Las elecciones parciales legislativas de EEUU están al caer y las elecciones de 2020 a la vuelta de la esquina. Considerado por muchos como un referéndum sobre Trump y una vista previa de las próximas elecciones presidenciales, estas elecciones también será un referéndum sobre el sistema político en su conjunto. Si bien es posible que se produzca una sacudida anti-Trump, decenas de millones simplemente las ignorarán entendiendo instintivamente que si los Demócratas o los Republicanos controlan el Congreso, no se producirá ningún cambio fundamental.

En 1908, Lenin escribió un artículo titulado Material inflamable en la política mundial. Pero la cantidad de material inflamable en la situación del mundo actual eclipsaría cualquier idea que el líder bolchevique hubiera podido tener en mente. Por todas partes observamos síntomas de inestabilidad, agitación y convulsión: en el conflicto entre Rusia y Ucrania, en la sangrienta guerra civil siria, en el conflicto entre Irán, Israel y Arabia Saudí, en la cuestión sin resolver de Palestina y en la ya interminable guerra en Afganistán.

Los socialistas estamos nadando a favor de la corriente de los acontecimientos, como lo demuestra el crecimiento explosivo de los Socialistas Demócratas de América (DSA) y de los movimientos de masas. Pero, ¿hacia dónde nos dirigimos?

Se suponía que no podía suceder. El actual congresista Demócrata de Nueva York, Joe Crowley –el jefe de la máquina del Partido Demócrata del Condado de Queens, programado para reemplazar a Nancy Pelosi como presidente de la Cámara del Congreso, si los Demócratas retoman la mayoría– fue derrotado en las primarias Demócratas de su distrito por Alexandria Ocasio-Cortez, una joven activista de 28 años que se identifica como socialista y que es miembro de los Socialistas Demócratas de América (DSA, por sus siglas en inglés).

La administración Trump y la bancada Republicana en el Congreso han sufrido una derrota tras el desplome de su propuesta de “Revocar y reemplazar el ObamaCare”, el programa sanitario aprobado por el anterior gobierno de Obama. Hablando históricamente, un nuevo presidente tiene mayor fuerza en los primeros 100 días de gobierno. Trump ha estado menos de 65 días sin ninguna victoria y ahora con una gran derrota.

La clase obrera conscientemente organizada, en forma de un partido socialista de masas, podría detener un movimiento fascista en expansión.

El 12 de agosto, las imágenes en directo de violentas batallas callejeras entre manifestantes "nacionalistas blancos" y neonazis y un mar de contramanifestantes en Charlottesville, Virginia, inundaron las noticias y las redes sociales de todo el mundo. La marcha "Unir la Derecha" fue organizada por una variedad de organizaciones de supremacistas blancos, neonazis, el Ku Klux Klan y otras más de extrema derecha, en respuesta a la tan esperada decisión de la ciudad de quitar una estatua del general Robert E. Lee -el jefe militar de los esclavistas del sur en la guerra de secesión norteamericana- uno de los más de 1.000 monumentos confederados que aún permanecen en 31 Estados de los Estados Unidos.

En ciertas condiciones, todas las cosas pueden transformarse en su contrario. Antes de la llegada de su último huésped, la Casa Blanca había sido durante mucho tiempo un símbolo de la inmensa estabilidad y confianza del régimen político de los EEUU. Hoy está en el centro de una tremenda crisis política.