Mundo árabe y oriente medio
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Las negociaciones entre el Consejo Militar de Transición (TMC) y los representantes del movimiento revolucionario de Sudán han sido suspendidas. Son conversaciones que nunca debieron haber ocurrido y el momento es ahora para que los trabajadores sudaneses pasen a la ofensiva.

¿Qué es el TMC?

Enfrentados con un poderoso movimiento revolucionario, los líderes de las Fuerzas Armadas del (ya depuesto) presidente Omar Bashir, lo removieron del poder y tomaron control del gobierno. Organizaron el TMC y prometieron elecciones en pocos años. Son los colaboradores de Bashir y representan la continuidad del régimen. La única razón para deponerlo fue impedir el colapso total del sistema. Sólo están motivados por su propia preservación y no tienen ningún interés en hacer caso a las demandas del pueblo revolucionario de Sudán. Sus promesas son papel mojado.

Durante estos eventos, la expresión más organizada del movimiento es conocida como la Declaración de Libertad y Cambio (DFC por sus siglas en inglés), cuyo sector dominante es la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA), que entró en negociaciones con el TMC acerca de la composición del futuro régimen. La DFC ha llamado a que el TMC ceda el poder, aunque ha aceptado su participación como parte del futuro gobierno.

Sin embargo, como ya hemos dicho antes, es un error fatal confiar en el TMC. Estos comandantes militares son criminales y asesinos que participaron de forma entusiasta en la opresión brutal de las masas sudanesas durante décadas. No representan a nadie más que a sí mismos y no tienen ningún derecho a negociar posiciones en el futuro gobierno del país. Cada uno de ellos debe ser sacado del poder, tal cual cómo se hizo con Bashir.

Un acuerdo podrido

A pesar de lo dicho, los líderes de la SPA y otros están siguiendo con las negociaciones. Llegaron a un acuerdo para un periodo transicional de tres años, después del cual habrá una elección legislativa para 300 parlamentarios, de los cuales el 67% serían firmantes de la Declaración de Libertad y Cambio (DFC), y el resto no lo serían. En el acuerdo no hubo ninguna mención de la composición del consejo de gobierno.

Es un pésimo acuerdo. Las masas sudanesas han logrado tumbar a Bashir y tienen toda la capacidad de dar al traste con sus amigotes del TMC. ¿Para que esperar tres años para unas elecciones que pueden hacerse ahora mismo? Esta espera no le sirve a nadie más sino a estos líderes militares que necesitan tiempo para distanciarse y lavar sus crímenes.

¿Porqué se tiene que destinar un tercio de los diputados a las fuerzas contrarrevolucionarias? Son las masas revolucionarias las que están llevando hacia adelante al Sudán. Las capas de la sociedad que obstaculizan el proceso deben ser echadas a un lado, no se les debe garantizar puestos parlamentarios en una elección que de otra forma no tendrían ninguna oportunidad de conseguir.

Por encima de todas, la cuestión del consejo de gobierno es decisiva. Está claro que los militares quieren seguir manteniendo su férreo control del Sudán incluso después de las elecciones legislativas. En otras palabras, el régimen de Bashir continuaría con una pequeña apariencia democrática. Su aparato de dirección estatal va a estar compuesto de los mismos tiranos reaccionarios y sedientos de sangre que lo han dirigido hasta hoy día. Las masas sudanesas no van a aceptar esto.

Provocaciones y maniobras

Mientras este paupérrimo acuerdo está siendo negociado, el TMC está usando las discusiones para enredar a la SPA y otros líderes de las protestas, preparándose para reprimir con fuerza a las masas en las calles.

Hace pocos días, durante las negociaciones, las protestas en Jartum fueron atacadas por violentos desconocidos y cuatro personas fueron asesinadas. Los jefes militares no hicieron nada para intervenir y han achacado las muertes a actuaciones de vigilantes armados. Estos acontecimientos provocaron que mucha más gente se uniese a las manifestaciones en varias ciudades, hecho condenado por los militares como una manera inapropiada de conducir las negociaciones.

Desde entonces, la violencia esporádica contra los manifestantes se ha intensificado. Ha habido informes de unidades militares tratando de romper las barricadas levantadas por la población y abriendo fuego. La represión no ha hecho sino incrementar el alcance de las protestas, tomando conciencia el pueblo de las maniobras sangrientas de parte de los comandantes militares.

Se siente en el pueblo la voluntad de lucha –muchos pueden ver que el acuerdo negociado carece de sustancia. Pueden ver que una transición pacífica es imposible mientras los militares estén involucrados en la misma.

El jefe del TMC, Burhan, está intensificando la violencia en las protestas intentando desmoralizar y dividir al movimiento. Ha declarado una suspensión en las negociaciones aduciendo que ‘la revolución ya no es pacífica’, y que la única forma de destrabarlas es removiendo las barricadas, levantando los bloqueos de los ferrocarriles, enfriando la situación revolucionaria y ‘dejando de antagonizar a las fuerzas del régimen’. Estas declaraciones vinieron un día después de que fuerzas paramilitares anónimas atacaran las barricadas en Jartum, asesinando a varios manifestantes en plena luz del día, sin que los militares actuaran para impedirlo.

Es tiempo de una ofensiva de los trabajadores

Los líderes del movimiento han respondido con un llamamiento a una intensificación de las protestas, a la desobediencia civil, además de anunciar ‘preparaciones’ para una huelga general de carácter político (aunque una fecha oficial o medidas específicas no han sido anunciadas). De todas formas, ríos de gente han respondido y han salido a las calles. Decenas de organizaciones obreras han comprometido su apoyo a la huelga, desde profesionales en el sector salud y empleados del estado, a los trabajadores portuarios, de los aeropuertos y del transporte.

El Teniente General Mohamed Hamdan ‘Hemeti’ es el segundo al mando del TMC y comandante de la violenta milicia tribal conocida como Rapid Support Forces (Fuerzas de Apoyo Rápido, la milicia personal de Bashir). En el pasado se ha presentado como si estuviese al lado de los manifestantes, sin embargo, anunció que cualquier empleado estatal que se atreviese a ir a la huelga, ni se debería molestarse en volver al trabajo. En respuesta, muchos trabajadores se lanzaron a la protesta con pancartas directamente retando a Hemeti a venir personalmente y echarlos de sus puestos de trabajo. El estado de ánimo de la clase trabajadora es desafiante y sin una pizca de miedo.

Se logró partir en dos al ejército y tumbar a Bashir, no debido a unas negociaciones, sino al movimiento de masas y al ánimo combativo. Un movimiento de similar categoría puede enterrar al TMC, pero para lograrlo debe estar organizado a un nivel superior.

Todo el poder a la clase obrera

Lo que necesita el movimiento es una clara organización y dirección. Ya hay comités de protesta organizados en lugares de trabajo, barrios, ciudades y pueblos a lo largo y ancho del país. No sería muy difícil vincularlos en una red nacional que coordinase una huelga general. Al mismo tiempo, el movimiento debe aproximarse a las fuerzas armadas con una campaña política para organizar a la base, los soldados de a pie, la mayoría de los cuales están al lado de la revolución.

Un movimiento de estas características revelaría la naturaleza parásita de los generales y los ricos que han estado mandando recostados sobre los trabajadores y los pobres durante décadas. Los líderes del movimiento no deben gastar un segundo más negociando acuerdos con estos tiranos. Lo que se necesita es barrer cada rastro del régimen de Bashir. No debe quedar piedra sobre piedra de aquel aparato estatal opresor.

La clase trabajadora sudanesa puede construir un nuevo Estado. Ya podemos ver el embrión de éste en los campamentos y comités de protesta en todo el país. Un país dirigido por y para los trabajadores es posible, y un movimiento serio hacia una huelga general de carácter político va a fortalecer la capacidad organizativa y la confianza de los trabajadores en su propia clase.

La tarea de la Revolución Sudanesa es romper con el sistema capitalista, cuya crisis trajo la chispa que prendió la llama del actual movimiento revolucionario. Sólo los trabajadores sudaneses pueden forjar su propio futuro. Deben barrer cualquier vestigio de antiguos regímenes y tomar el destino en sus propias manos.

PS:

[Nota de Lucha de Clases] Ayer 28 de mayo se produjo, efectivamente, una huelga general en Sudan respondida masivamente por los trabajadores metalúrgicos, bancarios, líneas aéreas, transporte, médicos, empleados estatales, comerciantes. Sudán quedó completamente paralizado. Esto es tanto más notable cuanto que los sindicatos estuvieron completamente ilegalizados durante décadas, pero ahora han resurgido con una fuerza explosiva, y donde al frente del movimiento se ha situado la juventud que no ha conocido unas elecciones en su vida.