Mundo árabe y oriente medio
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Al igual que con todas las elecciones en el período pasado en Turquía, las elecciones locales que se llevaron a cabo el domingo 31 de marzo fueron en realidad un referéndum sobre el presidente Recep Tayyip Erdogan. Pero mientras Erdogan solía obtener victoria tras victoria con facilidad, esta vez su imagen de invencibilidad obtuvo importantes abolladuras.

 

Las elecciones turcas nunca pasan sin incidentes. Desde el mismo día de las elecciones locales, el partido gobernante, Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), exigió un recuento de todos los votos anulados en Estambul, y posteriormente un recuento general de todos los votos en Estambul. Esto sucedió por la anulación del resultado en un distrito de Estambul, debido a un presunto fraude electoral, donde el partido local afirma que 20.000 votantes no existentes se registraron ilegalmente. Convenientemente, esto es más o menos la cantidad de votos que le faltó al candidato del AKP a la alcaldía, perdiendo ante Ekrem İmamoğlu del principal partido opositor, el Partido Popular Republicano (CHP). Ahora el AKP está exigiendo que se organicen nuevas elecciones en Estambul.

El partido estaba siguiendo, hasta hace unos cuantos días, una línea similar en la capital, Ankara, donde el AKP también perdió ante un candidato del CHP. Está claro que Erdogan no va a entregar Ankara y Estambul fácilmente. Demasiada influencia e ingresos están sobre la mesa, sin los cuales tendría dificultades para mantener su amplia red de clientelismo. Pero todo tiene un olor a desesperación. Está claro para todos que ha perdido políticamente las ciudades. Esto es particularmente hiriente, ya que fue desde Estambul, cuando Erdogan se convirtió en alcalde en 1994, donde lanzó su carrera política.

El hecho es que el país se le está deslizando lentamente de entre las manos. Oficialmente la alianza electoral de Erdogan (que incluía al partido de derecha Partido de Acción Nacionalista (MHP)) ganó las elecciones con un 51,63 por ciento de las papeletas. Esto es aproximadamente un 2 por ciento por debajo de las elecciones parlamentarias de 2018. Sin embargo, su partido perdió una serie de áreas metropolitanas importantes ante el CHP, que más allá de las dos ciudades más grandes, Estambul y Ankara, también se impuso en las importantes provincias de Adana, Antalya y Hatay del AKP o del MHP. Junto con Esmirna, que es un bastión tradicional del CHP, este partido ahora controla las 3 ciudades más grandes del país.

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En Estambul, tan solo el AKP solía obtener alrededor del 50 por ciento de los votos. En las elecciones generales de 2015, el AKP y el MHP recibieron juntos el 57,34 por ciento de los votos en Estambul. En las elecciones parlamentarias de 2018, su voto conjunto se había reducido al 53,66 por ciento. Este año, a pesar de acumular sus votos, y el MHP retirándose a favor del AKP, su voto se redujo aún más, recibiendo el 48,55 por ciento de los votos. Teniendo en cuenta que el énfasis principal en la campaña de todos los demás partidos era 'no ser Erdogan', podemos ver que una mayoría en la ciudad se está volviendo en su contra. Estos son golpes duros y desmoralizadores para el AKP y su base, que hasta hace poco estaban acostumbrados a saltar de victoria en victoria.

Una imagen similar apareció en las demás ciudades principales. En el sudeste kurdo, el AKP se apresuró a declarar la victoria, en particular después de ganarle las provincias de Agri y Sirnak al izquierdista HDP, basado en las áreas kurdas. Esto fue en medio de informes de miles de personas siendo transportadas desde las afueras para votar el día de las elecciones. Sin embargo, hay que decir que incluso aquí, los resultados de Erdogan no fueron impresionantes. Desde 2014, Erdogan ha estado llevando a cabo una guerra civil unilateral contra la población kurda para desalojar al Partido Democrático de los Pueblos (HDP). En este periodo, ha demolido barrios completos donde el apoyo para el HDP era grande. Ha estado moviendo tropas al área para actuar como ganado de votos y ha arrestado a miles de partidarios y activistas del HDP junto con más de 60 alcaldes del HDP y más de una docena de diputados del HDP (incluyendo los principales líderes del partido), todos sobre acusaciones falsas de terrorismo. Al mismo tiempo, todos los candidatos conocidos del HDP fueron bloqueados para presentarse como candidatos en las últimas elecciones. Sin embargo, el HDP logró recuperar las principales ciudades de la zona.

 

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Campaña de Terror

Aunque el sureste fue el más afectado, la campaña de terror no quedó aislada en este área. Las elecciones siguieron lo que ahora se ha convertido en un modelo cada vez más familiar. A lo largo de la campaña Erdogan creó una atmósfera de miedo y terror, anticipando lo que podría suceder si su partido (o más bien, él) no ganara. Acusó a los partidos de la oposición y a sus votantes de compartir la cama con terroristas. Repitió una y otra vez videos de la masacre de Christchurch, jugando con el temor de que los occidentales son una amenaza para los musulmanes. Y así sucesivamente. Todo esto fue reportajeado fielmente, ampliado y respaldado por los medios de comunicación, que están más o menos bajo el control total de Erdogan, mientras que él hacía una campaña incansable por todo el país todos los días.

Esto no solía ser el caso. Cuando Erdogan llegó al poder en 2002, era el liberal desvalido que luchaba contra el calcificado régimen Kemalista que tenía el control total sobre el Estado y la economía. En aquel entonces, el AKP, que se convirtió en el partido de la débil burguesía de Anatolia, pedía más democracia y el fin de la interferencia del Estado en la política y en la economía.

Ahora se han vuelto las tortillas. Erdogan era una vez conocido por estar en contra de la corrupción, el saqueo y el nepotismo dentro del aparato estatal. Pero eso fue cuando él y su propia base no estaban beneficiándose de esto. A lo largo de los años, Erdogan ha ejercido un firme control sobre el aparato estatal. En 2016, respondió a un intento de golpe de Estado con su propio golpe, eliminando a más de 130.000 personas del aparato estatal y reemplazándolos con personas leales al AKP.

Ahora, como su gobierno se enfrenta a una presión mayor, depende desesperadamente del control sobre las estructuras estatales para mantener esta red de clientelismo. La pérdida de los principales municipios de Estambul y de Ankara será un golpe para esta red, propulsando aún más su declive. El nivel de participación de Erdogan en las elecciones locales también revela hasta qué punto su partido ha sido purgado repetidas veces y formado para ser la secta de un solo hombre - muy lejos de la organización con millones de activistas que fue una vez.

La hipocresía, la intimidación y la corrupción absoluta han enfriado el ánimo de la base de apoyo de Erdogan. Las críticas han aumentado y el entusiasmo de los antiguos partidarios del AKP ha disminuido. Este es un proceso que ha estado ahuecando el gobierno de Erdogan durante años. Al mismo tiempo, muchas de las aventuras de prestigio de Erdogan, como la guerra en Siria, pelearse con el imperialismo estadounidense y los megaproyectos de construcción como el nuevo Aeropuerto de Estambul, han llevado a reveses humillantes.

Se suponía que la intervención de Turquía en Siria era el primer paso de las ambiciones imperialistas de Erdogan para erigir una moderna reencarnación del imperio otomano. Pero hasta ahora todas sus maniobras han fracasado y ahora está atrapado de un lado por Rusia e Irán y del otro lado por el imperialismo estadounidense. Mientras tanto, Turquía se ha convertido en el hogar de millones de refugiados sirios, que se están convirtiendo en un punto de tensión económica y política a medida que la economía turca en general está bajo presión. Por otro lado, la postura provocadora de Erdogan hacia EE.UU. ha desatado una serie de enfrentamientos con Donald Trump, quien ha aumentado la presión sobre Ankara. Erdogan usa el choque con los EE. UU. parcialmente para crear entre sus partidarios en Turquía una sensación de estar sitiado, pero al final el enfrentamiento con Occidente lo ha dejado más aislado y débil a escala internacional que antes.

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Al mismo tiempo, junto con la disminución general del apoyo al AKP, Erdogan se ha vuelto cada vez más dependiente del MHP, nacionalistas de derechas. Inicialmente, pensó que podía ordeñar el MHP para conseguir los votos nacionalistas después de la guerra civil que inició contra la población kurda. Pero con el declive de su voto conjunto, está claro que ahora depende completamente del partido para mantener la mayoría. En lugar de tomar los votos del MHP, la canibalización también comenzó a ir hacia el otro lado y, en varias ocasiones durante estas elecciones locales, el MHP hasta ganó escaños del AKP. Otra abolladura en la imagen del hombre fuerte.

 

La Economía

Lo más importante sin embargo es la economía. A lo largo de los años, muchas personas han atribuido el éxito de Erdogan a su culto a la personalidad y a su trasfondo religioso. Sin embargo, si bien es cierto que estos factores desempeñan un cierto papel, ese es minúsculo en comparación con los factores económicos.

Cuando Erdogan llegó al poder en 2002, Turquía atravesaba una profunda y aguda crisis política y económica. Todos los partidos políticos habían sido completamente desacreditados por innumerables escándalos de corrupción y su incompetencia ante la crisis económica. El AKP fue visto como un par de manos limpias no comprometidas con el aparato estatal y el ala dominante de la clase capitalista.

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Pero con el respaldo del auge económico mundial, la entrada de Erdogan a la escena también coincidió con la mayor alza económica en la historia turca. El PIB de Turquía pasó de $ 200 mil millones en 2001 a $ 950 mil millones en 2013. Esto fue seguido por un crecimiento masivo en infraestructura e industrialización, que afectó a las áreas de Anatolia –la base tradicional de Erdogan– más que a cualquier otra área. Estas áreas que antes eran económicamente extremadamente atrasadas ahora estaban salpicadas de grandes ciudades industriales donde se mudaba una nueva clase obrera. Los niveles de vida aumentaron en paralelo con el PIB, con un ingreso entre los más pobres que casi se cuadruplicó en una década.

Durante este período, el capitalismo turco tuvo espacio para dar ciertas concesiones, en particular a los más pobres de la sociedad. Agua corriente, electricidad, acceso a asistencia médica gratuita y educación: todas estas cosas de repente se pusieron a disposición en enormes áreas que habían estado más o menos aisladas del mundo moderno durante décadas. Todo esto estaba relacionado con el nombre de Erdogan y el AKP. Esta es la base real de la fuerza de Erdogan. A los ojos de millones de turcos y, en particular, de las nuevas capas de la clase trabajadora, la transformación completa de sus vidas fue gracias a Erdogan.

A los ojos de estas capas de áreas previamente marginadas de Turquía, la oposición kemalista no estaba interesada en nada más que en las grandes ciudades occidentales del país. También fueron desacreditados por completo por su comportamiento en la década de 1990, que vio a cada uno de los partidos involucrados en escándalos de corrupción.

Mientras la economía avanzaba, el régimen de Erdogan era estable. Pero desde el inicio de la crisis económica mundial de 2008, la inestabilidad se ha venido acercándose sigilosamente de todos los lados y ha tenido que recurrir a medidas cada vez más drásticas para mantener a flote la economía. Los niveles de deuda, que solían ser muy bajos, aumentaron de forma acusada a la vez que se inyectaron miles de millones de dólares en el sistema. Pero la realidad está alcanzando a todas estas maniobras.

En el último año, la lira turca ha perdido un tercio de su valor frente al dólar. Esta caída solo fue detenida por una subida de las tasas de interés de hasta el 24 por ciento. La inflación también subió por encima del 20 por ciento y Turquía entró en recesión después de que la economía se contrajo en un 3 por ciento en el cuarto trimestre de 2018, después de haberse reducido un 1,7 por ciento en el tercer trimestre. En total, la economía creció un 2,5 por ciento en 2018, en comparación con 7,5 por ciento en 2017. Para este año muchos proyectan que se contraiga en un 0,3 por ciento. En general, hay una desaceleración muy marcada en la economía que ya está ejerciendo una enorme presión sobre la clase trabajadora.

 

Ninguna alternativa

Si esto no ha conducido ya a mayores derrotas para Erdogan, no es por falta de potencial, sino por falta de una alternativa. El principal partido de la oposición, el CHP, solía ser un híbrido de un partido nacionalista de derecha y uno nacionalista de izquierda, pero ha girado cada vez más hacia la derecha. Sus líderes no son más que los portavoces desvergonzados de la clase capitalista tradicional. Además, han apoyado la guerra de Erdogan contra los kurdos, el encarcelamiento de decenas de miles de partidarios del HDP, y han recibido públicamente a los nacionalistas de derecha, como su propio candidato a la alcaldía de Ankara, Mansur Yavaş. Su socio electoral, el partido IYI, también es un partido nacionalista de derecha. Incluso el antiguo laicismo kemalista se ha ido, ya que ha abrazado una retórica claramente más islámica. De hecho, lejos de plantear una oposición real, ya no es nada más que la cola del AKP. Incluso el diario Daily Sabah, que está muy cerca del AKP, admitió esto cuando escribió:

“... la ideología kemalista-izquierdista del CHP se ha transformado desde el cambio de Turquía al sistema presidencial. El partido parece haberse separado de su retórica tradicional jacobina y ha respaldado candidatos sin ideología en varias ciudades para ganar elecciones municipales”.

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Por ejemplo, el candidato del CHP en Ankara, Mansur Yavaş, era un nacionalista conservador. Después de la elección, el alcalde electo puso letreros en toda la ciudad que decían: '¡Vamos, en marcha, bismillah!', usando una frase islámica. Del mismo modo, el candidato a la alcaldía del CHP en Estambul visitó mezquitas, recitó el Corán e hizo referencias frecuentes a los valores religiosos durante la campaña electoral. Para no decir más, esta es una situación poco convencional para el CHP y Turquía. Claramente, el principal partido de la oposición ha alcanzado un acuerdo con el hecho de que necesita apaciguar a los conservadores para ganar en la política turca.

Es cierto que el AKP y el MHP perdieron votos en estas elecciones en comparación con las elecciones parlamentarias en 2018, pasando de 26,3 millones (53,6 por ciento) a 20,6 millones (51,63 por ciento). Pero a la oposición oficial (el CHP, y el IYI junto con el HDP, que se retiró de todas las áreas principales donde el CHP tenía una oportunidad, apoyando así al CHP) le pasó igual, pasando de 22,1 millones de votos (44,3 por ciento) a ¡19,2 (41,8 por ciento)! En unas elecciones tan cargadas, esto revela que la oposición no es vista como una alternativa real a Erdogan. La falta de una alternativa significa que la permanencia de Erdogan en el poder se prolonga. Pero por debajo de la superficie se están preparando poderosas explosiones. En enero de 2018, 130.000 trabajadores metalúrgicos votaron ir a la huelga por salarios más altos. La huelga fue clausurada por una intervención del gobierno, pero revela lo que se está preparando para el futuro.

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     (AKP: Amarillo) (CHP: Rojo) (MHP: Marrón) (HDP: Morado)

 

En el período previo a las elecciones locales, el AKP se vio obligado a tomar medidas drásticas, como la instauración de puestos de hortalizas estatales que venden productos a bajos precios. Esto habrá salvado la cara de Erdogan, pero es una indicación de la gravedad de la situación que se está acercando. La cólera está extendida entre amplios sectores de la población que se enfrentan a enormes presiones económicas. Esto se intensificará en el próximo periodo. Una gran crisis está en camino en Turquía y a quienes se les pedirá pagarla serán los trabajadores, la juventud y los pobres.

Esto no solo conducirá a convulsiones en la vieja clase trabajadora tradicional, sino que también desgarrará violentamente los vínculos ilusorios entre el AKP y esas nuevas capas de trabajadores que asocian su gobierno con condiciones mejoradas. Con la escena política completamente osificada, es muy probable que las primeras avenidas de la lucha futura serán en el frente económico e industrial. Pero en las condiciones de Turquía, con el poder cada vez más concentrado en las manos de un solo hombre, no pasará mucho tiempo hasta que tales movimientos tomen un carácter político contra el aspirante a hombre fuerte y el régimen que ha erigido.