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Tras 47 años de espera, la fiscalía de Irlanda del Norte ha decidido procesar sólo a un soldado –conocido como soldado F– involucrado en la masacre del Domingo Sangriento, perpetrada por paracaidistas británicos en 1972.

El 30 de enero de 1972, en el barrio de Bogside, Derry, paracaidistas británicos dispararon a 28 personas desarmadas durante una marcha por los derechos civiles contra los encarcelamientos. Dicho día ha sido recordado como el “Domingo Sangriento”.

13 personas murieron (a la que se añadió otra víctima más tarde, cuya familia cree que las heridas recibidas ese día causaron su muerte), seis de los cuales a la temprana edad de 17 años.

5 meses antes, en agosto de 1971, después de un periodo ascendente de violencia y atentados con bomba, se introdujo una nueva ley que daba poder a las autoridades para recluir a gente sin previo juicio. Este fue el detonante de la protesta de aquel domingo.

Desde 1972 se han sucedido varias investigaciones ‘revisando’ el incidente. La primera concluyó que los paracaidistas británicos “actuaron de forma valiente y sin errores”. El informe de Widgery, publicado 11 semanas tras el acontecimiento, calificaba a las víctimas como peligrosos criminales que buscaban un encuentro violento con la policía. Los oficiales británicos afirmaron durante un tiempo que fueron disparados, lo cual ha demostrado ser mentira. Los muertos fueron víctimas inocentes de la opresión imperialista británica.

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También se ha revelado que el Mayor General Robert Ford, quien ordenó enviar tropas a Bogside ese día, envió un memorando secreto a sus superiores afirmando: “Estoy llegando a la conclusión de que la fuerza mínima necesaria para restablecer la ley y el orden es disparar a cabecillas selectos de los DYH [Derry Young Hooligans]”.

 

Un encubrimiento

El papel de Ford fue barrido bajo la alfombra por el informe de Saville, publicado en 2010. Mientras tanto, el capitán Mike Jackson (más tarde promocionado a los más altos rangos del ejército, convirtiéndose en Jefe del Estado Mayor del ejército británico), quien estuvo presente durante una masacre similar en Ballymurphy unos meses antes, y quien presenció el desarrollo de los acontecimientos del Domingo Sangriento, afirmó de forma absurda que no había visto ningún tiro.

Durante el interrogatorio en la investigación de Saville, las respuestas de Jackson siguieron la línea del “no recuerdo” no menos de 20 veces. Todo eso a pesar de que la versión ‘oficial’ de los acontecimientos durante 30 años se basó en una “lista de disparos” supuestamente recopilada por una colega de Jackson, pero que más tarde se demostró provenir de su propio puño y letra.

El establishment ha sido descubierto tratando de encubrirse a sí mismo. La ‘evidencia’ de Jackson, un hombre en el corazón del establishment, ha sido sorprendentemente tomada en serio por la investigación de Saville, absolviendo así a la jerarquía militar. En su lugar, se han utilizado a ‘elementos incontrolados’ como cabeza de turco.

El soldado F será procesado por los supuestos homicidios de dos víctimas, y de tentativa de otros cuatro.

Tras la investigación de Saville en 2010, David Cameron realizó una disculpa pública por las acciones de los soldados, describiendo la matanza como “injustificada e injustificable”. Esta disculpa, décadas después del evento, fue completamente vacía, tal como lo es la decisión de la fiscalía ahora.

A ellos les conviene utilizar a un individuo como chivo expiatorio y olvidarse del asunto de una vez por todas. El soldado F es solo un hombre. Pero fueron todos los generales y altos rangos del ejército y del Estado británico los que ordenaron disparar a los soldados ese día. Fueron el ejército y el Estado británico los que asesinaron a aquellos manifestantes por los derechos civiles. El Estado británico ha masacrado y reprimido a los irlandeses durante años. ‘Disculpas’ simbólicas 50 años después de los acontecimientos son simples migajas.

Pero incluso estas pequeñas migajas son demasiado para la reaccionaria ala derecha del partido conservador. La Secretaria de Estado para Irlanda del Norte, Karen Bradley, anticipó la decisión de de la fiscalía alabando a los paracaidistas que abrieron fuego de haber “servido con coraje y distinción” y que estaban “cumpliendo con sus deberes de forma correcta y dignificada”. Sobre la matanza afirmó que “no se trató de un crimen”.

Otros en el partido han ido incluso más lejos, con el Secretario de Defensa Gavin Williamson prometiendo aplicar nuevas leyes que prohíban el procesamiento de soldados que, según dijo: “no pueden vivir con el miedo de ser condenados”. De esta forma, los soldados tendrían carta blanca para actuar con total impunidad bajo el servicio del imperialismo británico.

 

El movimiento por los derechos civiles

El contexto en el que sucedió el Domingo Sangriento fue el revolucionario movimiento por los derechos civiles que estalló en 1968. El Estado británico obtuvo históricamente beneficios masivos de las industrias del norte de Irlanda, mientras dividían a los trabajadores en líneas religiosas discriminando sistemáticamente a los católicos.

La partición deliberada de la isla se realizó para asegurar una mayoría unionista protestante permanente en el nuevo Estado de Irlanda del Norte. Se utilizó cualquier forma turbia y antidemocrática. La manipulación era rutinaria. Eso ayudó a garantizar una mayoría unionista constante incluso en zonas mayormente católicas (como Derry).

Tras años de represión y discriminación contra católicos, e inspirados por el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y otros lugares, jóvenes y trabajadores, superando la división sectaria, decidieron contraatacar. Pero el monstruo sectario de los “lealistas” del Ulster, creado por los británicos, reaccionó atacando cualquier manifestación por los derechos civiles. Las tropas británicas fueron enviadas bajo la amenaza de un pogromo contra los católicos, supuestamente para “proteger” a la población católica.

Los marxistas nos opusimos al envío de tropas británicas y advertimos que no iban a proteger a la clase trabajadora católica. Las masacres de Ballymurphy y del Domingo Sangriento trágicamente confirmaron este pronóstico. En un momento dado la clase dominante británica se decidió a utilizar los medios más salvajes para aplastar el movimiento por los derechos civiles y poner fin a grupos como los “Derry Young Hooligans”.

En su lugar, los marxistas llamamos a la formación de comités no-sectarios de autodefensa, basados en los sindicatos. En Derry, los Young Socialists (Juventud Socialista) tomaron la dirección reforzando las barricadas y encargándose de la emisora de radio Free Derry (Derry Libre).

Había un instinto natural en formar dichos comités. Sin embargo, el ala izquierda del IRA, el IRA Oficial (Ejército Republicano Irlandés Oficial), se negó a armar a los trabajadores y la juventud. En su lugar fue el ala derecha de los republicanos, aglutinados alrededor del IRA Provisional (Ejército Republicano Irlandés Provisional) –el único grupo de tamaño considerable armado y dispuesto a utilizarlas– quien reclutó a la juventud católica en masa tras el Domingo Sangriento.

 

Combatir el sectarismo con lucha de clases

En realidad, la “lucha armada” del IRA no acercó en absoluto al Norte hacia una Irlanda unida. Todo lo que trajo fue muerte y miseria para la clase trabajadora, sustituyendo la lucha de clases por actos individuales de terrorismo. A medida que la violencia entraba en una espiral ascendente durante el periodo de The Troubles (Los Conflictos), miles de católicos se vieron forzados a abandonar los enclaves de Belfast, donde eran minoría.

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En la actualidad, a medida que la crisis económica se profundiza, el sectarismo está lejos de haber desaparecido. Crece como el cáncer en las entrañas de un sistema capitalista en crisis, que se refleja a sí mismo en cada esfera de la sociedad de Irlanda del Norte: una crisis económica, de salud mental, del Sistema Nacional de Salud, del Acuerdo de Viernes Santo, etc.

La creciente amargura que ésta engendra nos amenaza con un retorno explosivo al pasado sectario. Solo este año pasado hemos visto un incremento del 23% en el número de hogueras (anticatólicas) durante el 12 de julio, según el departamento de bomberos.

La necesidad de ideas marxistas auténticamente revolucionarias –que puedan sobrepasar el veneno del sectarismo nunca ha sido tan grande. James Connolly dijo: “La causa de la clase trabajadora es la causa de Irlanda, la causa de Irlanda es la causa de la clase trabajadora” – y eso prevalece a día de hoy.

La cuestión nacional está fundamentalmente ligada a la cuestión de clase. El terrorismo individual ha fracasado. El reformismo ha fracasado. Debemos expulsar al Estado británico y unir a la clase trabajadora por encima de cualquier línea, religiosa o la que sea.

¡Por una república socialista unida, libre del imperialismo, libre del capitalismo!