La primera vuelta de las elecciones presidenciales tunecinas del 15 de septiembre, calificada de "insurrección electoral", fue un golpe duro contra todos los partidos que, de un modo u otro, han gobernado el país desde el derrocamiento revolucionario de Ben Ali en 2011. Casi nueve años después y no se ha abordado ninguno de los problemas sociales y económicos que desencadenaron la revolución. Esto se vio a través de una mayor abstención (la participación fue de sólo el 45 por ciento, 18 puntos menos que en 2014) y dos candidatos "ajenos" al establishment que pasaron a la segunda vuelta, a pesar de que uno de ellos fue encarcelado por evasión fiscal durante la campaña.

Una serie de ataques contra instalaciones petroleras sauditas han hecho saltar chispas una vez más en Oriente Medio. Sólo meses después de la cancelación a último minuto de un ataque estadounidense contra Irán, y semanas después de buscar conversaciones sin condiciones previas, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, está llenando una vez más Twitter con amenazas e intimidación. Mientras tanto, los precios del petróleo se dispararon un 20 por ciento y sus efectos ya se están abriendo camino en los sensibles mercados de petróleo y divisas.

Las chispas han estado saltando recientemente entre el gobierno de los Estados Unidos y el régimen iraní. En la noche del 20 de junio, el presidente Trump de Estados Unidos, ordenó ataques con misiles sobre Irán, pero luego los canceló abruptamente. El incidente fue el culmen (hasta el momento) de semanas de tensiones entre los dos gobiernos. El ataque abortado se produjo después de que Irán derribara un dron estadounidense en algún lugar cerca del Estrecho de Ormuz. Los Estados Unidos afirman que el avión no tripulado estaba en el espacio aéreo internacional. Las autoridades iraníes, sin embargo, afirman que el dron estaba dentro del espacio aéreo iraní cuando fue derribado.

En la noche del 4 de julio se llegó a un acuerdo para compartir el poder entre el Consejo Militar de Transición (TMC), la junta militar actualmente en el poder, y las Fuerzas para la Libertad y el Cambio (FFC), que incluye a los principales dirigentes del movimiento revolucionario que estalló en diciembre pasado. Esto tiene lugar tras la impresionante movilización de un millón de personas el 30 de junio pasado. 

El lunes 17 de junio, el ex presidente de Egipto, Mohamed Morsi, se desmayó y murió durante el juicio por espionaje al Estado egipcio. Morsi, que padecía diabetes y enfermedades crónicas del riñón y el hígado, había estado encarcelado desde 2013, cuando su presidencia fue derrocada por uno de los mayores movimientos de masas de la historia de la humanidad.

La revolución argelina no se detuvo con la caída de Buteflika. El régimen quiere ahora desviar la ira de las masas hacia un canal más seguro para él: las elecciones presidenciales previstas para el 4 de julio. Sin embargo la masa de trabajadores y jóvenes de Argelia percibe con claridad el significado de esta maniobra del régimen, que busca recuperar la "legitimidad democrática" mediante elecciones que va controlar de principio a fin.