Pagina principal Internacional América del Norte EEUU: Baltimore, Bernie Sanders y la revolución que se está cociendo

EEUU: Baltimore, Bernie Sanders y la revolución que se está cociendo

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Con el despreciable asesinato de Freddie Gray a manos de la policía de Baltimore, el movimiento de “Las Vidas Negras Importan” (Black Lives Matter) recobró aliento. Decenas de miles de personas marcharon en todo el país para protestar contra el racismo y la brutalidad policial. Estos asesinatos, que antes eran cosa rutinaria y pasaban desapercibidos, ahora están despertando fuerzas que llevaban mucho tiempo adormiladas en las entrañas de la sociedad.

 EEUU Bernie sandresEste movimiento expresa un descontento profundo de varias generaciones de estadounidenses que han sido traicionados por un sistema que se les dijo que debería funcionar en beneficio de todos, pero que en realidad sólo funciona para una pequeña minoría. Cada vez más estadounidenses sacan la conclusión que no se trata de que haya algunas manzanas podridas en este o aquel departamento de policía, sino que todo el sistema está enfermo, podrido hasta la raíz. La trágica muerte de otro joven negro a manos del estado fue la gota que colmó el vaso.

A apenas 40 millas de Washington DC, Baltimore es el Detroit de la Costa Este. Un antiguo centro industrial a caballo entre el Norte y el Sur del país, en declive y decadencia - descritos de manera brillante en la serie televisiva The Wire - convertido en un infierno para decenas de miles de sus habitantes. Torturada, humillada y destripada por el declive de décadas de la industria estadounidense, Baltimore City ha sido golpeada de nuevo por la gran recesión. Entre el 2000 y el 2012 se destruyeron un 35% de los puestos de trabajo industriales de la zona de Baltimore. La tasa oficial de pobreza alcanza casi el 25%. De los 100 condados más grandes del país, los niños de Baltimore tienen la menor probabilidad de escapar a la pobreza. Las condiciones de vida de los jóvenes de 15 a 19 años en los barrios más pobres de la ciudad son iguales o peores que las de sus pares en Shanghai, Johannesburgo, Nueva Delhi e Ibadan (en Nigeria). Cuando hablamos de un futuro pésimo para la juventud bajo el capitalismo, Baltimore es un ejemplo claro.

Sin ninguna duda, las disparidades raciales que forman parte integrante del capitalismo estadounidense juegan un papel muy relevante a la hora de determinar quién sufre más la crisis capitalista. Sin embargo, Baltimore demuestra claramente que la experiencia de los últimos años empuja a jóvenes y trabajadores a luchar de forma unificada contra la opresión y la explotación. Vimos a miles de jóvenes de todas las razas unidos en solidaridad, marchando por barrios completamente olvidados por el estado - excepto cuando se trata de represión y acoso policial. Sus rostros brillaban de confianza al empezar a darse cuenta del enorme poder potencial que tiene la mayoría para transformar colectivamente la sociedad. Este es otro ejemplo de cómo el “proceso molecular de la revolución” - como lo describió León Trotsky - se acerca cada vez más a una masa crítica revolucionaria.

Que la brutalidad policial no es solamente una cuestión racial o de género se demuestra por el hecho de que tres de los seis policías acusados por la muerte de Freddie Gray eran negros y uno de ellos una mujer. La alcaldesa de Baltimore es una mujer negra y forma parte de varios organismos dirigentes del Partido Democrata, a nivel del estado y nacional. El hecho de tener una mayor representación de minorías o mujeres en la policía, por sí solo, no cambiará nada fundamental. Lo que importa más es a qué intereses de clase sirven esos individuos. La raíz del problema se encuentra en el sistema de los que poseen y los desposeídos, los explotadores y los explotados, en el que la clase dirigente utiliza las leyes, los tribunales, la policía y otras formas de violencia estatal y compulsión para defender sus intereses, riqueza y poder. Solamente se presentaron cargos contra esos policías para soltar presión. Fue una zanahoria para acompañar el palo de un toque de queda draconiano y 2000 tropas armadas de la Guardia Nacional y cientos de Patrulleros Estatales en las calles de una ciudad estadounidense importante. Pero ni la represión ni las pequeñas concesiones serán suficientes como para detener la marea de la lucha de clases de manera indefinida.

La actitud real del estado hacia su propio personal la vimos cuando se fijó una fianza de 350.000 dólares, o menos, para los oficiales acusados del asesinato de Gray, mientras que un jóven “violento” que rompió la luna de un coche de la policía podría ir a la prisión por no poder pagar una fianza de medio millón de dólares. No podemos tener confianza alguna en un sistema legal en el que son los ricos los que escriben las reglas del juego - no existe ningún tipo de imparcialidad de la ley en una sociedad dividida en clases enfrentadas. Independientemente del desenlace de este caso, no habrá justicia real para Freddie Gray ni para los millones de víctimas de este sistema carcomido por el cáncer, hasta que tiremos al propio capitalismo al basurero de la historia.

No nos sorprende que la mayor parte de la atención de los medios se centrara, de manera hipócrita, en un pequeño número de incidentes de rotura de escaparates y saqueos. Se dijo que los manifestantes estaban “destruyendo su propia ciudad”. Claramente, los marxistas no pensamos que destruir coches y romper cristales sea una táctica útil para conseguir un cambio social duradero. Nuestro programa se basa en la propiedad colectiva y el control democrático de los medios de producción, educación, salud, transporte y vivienda. Estamos a favor de las acciones colectivas de masas, huelgas y huelgas generales, ocupaciones de fábricas, manifestaciones masivas y solidaridad. Pero podemos entender perfectamente que muchos habitantes de Baltimore no sienten que esa ciudad sea “suya” en absoluto, sino al contrario, una ciudad controlada por grandes bancos y empresas a las que odian.

Como lo explicó Ta-Nehisi Coates en The Atlantic: “Cuando se aboga por la no-violencia como un intento de evadir las repercusiones de la brutalidad policial, se convierte en una farsa. Cuando la no-violencia empieza en mitad de la guerra, cuando el agresor pide tregua, queda desenmascarada como un engaño. Cuando son los representantes del estado los que hablan de no-violencia, mientras el estado utiliza la violencia contra sus ciudadanos, es una farsa”.

O como lo explicó de manera elocuente León Trotsky en Su Moral y la Nuestra: “un esclavista que con engaños y violencia encadena a un esclavo, y un esclavo que con engaños y violencia rompe esas cadenas, ¡que no nos digan los despreciables eunucos que son iguales ante el tribunal de la moralidad!”

Muchos dirigentes naturales, valientes e inspiradores, han surgido de manera espontánea del movimiento - para desaparecer después en la oscuridad o en celdas cuando la marea se retira. La tragedia es que no existe una estructura organizativa y de dirección de un tamaño suficiente para galvanizar y canalizar la energía de las masas hacia la actividad política coordinada y consistente. Armado con una serie de consignas claras y estructuras democráticas, el movimiento se podría extender rápidamente y convertirse en una fuerza poderosa. La culpa de este vacío y del potencial desperdiciado reside en la dirección actual de los sindicatos, que ha brillado por su ausencia, más allá de mensajes de solidaridad formales. Aparte de la sección 10 del sindicato de estibadores portuarios ILWU en la Bahía de San Francisco, que organizó una huelga de solidaridad el Primero de Mayo, no ha habido ningún esfuerzo por parte del movimiento obrero organizado para poner sus enormes recursos al servicio de organizar y extender la lucha.

Debido al pragmatismo de “sentido común” que se nos ha inculcado como parte de la ideología dominante del capitalismo estadounidense - que se puede resumir en la frase inimitable “hagámoslo”- la mayoría de nosotros no estamos predispuestos a elaborar generalizaciones teóricas amplias. Estamos limitados por los parámetros estrechos, provincianos del análisis político y histórico de los EEUU. Es por esto que los estadounidenses tienden a reaccionar ante los acontecimientos de manera empírica y emocional, enrabietándose, para después sucumbir a la impotencia cuando nos traicionan y nada fundamental cambia. A pesar de eso, millones de personas, de manera instintiva, están empezando a sacar conclusiones acerca de la relación entre los bajos salarios, el racismo y la desigualdad. La tarea del movimiento obrero es darle una expresión organizativa y de independencia de clase. Hasta que eso suceda veremos desarrollarse muchos movimientos que se disiparán sin llegar nunca a conseguir sus objetivos. Pero aquellos que participen y los observen, aprenderán de esa experiencia, y de manera gradual, estas luchas, provocadas por accidentes inconexos que expresan un necesidad histórica más profunda, empezarán a unirse, hasta converger en una lucha unificada contra el propio sistema capitalista.

Los estadounidenses disponen de muy pocas oportunidades para expresarse políticamente. Por este motivo, aunque no son más que un circo controlado y vacío de ideas políticas, lo cierto es que cuando se acercan las elecciones burguesas, aumenta el interés de la gente en la política. Con una izquierda históricamente debilitada, sin una dirección clara por parte de los dirigentes sindicales, inevitablemente el vacío se llena de manera distorsionada por todo tipo de liberales, populistas e incluso libertarios.

La candidatura de Bernie Sanders

El surgimiento de la candidatura de Bernie Sanders como candidato presidencial es una confirmación sintomática de esta perspectiva. En el desierto de la política estadounidense actual, su llamado a un “socialismo escandinavo”, sus ataques feroces a la “clase de los millonarios”, y su llamado a una “revolución política” tiene, naturalmente, un eco entre millones de personas. Está planteando de manera audaz ideas y palabras que habían desaparecido del discurso político durante décadas. Los marxistas sabemos, por supuesto, que Escandinavia es de hecho capitalista y que la clase obrera allí también sufre recortes y aumento de la explotación, pero al obrero estadounidense medio, la idea de un sistema de salud y educación universal, vivienda e infraestructuras de calidad, y protección laboral y medio-ambiental, ¡Por supuesto que le parece atractiva!

Según la UNICEF, los EEUU tienen al 32,2% de sus niños viviendo por debajo de la línea de la pobreza, colocándose en el puesto 36 de entre los 41 países más ricos del planeta, mientras que por ejemplo la cifra es del 5,3% en Noruega.

Sin embargo, no es un detalle secundario el que Sanders haya decidido presentarse a las primarias del Partido Demócrata. Seamos claros: el Partido Demócrata no es ni un partido, ni es democrático. Es una maquinaria electoral burocrática que está firmemente bajo el control de las grandes empresas. El propio Sanders ha acusado a Hillary Clinton de estar vinculada con los hermanos Koch, conocidos capitalistas, y con el magnate Sheldon Adelson. Aunque Sanders no es miembro del Partido Demócrata, sí es parte de su grupo parlamentario y ha votado con ellos en la mayor parte de las cuestiones durante años, incluyendo el apoyo abierto al ejército, la ayuda al gobierno reaccionario de Israel, y la guerra en Afganistán.

Presentarse a las elecciones presidenciales hoy en día requiere tener una billetera muy abultada y una red de agentes sobre el terreno. Sanders no dispone de ninguna de las dos. Aunque consiguió la cantidad respetable de 1,5 millones en las primeras 24 horas después de anunciar su candidatura, eso no es más que una gota en el océano, comparado con la cantidad total de 1.500 millones que los candidatos van a gastar en la campaña del 2016 en total. Es cierto que el dinero no lo es todo - las ideas y el entusiasmo son muy importantes - pero ni siquiera eso es suficiente.

Se requiere una vasta red social sobre el terreno para movilizar el voto, entusiasmar y educar a la gente sobre lo que realmente se decide. Según Sanders, ya hay 175.000 personas que se han comprometido a participar en su campaña a través de su página web. Pero organizar y coordinar a toda esta gente no es una tarea fácil, como él mismo admitió. Aparte de las maquinarias bien aceitadas de los Demócratas y los Republicanos, solamente el movimiento obrero organizado dispone de semejantes recursos, estructuras y activistas sobre el terreno. Por eso siempre insistimos en la idea de que los sindicatos tienen que ser la espina dorsal de un futuro partido independiente de la clase trabajadora. Y también por eso, un partido de ese tipo debe de tener estructuras organizativas claras, un programa, y candidatos elegidos democráticamente y responsables ante la militancia.

Es más, no basta con denunciar la desigualdad en abstracto. Sin un programa claro para la transformación socialista de la sociedad, al final, incluso las iniciativas emprendidas con las mejores intenciones, terminan colapsando. En la medida en que no se plantea la cuestión de la propiedad privada de los medios de producción, al final, las ideas de Sanders se limitan a atacar las aristas más punzantes de la desigualdad capitalista, en un intento desesperado e inútil de salvar al sistema de sí mismo.

En la medida en que no tiene una estructura organizativa independiente, Sanders ha optado por agarrarse a la maquinaria electoral de los Demócratas. Además, ha declarado explícitamente que no se presentará como independiente si no gana las primarias del partido, y que por lo tanto apoyaría a un candidato Demócrata contra uno Republicano - ya que no le gustaría ser el tercero en discordia.

En la medida en que quiere presentarse como Demócrata, Bernie Sanders no presentará una alternativa real a Hillary Clinton. Su participación en las primarias y los caucus ciertamente inyectará lenguaje e ideas de la clase trabajadora en el debate electoral. Pero al final, en lugar de representar el inicio de un proceso de rompimiento del movimiento obrero y de la clase obrera en general contra los Demócratas, lo único que logrará será en llevar a gente bienintencionada hacia su “tienda amplia” - que está férreamente dominada por los grandes capitalistas. Podría obligar a Hillary a adoptar una retórica más de izquierdas en un intento de ganar a algunos de sus seguidores pero, al final, son los grandes empresarios que financian la campaña los que deciden su contenido.

Al igual que el “candidato anti-guerra” Howard Dean al final solo sirvió para dar una cobertura “progresista” al candidato pro-guerra John Kerry en 2004, Sanders se está ofreciendo a jugar el papel de anzuelo. Este tipo de candidatura “independiente” solo puede servir para confundir y desanimar a aquellos que buscan de manera genuina una alternativa. No basta con “hacer algo”, hay que saber qué se hace y con qué objetivo.

Los capitalistas apuestan a ambos caballos, invirtiendo grandes sumas tanto en los Demócratas como en los Republicanos. Independientemente de quien vaya a ocupar la Casa Blanca, las empresas del Fortune 500 serán las vencedoras. Este péndulo electoral continuará hasta que surja una fuerza de masas que desafie al status quo de manera audaz. El surgimiento de una organización política de la clase trabajadora será un proceso de años, con inicios y paradas, éxitos y derrotas. Irá acompañado de un descontento social amplio y prolongado y de luchas, e inevitablemente vendrá acompañado de giros, escisiones y crisis en los dos partidos principales.

Si se hubiera presentado como independiente, el atractivo de Sanders hubiera sido mucho mayor a largo plazo, y hubiera podido sentar las bases para algo mayor en el futuro. El rápido surgimiento de Podemos en España y de Syriza en Grecia, son ejemplos de lo que es posible si uno se enfrenta de manera decidida a los partidos de los empresarios, en lugar de intentar trabajar con ellos.

En este contexto, fomentar ilusiones en Sanders es fomentar la ilusión de que los Demócratas pro-capitalistas pueden ofrecer una salida a la crisis a la que se enfrenta la clase trabajadora. Por eso los marxistas no podemos ni siquiera ofrecer un apoyo crítico a su campaña.

Si se hubiera presentado como independiente y usado su candidatura como un paso hacia la ruptura de los sindicatos con los Demócratas, y el establecimiento de un partido independiente de la clase trabajadora, nuestra reacción hubiera sido diferente, a pesar de sus limitaciones. El apoyo y el entusiasmo que ya ha generado son una prueba clara de que sería un momento idóneo para lanzar un partido laborista de masas con un programa socialista. Millones de trabajadores serían receptivos a la idea.

Sin duda, decenas de miles de estadounidenses sacarán conclusiones políticas avanzadas de su experiencia en la campaña electoral como resultado de la presencia de Sanders, tanto de sus éxitos como de sus limitaciones. Esto representa un paso cualitativo en la dirección correcta.

En los próximos meses habrá una enorme presión hacia la política del mal menor - primero para apoyar a Sanders y después a Clinton. Ante esto tenemos que mantenernos firmes y claros en nuestras ideas y perspectivas. De lo contrario quedaríamos desacreditados por sembrar falsas ilusiones. Debemos mantener nuestro punto de vista y al mismo tiempo conectar con aquellos que apoyan a Sanders. Se requiere cierta habilidad y tacto, pero es necesario. La clase obrera en EEUU requiere una dirección revolucionaria marxista.

En realidad, las vidas negras no importan bajo el capitalismo. En realidad, ninguna vida le importa a este sistema - sólo le interesan los beneficios. Luchar solamente por la igualdad de brutalidad policial y opresión para todos no es una auténtica libertad. El poder de cambiar la sociedad ya existe de manera potencial. Lo que hace falta es hacerlo realidad. Hemos explicado muchas veces que cuando la clase obrera en los EEUU se ponga en movimiento nada podrá detenerla.

Los golpes económicos y los acontecimientos internacionales impactarán profundamente en el desarrollo de la lucha de clases en EEUU. De Venezuela y Egipto a Wisconsin, de Grecia y España a Baltimore, Israel y más allá, lo que antes parecía una proposición aparentemente abstracta y teórica, ahora se desarrolla ante nuestros ojos: el inicio del inicio de la revolución socialista mundial. El proceso ha empezado. Necesitamos claridad política y organización, y un programa y una perspectiva para acabar con la dominación del capital de una vez por todas. Si estás de acuerdo con estas ideas, te invitamos a unirte a la CMI para luchar por un mundo mejor.

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