Los resultados de las elecciones generales griegas del 7 de julio destacaron dos elementos dominantes: la enorme polarización de clase y la consolidación del fenómeno de la abstención generalizada de votantes. La expresión de la polarización de clase (a pesar de haber adquirido un carácter distorsionado debido a la completa sumisión política de los líderes de SYRIZA al capitalismo) fue evidente en el gran aumento de los votos para ND (Nueva Democracia) y SYRIZA en comparación con las elecciones europeas del 26 de mayo. Las elecciones europeas fueron hace tan solo 42 días, y vieron el mismo nivel de participación electoral.

Después de tres años de dilaciones, a Theresa May finalmente se le ha agotado el margen de maniobra. En medio de un lacrimógeno discurso frente al número 10 de Dawning Street, la Primera Ministra anunció que dimitiría el 7 de junio. La carrera para sucederla se iniciará la semana que viene. Entonces comenzará realmente el espectáculo.

El 28 de mayo, los estibadores que trabajaban en el puerto en el Golfo de Fos en Marsella se negaron a cargar el barco saudí, Bahri Tabük, que estaba destinado a llevar armas francesas a Arabia Saudita, cuyo régimen está librando una guerra bárbara en Yemen.

El sábado pasado renunció el gobierno austriaco, formado por el principal partido burgués, ÖVP y el ultra-derechista Partido de la Libertad (FPÖ), y anunció nuevas elecciones. En una manifestación espontánea, 10.000 personas se reunieron en Viena para celebrarlo. Este es un revés para el bloque burgués, que ha estado trabajando diligentemente en atacar a la clase trabajadora para preparar a los capitalistas para la próxima crisis.

Como un zombi que regresa de entre los muertos, Nigel Farage está de vuelta para acosar al establishment británico. A las pocas semanas de su formación, su nuevo Partido del Brexit encabeza los sondeos de opinión para las elecciones europeas del 23 de mayo, sobre todo a costa del apoyo a los Conservadores.