos del Gobierno hasta junio. Por lo tanto, incluso en el mejor de los casos, esto sólo retrasaría lo inevitable durante unos meses. Cualquier compromiso a corto plazo, en forma de un préstamo, sólo proporcionaría un respiro corto en el que las negociaciones serían arrastradas fuera con las dos partes incapaces de llegar a un compromiso global.

Un compromiso a corto plazo y algunas concesiones por parte de la UE no se descartan. La noticia de hoy es que el Banco Central Europeo ha extendido en €5 mil millones más los préstamos de emergencia a los bancos de Grecia, llevando el total que han recibido en lo que va de Asistencia de Liquidez de Emergencia a €65 mil millones. Esto indicaría que no desean ver que se desate una crisis bancaria en Grecia. El problema, sin embargo, es que el dinero está siendo retirado de los bancos griegos a una tasa de 200 a 300 millones de euros al día. Si no se alcanza un acuerdo el lunes, el temor es que estos retiros podrían aumentar bruscamente, con una huida bancaria masiva.

Esto demuestra lo grande que es la crisis, e incluso si se acordaran medidas paliativas temporales a corto plazo, no resolverían el problema fundamental. La verdad es que la deuda de Grecia es impagable y ninguna cantidad de maniobras puede hacer que escape de eso.

Los prestamistas no estarán dispuestos a renunciar a las deudas contraídas con ellos. Ellos ya han aceptado los llamados "cortes de pelo" (quitas) en el pasado. Por lo tanto, siempre y cuando Grecia esté dentro de la UE y el euro, estará bajo una presión insoportable para encontrar los recursos para pagar la deuda y los intereses de esa deuda. Eso significa más austeridad, ni más ni menos.

Determinación de los trabajadores griegos

Los habitantes de Grecia; sin embargo, votaron por el fin de la austeridad y no estarán dispuestos a sufrir más recortes en sus niveles de vida. Esto se demostró la semana pasada y ayer, cuando decenas de miles se concentraron frente al parlamento para apoyar al gobierno. Las masas no van a quedarse de brazos cruzados. Van a apoyar activamente a lo que perciben como su gobierno.

La elección de Syriza y, sobre todo, la forma en que Tsipras es percibido como alguien   firme en sus compromisos electorales, han transformado el estado de ánimo en Grecia. Hay un creciente sentimiento de confianza. Algunas de las medidas anunciadas tienen un poderoso impacto simbólico, como la recontratación de los trabajadores de limpieza del Ministerio de Finanzas que habían librado una lucha heroica para defender sus puestos de trabajo, y el restablecimiento de la emisora ​​estatal ERT, cuyos trabajadores ocuparon los locales cuando fue cerrado por el anterior gobierno, etc.

Las declaraciones provocadoras y las decisiones tomadas por los funcionarios de la UE, el BCE, la Comisión Europea, etc., han generado un sentimiento justificado de ira en Grecia.

Este estado de ánimo debe ser transformado en un movimiento organizado. En todos los barrios y centros de trabajo deberían formarse comités de lucha contra la austeridad y contra el chantaje de la Troika. Los trabajadores deben movilizarse para asegurarse que el gobierno no hace ninguna concesión a la Troika y exigir la plena aplicación de su programa, como Tsipras ha anunciado correctamente.

En estas batallas, los trabajadores griegos sólo pueden confiar en sus propias fuerzas y las de sus hermanos y hermanas de clase del resto de Europa. Ninguna cantidad de trucos basadas en negociación inteligentes o maniobras semánticas puede oscurecer el hecho básico de que las demandas electorales de Syriza están en total contradicción con el Memorando impuesto por la troika de austeridad y recortes.

Al mismo tiempo, cada anuncio hecho por los ministros de Syriza de que iban a poner en práctica su programa ha sido recibido con una declaración guerra real por parte de los capitalistas. Como hemos visto, ha habido en realidad un movimiento lento pero continuo de reducción de depósitos en los bancos, que está sucediendo desde que las nuevas elecciones se anunciaron en diciembre. Sólo en enero fueron retirados de los bancos 11 mill millones de euros.

La bolsa de valores ha experimentado oscilaciones violentas a diario como respuesta a las percepciones de si el gobierno parecía estar haciendo concesiones a la Troika o se mantenía firme. En general, desde que se anunciaron las elecciones, ha perdido el 20% de su valor, presionada por los títulos bancarios. Esto demuestra que, incluso más allá de las negociaciones en Bruselas, el margen de maniobra de este gobierno es extremadamente pequeño.

La Corriente Marxista Internacional se solidariza con el pueblo griego contra los lobos de la UE, el BCE y el FMI. Lo que decimos a Tsipras es "lleva a cabo el programa de Salónica."

Sin embargo, también explicamos que para llevar a cabo ese programa, tienen que encontrarse los recursos para financiarlo. No se puede contar con la UE para suministrar los fondos necesarios. Cualquier dinero que ofrezca vendrá con condiciones. Pero la riqueza está ahí: está en las manos de los oligarcas, de la clase capitalista, que tiene más que suficiente para pagar todas las necesidades sociales del pueblo. Al mismo tiempo, hay una necesidad urgente de contrarrestar la guerra que está siendo librada por los capitalistas en forma de una fuga masiva de capitales.

Es por eso que el programa de Salónica sólo puede llevarse a cabo mediante la expropiación de las grandes corporaciones e intereses capitalistas. Una vez que el gobierno de Syriza tenga esta riqueza en sus manos puede financiar todas las reformas que ha prometido.

La solidaridad internacional

Los trabajadores de Grecia no están solos en su lucha. Los ojos de la clase obrera europea están en Grecia. Los trabajadores de Europa anhelan que se ponga fin a la austeridad. Instintivamente simpatizan con la postura tomada por los dirigentes de Syriza. En España ya existe el nuevo fenómeno de Podemos. Si Grecia muestra que la austeridad puede ser detenida tendría un enorme eco en toda Europa.

Ya en 2012, Karatzaferis, un político burgués derechista griego, declaró que las políticas impuestas a Grecia por Merkel prepararían la primera etapa de la "revolución europea", y agregó que "Grecia será prendida en llamas y será el fuego de la revolución europea."

Esas palabras son aún más ciertas hoy. La dirección de Syriza tiene dos opciones ante sí. Una es la de jugar el juego de la política arriesgada, aguantar el mayor tiempo posible y luego ceder bajo la presión de la UE, retirar sus demandas y cumplir con las medidas de austeridad exigidas a ella por la burguesía europea. Si lo hace, va a defraudar a las masas que votaron por el partido, abriendo un escenario futuro donde las fuerzas derechistas reaccionarias pueden hacer su reaparición.

La otra opción es utilizar las negociaciones para exponer la naturaleza de la UE a los ojos de las masas griegas y luego proceder a realizar completamente su programa. Esto requeriría la cancelación de la deuda externa y la nacionalización de los bancos y las principales corporaciones de Grecia. Esto no sería "aislar" a Grecia en absoluto, sino que la transformaría en un faro para las masas de Europa, un ejemplo a seguir