Desde la muerte de Robert Mugabe el viernes 6 de septiembre, los medios de comunicación occidentales no han hecho más que mostrar su repulsión por el ex dictador. Lo que no se informa es que, durante la mayor parte de su mandato de 37 años, Mugabe fue el favorito de Occidente. Mientras aplicaba fielmente las políticas del imperialismo occidental, éste apuntalaba su régimen y hacía la vista gorda ante sus atrocidades. Pero todo eso se olvida hoy, y se describe a Mugabe como alguien que persiguió sin piedad a sus oponentes y arruinó a su país.

La chispa del 7 de junio ha encendido las contradicciones de la sociedad liberiana. La movilización masiva de las masas el viernes pasado fue una bofetada en la cara de los cínicos que argumentaban que el pueblo liberiano seguiría aceptando alegremente el podrido statu quo sin actuar para cambiar el curso de la historia. Sin embargo, el marxismo nos enseña que las cosas están en constante cambio y también lo está la conciencia de las masas liberianas.

Nota: este artículo fue publicado poco antes de que Mugabe anunciara su renuncia, con efecto inmediato, aproximadamente a las 4 p.m. (UTC).

El lunes 20 de noviembre por la mañana, Zimbabwe estaba al filo de la navaja después de que, la noche anterior, Robert Mugabe no anunciara su renuncia como presidente. Su renuncia era ampliamente esperada después de que perdiera el control total de su partido durante el fin de semana.

Los resultados electorales pueden ser un importante barómetro del estado de ánimo en la sociedad. Los resultados de las sextas elecciones nacionales y provinciales del 8 de mayo confirman que existe un gran fermento en la sociedad sudafricana. La fuerte caída en la participación, ligada a la alta abstención del proceso electoral, especialmente entre la juventud, significó que, por primera vez, una minoría de la población en edad de votar participó en los comicios. Esto es muy significativo en un país donde la clase trabajadora conquistó el derecho a voto hace tan solo 25 años.

Mientras escribimos estas líneas, el imperio Zuma-Gupta se está desmoronando. En uno de los días más dramáticos de los últimos tiempos en la política sudafricana, Jacob Zuma -y sus amigos, los hermanos Gupta- están siendo purgados por un ala rival de la clase dominante. La purga es el signo más enfático de que las dos facciones rivales ya no pueden cohabitar.