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México: “Estamos decididos a cambiar este país”

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El violento secuestro y desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero en septiembre ha sumido a México en una profunda crisis social y política. El caso de los estudiantes de Ayotzinapa ha llevado a las masas a la calle y ha convulsionado la presidencia de Enrique Peña Nieto.

Este crimen salvaje ha horrorizado a los mexicanos como ningún otro en la historia reciente. Aunque el país ha sido testigo de muchos asesinatos en masa desde el inicio de la “guerra contra las drogas” a mediados de la década de 2000, esto ha sido algo diferente. Los estudiantes, que no tenían absolutamente ninguna relación con los cárteles de la droga, fueron tomados por la fuerza por la policía municipal y entregados a los cárteles de la droga siguiendo órdenes del alcalde de Iguala y su esposa, y poniendo así de relieve el vínculo entre el Estado mexicano y el crimen organizado.

La manifestación masiva del jueves 20 de noviembre en la Ciudad de México mostró al mundo que la ira por los estudiantes desaparecidos es más fuerte que nunca. Lejos de disminuir como el gobierno esperaba, el movimiento de protesta crece y se extiende. Las manifestaciones del 20 de noviembre se repitieron en decenas de ciudades de todo el país y alrededor del mundo, con un total de más de 250 acciones de protesta. 114 instituciones de educación superior siguieron el llamamiento a una huelga de 12, 24 o 72 horas realizado por la Asamblea Inter-Universidad, decidido en cada universidad por asambleas de masas con la participación de miles de estudiantes.

La clase obrera también está involucrada en las protestas. El Sindicato de Telefonistas de Telmex (propiedad de Carlos Slim) organizó un paro laboral de cuatro horas y marchó junto con otros sindicatos en solidaridad con Ayotzinapa el 20 de noviembre. Entre otros sindicatos que participaron estaban: STUNAM (trabajadores no docentes de la Universidad), el sindicato de asistentes de vuelo y pilotos, Nacional Financiera, Colegio de Bachilleres y la industria nuclear. Durante el día hubo una reunión de representantes de los estudiantes, los sindicatos y las organizaciones populares en la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas para coordinar nuevas medidas, incluida la convocatoria de una huelga general de 24 horas el 1 de diciembre.

Los acontecimientos de México muestran la rapidez con que una situación, que aparentemente parece estar tranquila en la superficie, se puede convertir en su contrario. Hasta hace poco tiempo todo parecía estar bajo control. Hace apenas unas semanas, a principios de septiembre, Peña Nieto parecía estar a la cabeza de un gobierno fuerte, que había aplastado toda oposición a su amplio programa de contrarreformas capitalistas y estaba a punto de rematarlo introduciendo la “apertura” de la industria petrolera.

El gobierno de Peña Nieto está dedicado a la “reforma” –es decir, a la destrucción sistemática de todas las reformas y conquistas de la Revolución Mexicana–. Su programa de contrarreformas se encontró con la aprobación unánime de la burguesía internacional. Los medios de comunicación en todo el mundo capitalista alabaron a Peña Nieto, quien finalmente estaba “trayendo a México al siglo XXI”. Los banqueros y los capitalistas de Nueva York, París y Londres estaban relamiéndose los labios ante la perspectiva de conseguir jugosos beneficios del saqueo de México.

Los medios de comunicación “liberales” occidentales elogiaron al gobierno de Peña por su política económica. Estaban ávidos de los enormes beneficios que se derivarían de la privatización de Pemex y otras industrias clave. El 15 de noviembre The Economist escribió con aprobación:

“Las empresas extranjeras están impresionadas por la velocidad con la que el Sr. Peña está forzando unas reformas que eran cuanto menos impensables hace apenas unos años, incluso en medio de la agitación política. ‘México ha capturado realmente la imaginación del sector energético mundial’, dice Enrique Hidalgo de Exxon Mobil, la mayor compañía petrolera de Estados Unidos. Sin embargo, los posibles licitadores siguen esperando los detalles de todos los requisitos técnicos y financieros que tendrán que firmar”.

Dado que el petróleo proporciona una gran parte de los ingresos del Estado, su privatización significará automáticamente menos dinero para la educación, la salud y otros servicios públicos. Pero el sufrimiento del pueblo mexicano es una cuestión de indiferencia completa para estos tiburones.

La condición previa para el saqueo de México era la supresión despiadada de toda resistencia de la clase trabajadora y popular. El aplastamiento de los sindicatos le valió el aplauso entusiasta de los autodenominados demócratas cuyo amor a la democracia es sólo un sinónimo hipócrita de su amor al saqueo. Parecía haber tenido éxito. Pero entonces dos hechos aparentemente accidentales se combinaron para dar rienda suelta a un movimiento de masas que rápidamente desencadenó toda la situación: la huelga del Instituto Politécnico que comenzó el 25 de septiembre y el ataque a los estudiantes de Ayotzinapa el 26 de septiembre. El movimiento es ahora mayor que el que tuvo lugar contra el fraude electoral de 2012.

Al-Jazeera ha comentado recientemente:

“El país está en medio de una crisis que, hasta hace unos meses, parecía poco probable. El gobierno estaba aprobando reformas estructurales y constitucionales con el fin de privatizar la empresa estatal del petróleo y de arrebatar el control de la educación al sindicato de profesores, entre otras cosas. Estos cambios ganaron aplauso mundial. The Economist llamó la elección del presidente Enrique Peña Nieto El momento de gloria de México’. En un artículo de portada a principios de este año, la revista Time anunció que el presidente estaba Salvando a México.

Una crisis del régimen

En realidad, este movimiento se trata de mucho más que de los estudiantes secuestrados de Ayotzinapa. La crisis de los estudiantes desaparecidos ha dejado al descubierto no sólo el carácter cruel, corrupto y opresivo de la clase dominante mexicana. También ha puesto de manifiesto la hipocresía pestilente de los supuestos demócratas y liberales occidentales.

Un editorial en el Washington Post, impregnada de pánico, exigió una acción rápida de Peña Nieto porque “el futuro de sus reformas económicas está en juego”. Pero la reforma en México (como en todas partes) es sólo una palabra en clave para el enriquecimiento de un pequeño puñado de ricos parásitos a costa de un fuerte deterioro de las condiciones económicas de la abrumadora mayoría.

Toda la jactancia sobre la economía mexicana era completamente hueca. En lo que debería ser un país próspero, más de la mitad de la población vive en la pobreza. Según la Comisión Económica para América Latina, la pobreza se redujo del 48,4 por ciento en 1990 al 27,9 por ciento en 2013 para toda América Latina. En México, que se situaba en el 52,4 por ciento en 1994, la tasa de pobreza se redujo hasta el 42,7 por ciento en 2006; pero en 2012 había vuelto a subir al 51,3 por ciento.

El gran abismo creciente que separa a los ricos de los pobres ha creado una brecha insalvable que desgarra a la sociedad a pedazos. Al igual que un bulldozer imparable, el programa monstruoso de contrarreformas supone un ataque tras otro. La indignación y la ira crecen y se convierten en furia. La resistencia crece y busca una expresión. En realidad, la situación actual es una expresión de una crisis de todo el régimen que ha ido madurando desde hace mucho tiempo.

El PRI (el partido de Peña Nieto) estuvo en el poder durante 70 años y el PAN gobernó durante 12 años. Ambos partidos están muy desacreditados. Pero el PRD también ha sido totalmente desenmascarado por los recientes acontecimientos. Estos tres partidos habían firmado el Pacto por México, comprometiéndose con todo el conjunto de contrarreformas. Más aún, el alcalde de Iguala y el gobernador de Guerrero, donde fueron secuestrados los estudiantes, ambos eran miembros del PRD. Por lo tanto, el pueblo de México ha tenido experiencia más que suficiente de los partidos existentes y hay repulsión generalizada, no sólo contra el actual partido gobernante, sino contra todo el sistema de partidos: un rechazo no sólo al PAN y al PRI, sino también al PRD, al que se considera con razón como parte de una misma institución corrupta que gobierna a favor de los ricos y poderosos.

La naturaleza corrupta del régimen fue puesta en evidencia aún más por el escándalo que involucra a la casa de la esposa de Peña Nieto. Parece ser que esta residencia palaciega fue construida a medida para ella y su marido en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad de México. Esta humilde morada se dice que ha costado siete millones de dólares. En momentos en que la mayoría de los mexicanos están luchando por pagar sus facturas, o incluso encontrar un hogar, tal extravagancia obscena parece una provocación. Pero el asunto no termina ahí.

Se reveló que la casa que el presidente comparte con su familia pertenece a un empresario que está vinculado a un polémico proyecto de construcción ferroviaria de $ 3.750 millones. Esta casa todavía es propiedad de una filial de una empresa con una larga historia de obtener lucrativos contratos de las administraciones de Peña Nieto, que se remonta a su mandato como gobernador del estado de México. La mayoría de los mexicanos simplemente se encogen de hombros ante estas revelaciones. Son sólo otro ejemplo de la corrupción que ha estado royendo las entrañas de la vida política mexicana durante décadas.

Una “democraciafraudulenta

El gran escritor norteamericano Gore Vidal dijo la verdad acerca de la democracia en los EE.UU. cuando escribió: “Nuestra República tiene un solo partido, el Partido de la Propiedad, con dos alas de derecha”. La llamada democracia que existe en los EE.UU. y Europa es sólo una hoja de parra para disfrazar la realidad de la dictadura de los bancos y las grandes empresas. La única diferencia con México es que esos países son más ricos y los banqueros y capitalistas han tenido más tiempo para perfeccionar el mecanismo para engañar a las masas con la ilusión de la democracia y el “estado de derecho”.

La burguesía mexicana es más ruda, más cínica y descarada en la forma en que gobierna la sociedad. Hace unos años tuve la ocasión de conocer al embajador de México en una recepción en la embajada de Venezuela en Londres. Eso fue poco después de las elecciones de 2006, cuando al candidato de izquierda del PRD, López Obrador, se le hizo trampa y se le arrebató la victoria mediante un fraude. Le comenté al embajador que el fraude electoral en México era el deporte nacional, tan normal como beber tequila. Por alguna razón, no le hizo ninguna gracia.

Durante muchos años, la clase dominante mexicana ha utilizado con éxito una democracia falsa para mantenerse en el poder. Pero ahora hay un problema. La rebelión está creciendo y las fuerzas del Estado mexicano son insuficientes para controlar esta revuelta, que amenaza con alcanzar proporciones insurreccionales. Fue necesario recurrir a la ayuda de fuerzas adicionales y auxiliares que no se sentirían atadas siquiera por la escasa protección que otorga a los ciudadanos mexicanos lo que en broma se llama el estado de derecho”.

En México, como en otros países, hay una gran sub-clase de elementos desclasados y desmoralizados extraídos de las filas de los elementos más pobres y desesperados: jóvenes empobrecidos que por unos cuantos pesos están dispuestos a venderse al capo de la droga local y llevar a cabo su trabajo sucio: secuestro, tortura, violación, asesinato y masacres –todo esto forma parte de un día normal de trabajo para estos degenerados. Otros son reclutados a la fuerza por las bandas criminales mediante amenazas e intimidaciones. Pero ellos no actúan por su cuenta.

En México todo el mundo sabe (y lo han sabido durante años) que existe una estrecha connivencia entre el Estado y lo que se conoce como el crimen organizado. La misma palabra “democracia” tiene un timbre irónico en un país donde el fraude electoral es la regla y donde los políticos, jueces y jefes de policía se compran y venden con tanta regularidad como la cerveza y las tortillas. Hoy en día nadie puede decir donde termina el crimen organizado y donde comienza el Estado.

The Economist, que ayer estaba alabando a Peña Nieto hasta el cielo, ahora se lamenta: “Por muy impresionantes que sean las reformas económicas del señor Peña, México nunca logrará alcanzar su considerable potencial sin un sistema de justicia penal honesto y eficiente. Su democracia perderá legitimidad si sus políticos siguen tolerando la corrupción”.

Pero esperar que este gobierno de mafiosos corruptos lleve a cabo una lucha seria contra la corrupción y el gangsterismo es como pedir a los zorros que monten guardia en una granja de gallinas. La única manera de limpiar el pozo negro que es la política mexicana y el Estado es mediante el derrocamiento completo del gobierno y el sistema podrido e injusto en que se basa. Eso sólo se puede lograr mediante la acción revolucionaria del pueblo mexicano y, sobre todo, de la clase obrera.

El gran negocio de las drogas

En realidad, los cárteles de la droga son grandes empresas capitalistas que no podrían funcionar sin la colaboración de las instituciones “legales” del Estado capitalista. Tomemos, por ejemplo, el lavado de dinero: esto se hace a través de los grandes bancos incluyendo los grandes bancos de Estados Unidos. El Bank of America, Wells Fargo y HSBC han sido todos multados por su participación en esta actividad delictiva –tan solo en el caso de HSBC ha sido de $ 1.900 millones.

El saqueo de México no está sólo relacionado con las drogas. Las empresas mineras canadienses han estado interviniendo agresivamente en México, forzando su paso en tierra protegida y usando guardias privados armados para atacar a las comunidades locales. Esta es una de las razones por las que la gente ha establecido sus propios comités de autodefensa armados en Guerrero y otros estados del sur y del sudeste. (
http://truth-out.org/opinion/item/18972-mexican-communities-resist-environmentally-destructive-canadian-mining-companies)

Revistas como The Economist vertieron alabanzas sobre Peña Nieto por su “política económica de libre mercado”. Una gran parte de esta “libertad” consistía en la libertad de los capitalistas, tanto mexicanos como extranjeros, para saquear los bienes del pueblo mexicano. Pero, ¿no son los barones de la droga dedicados defensores de la economía de libre mercado? También están dedicados a la búsqueda de ganancias. Están trabajando duro para abastecer un mercado en crecimiento (en Estados Unidos). Y los hombres armados que emplean para eliminar a sus rivales, ¿no son simplemente empleados que también están trabajando por la causa de los beneficios y los mercados libres de una forma más modesta?

¿Cuál es la diferencia entre estos barones de la droga y, por ejemplo, los dueños de los grandes bancos y corporaciones de Estados Unidos? Estos también están involucrados en el saqueo, pero a una escala infinitamente mayor. También utilizan la violencia para deshacerse de sus rivales a escala mundial y tienen a su disposición muchas más armas terribles de destrucción, por las que el contribuyente estadounidense gasta cerca de 800 mil millones de dólares al año. Utilizando el Estado (que, como explicó Marx, no es más que el comité ejecutivo de la burguesía en su conjunto) pueden imponer su voluntad, invadir países y derrocar gobiernos. También compran y venden a los políticos, congresistas y senadores e incluso al que está sentado en la Casa Blanca. En comparación, los barones de la droga mexicanos son de poca monta.

Es inútil imaginar que un régimen burgués puede erradicar la delincuencia y la corrupción, ya que el sistema capitalista se basa en la delincuencia y la corrupción. La propia justicia es parte de la economía de libre mercado, como sabe todo mexicano. El policía recibe su “pequeña mordida”, mientras que los jueces y los políticos exigen una cuota mucho mayor por los servicios prestados. Pero al final todos están a la venta. Así, los ricos y poderosos se salen con la suya, mientras que los pobres siempre tienen que pagar la factura al completo.

Estamos decididos a cambiar este país

Del mismo modo que las poderosas olas que recorren el Atlántico son una manifestación superficial de corrientes profundas y poderosas, así las olas de airadas protestas masivas por los estudiantes desaparecidos son sólo los síntomas más visibles de un gran descontento que se está acumulando bajo la superficie de la sociedad mexicana. Tal es el estado de fermento y agitación que el desfile oficial en conmemoración de la Revolución Mexicana del 20 de noviembre tuvo que ser cancelado.

Tras fracasar sus intentos iniciales de no darle importancia al caso de los estudiantes desaparecidos, Peña Nieto está ahora tratando frenéticamente de dar la impresión de que está haciendo algo. Él ha tratado de recuperar el control de la situación con la detención del alcalde de Iguala y su esposa. Los grandes tiburones están siempre dispuestos a sacrificar a los pequeños tiburones con el fin de salvar su propio pellejo. Pero esto es demasiado poco y demasiado tarde. Las reivindicaciones del movimiento se están volviendo cada vez más radicales.

A Lenin le gustaba mucho un proverbio ruso: La vida enseña. En todos los países las masas no aprenden de los libros, sino a través de su propia experiencia de la vida y la lucha de clases. Y no hay duda de que el pueblo de México está aprendiendo muy rápido y sacando algunas conclusiones muy importantes. En el mitin de masas con que terminó la manifestación del 20 de noviembre, Felipe de la Cruz, padre de uno de los estudiantes desaparecidos que había estado recorriendo el país en tres columnas diferentes, dijo:

Estamos determinados a cambiar de una vez por todas este país; estamos dispuestos a mandar a la fregada a las instituciones, porque ya no sirven. Apostamos por la vía pacífica, pero no se puede hablar de paz cuando nos faltan 43 jóvenes. No se puede hablar de gobernabilidad cuando envían a sus provocadores y policías a reprimir al pueblo. Y eso debemos cambiarlo.

“Hoy queremos decirles que no sólo es Guerrero, gracias a las caravanas nos dimos cuenta que fosas clandestinas y desaparecidos hay en todo el país. Hoy, 20 de noviembre, no festejamos el 104 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Si estamos aquí de pie, es porque los gobernantes han mutilado nuestra Constitución en su beneficio y para justificar sus actos.

A pesar de que puede que hayan sido los traficantes de drogas los que realizaran las ejecuciones, los que son verdaderamente responsables son los que están gobernando el país, que nos han llevado a una situación insostenible en la que la pobreza, la falta de oportunidad de tener un trabajo decente y la destrucción sistemática del derecho a la educación ha obligado a decenas de miles de hombres y mujeres a emigrar y alejarse de sus comunidades”.

Estas conclusiones son mil veces correctas.

Elementos insurreccionales

 

Es evidente que la situación actual se ha vuelto absolutamente intolerable para la gran mayoría del pueblo mexicano. Toda la ira que se ha ido acumulando durante años se ha concentrado en la cuestión de los normalistas desaparecidos. En el fondo se trata de una cuestión de clase: una lucha entre un pequeño grupo de oligarcas súper ricos y la gran mayoría de los mexicanos. Incluso The Economist tuvo que admitir que: “Para muchos mexicanos, Iguala era un recordatorio de la brecha entre la justicia para los pobres y para los ricos”.

El 15 de noviembre, el periódico Los Angeles Times estableció un paralelismo entre la situación actual y la Revolución Mexicana de 1910: “La desaparición violenta de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa en el estado de Guerrero ha causado un terremoto político de una profundidad que México no ha visto en generaciones, tal vez incluso desde la revolución de 1910”.

 

Este paralelismo es del todo correcto. Existen elementos insurreccionales en la situación. En Guerrero, y también en Michoacán, el pueblo se ha armado (Policías Comunitarias en Guerrero, Autodefensas en Michoacán) con el fin de defenderse del Estado y los cárteles de la droga –en muchas ciudades y pueblos se han realizado tomas de los palacios municipales–. En Guerrero, las comunidades locales, el sindicato magisterial CETEG y los estudiantes y familiares de los desaparecidos han creado la Asamblea Nacional Popular que ha exigido “un gobierno honesto de obreros y campesinos”.

 

Lo que se necesita es una dirección que sea capaz de unificar el movimiento a nivel nacional. Morena se presenta como una alternativa a la izquierda del PRD, pero no ha ofrecido ninguna dirección al movimiento. El llamamiento a una manifestación masiva tras otra sin ningún plan claro, parece ser una estrategia puramente electoral. Pero el movimiento ya ha ido mucho más allá de los estrechos límites del parlamentarismo burgués. La timidez de la dirigencia de Morena es contraproducente desde todo punto de vista.

 

Afortunadamente, las masas no tienen miedo a luchar. Y eso es mil veces más real entre la juventud, que sabe que está luchando por su futuro, por su derecho a trabajar y a vivir una existencia humana digna. Los estudiantes mexicanos están en la vanguardia de la lucha. Están luchando sin temor, arriesgando todo lo que tienen, su libertad, sus carreras y sus vidas. Esa es la tradición de los estudiantes mexicanos. Muchos pagaron con su vida en 1968, y muchos están pagando con sus vidas en este momento.

 

El movimiento está avanzando a pasos agigantados. Ha sacudido todo el entramado de poder hasta la médula. Sin embargo, todavía está lejos de haber logrado sus objetivos, incluso los más básicos, como una aclaración de la suerte de los jóvenes desaparecidos y el castigo de todos los implicados en su secuestro. Pero hay peligros en la situación. Si no existe una dirección clara y una coordinación a nivel nacional, el movimiento podría terminar en una serie de levantamientos locales que podrían ser aplastados uno a uno. Una capa de la juventud, en desesperación, podría tomar el camino del “guerrillerismo”, recurriendo a actos de terrorismo individual. La historia de América Latina muestra que esto sólo puede conducir a derrotas sangrientas.

 

El movimiento sigue en ascenso, ganando fuerza y apoyo cada día que pasa y se ha convertido en un movimiento contra todo el régimen con una exigencia clara: ¡Abajo Peña Nieto y su gobierno! Pero, ¿cómo se puede conseguir esto?

 

La única fuerza que puede derrocar a la oligarquía mexicana es la clase obrera y sus aliados naturales, los campesinos pobres y los pobres de las ciudades, las mujeres y la juventud revolucionaria. No hay fuerza en la tierra que pueda derrotar a la clase obrera mexicana, una vez que se organice y se movilice para cambiar la sociedad. Para que el movimiento adquiera la fuerza y la cohesión necesaria para lograr esto, el siguiente paso debe ser necesariamente la participación de la clase obrera en su conjunto.

 

Debido a la falta de dirección por parte de la dirigencia de Morena, el movimiento de masas se ha expresado a través de otros canales: los estudiantes se han organizado en un comité de huelga democrático en el IPN (Asamblea General Politécnica) y establecido un comité de coordinación nacional (Asamblea Inter-Universitaria).

 

La lucha de los estudiantes politécnicos jugó un papel clave en el movimiento y aún no ha concluido (han estado en huelga desde el 25 de septiembre). Para mérito suyo, los primeros en argumentar que el movimiento debía extenderse más allá del IPN (Politécnico) y enlazar con las protestas de Ayotzinapa fueron los compañeros del CLEP y los marxistas de La Izquierda Socialista. El papel de los marxistas mexicanos será fundamental para el éxito del movimiento. Armado con un programa revolucionario y las ideas del marxismo, será invencible.

 

Para el 1 de diciembre se ha convocado una huelga general de 24 horas. Eso es un gran paso adelante, pero es sólo el primer paso. Lo que se necesita es una huelga general total con el objetivo de derrocar al gobierno. Se deben de crear Comités de Acción para organizar la lucha y vincularlos a nivel local, de cada ciudad, a nivel regional y nacional. De esta manera, se puede establecer un poder que pueda desafiar el viejo Estado burgués corrupto y degenerado, y preparar el camino para una nueva revolución mexicana que sacudirá al mundo.

 

Lo que está pasando en México es un reflejo más de la ola general de descontento y rabia contra el sistema político, la creciente desigualdad, etc., que hemos visto en otros lugares con implicaciones revolucionarias. Con todo nuestro corazón y alma estamos con los obreros, campesinos, estudiantes y la juventud revolucionaria de México.

 

¡Viva el movimiento de justicia para los normalistas de Ayotzinapa!

¡Obreros y estudiantes, unidos adelante!

¡Abajo Peña Nieto!

¡Trabajo, pan, vivienda y tierra!

¡Viva la Revolución Mexicana!