Europa
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Las masas rusas están soliviantadas por el intento del presidente Vladimir Putin de aumentar la edad de jubilación para los hombres de 60 a 65 años, y para las mujeres de 55 a 63 años en 2034. Además, el IVA se elevaría del 18 al 30 por ciento. La "reforma" tremendamente impopular ha hecho que las calificaciones de aprobación de Putin caigan en picado en 15 puntos porcentuales (de 82% a 67%), y ha provocado grandes manifestaciones en todo el país.

En gran parte de Rusia, la expectativa de vida promedio es inferior a la nueva edad de jubilación, lo que significa que los obreros rusos se verán obligados a trabajar toda su vida y nunca verán sus pensiones, si el cambio se lleva a cabo. Además, en las ciudades rurales más pobres, muchas familias dependen de los ingresos de las pensiones, ya que los jóvenes se desesperan por encontrar trabajo (el desempleo juvenil oficial es del 16 %).

A pesar de tratar de enterrar las noticias anunciando el cambio en la edad de jubilación el día de la inauguración de la Copa del Mundo de Fútbol en junio pasado, la respuesta ha sido un gran derramamiento de ira.

Manifestaciones masivas     

El 2 de septiembre, se celebraron mítines en todo el país contra la medida, organizados principalmente por el Partido Comunista. 10.000 se reunieron en Moscú y alrededor de 2.000 en San Petersburgo, donde también intervinieron compañeros de la Corriente Marxista Internacional (CMI), distribuyendo folletos con nuestro programa y demandas.

Éstas incluyen el mantenimiento de la edad de jubilación actual; reemplazar el fondo de pensiones existente con un sistema más justo pagado por las ganancias de las grandes empresas; el fin del empleo informal -"gris y negro" (semi y no contractual)- a favor de los términos y condiciones adecuados establecidos por las organizaciones de trabajadores, y el establecimiento de comités de base para luchar contra la reforma reaccionaria de las pensiones.
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También hubo manifestaciones en los Urales, el Cáucaso, Siberia y Crimea. En San Petersburgo, la gente en multitud portaba pancartas que decían "No confiamos en Rusia Unida" [Rusia Unida es el partido de Putin, NdT], y fotos de un puño rojo golpeando a un oso polar: el símbolo del partido gobernante de Putin. Los camaradas rusos movilizaron un bloque sustancial de la CMI y hablaron en el mitin junto a sindicalistas y activistas de organizaciones políticas locales, obteniendo una muy buena recepción. Además, los camaradas vendieron 50 ejemplares de su periódico y generaron interés para un gran acto público que tienen previsto realizar en el nuevo día de lucha convocado para  el 16 de septiembre, que coincide con las elecciones regionales.        

La represión policial en San Petersburgo 

El 9 de septiembre se celebró una segunda serie de protestas en todo el país, esta vez organizada por el opositor ruso, el burgués liberal Alexéi Navalni. Navalni claramente está intentando apoyarse en el movimiento para promover sus propios fines. Sin embargo, por ahora el movimiento permanece fuera de su control. Nuestros camaradas una vez más intervinieron en San Petersburgo, aunque nuestra participación se hizo más difícil por el hecho de que fue organizada por este político burgués.      

La manifestación, con varios miles de efectivos, se extendía a lo largo de tres kilómetros y bloqueaba todas las calles principales del antiguo barrio de Viborg en la ciudad. Los manifestantes se enfrentaron a una fuerte represión policial. Los oficiales antidisturbios golpearon a los manifestantes con porras, y se estima que 452 personas fueron detenidas: la cifra más alta de cualquier otra ciudad a lo largo del día. En todo el país, más de 1.000 manifestantes fueron encarcelados. La situación empeoró en San Petersburgo cuando los organizadores liberales llevaron la manifestación a una trampa policial en el dique de Pirogóvskaia. Afortunadamente, los camaradas de la CMI lograron, apenas, evadir el arresto.

Luego de la reacción violenta, Putin ha intentado suavizar el ataque revisando la edad de jubilación incrementada para las mujeres a 60 años en lugar de 63, pero esto ha hecho poco para calmar la ira de las masas. Esta nueva crisis a la que se enfrenta el gobierno de Putin no muestra signos de enfriamiento.