El domingo 10 de noviembre a las 16:50, el presidente boliviano Evo Morales anunció su renuncia. Fue la culminación de un golpe de estado que se había estado gestando durante algún tiempo. Los actos finales del golpe, este fin de semana, fueron un motín policial, francotiradores disparando contra mineros, un informe de la OEA cuestionando la validez de las elecciones y finalmente el ejército "sugiriendo" que debería renunciar. La Corriente Marxista Internacional nos hemos opuesto a este golpe reaccionario desde el principio, al mismo tiempo que señalábamos cómo se crearon las condiciones para el mismo.

Al momento de escribir estas líneas, el cómputo oficial del voto alcanza el 83% del electorado y la ventaja de Evo sobre Mesa es inferior a los cinco puntos. Faltan al conteo aproximadamente un millón de votos, de pocas grandes ciudades como El Alto y de áreas rurales. Aun sin saber si habrá o no la segunda vuelta prácticamente anunciada la noche del domingo por el propio Órgano Electoral (OEP) hay algunos elementos que ya son claros. El MAS es el primer partido de Bolivia, pero Evo ha obtenido su peor resultado en 14 años, peor incluso que en el referéndum constitucional del 21F de 2016. 

Los anuncios del líder cívico cruceño suponen un salto cualitativo en una dirección claramente golpista. Camacho ha convocado a la toma “pacífica” de las instituciones del Estado, que a estas horas de la noche, ya ha empezado en Santa Cruz, y la extensión de los bloqueos a las fronteras. Pero la sorpresa más grande la ha dado anticipando su participación a una marcha para este martes en la ciudad de La Paz que pretende llegar a la Plaza Murillo a exigir la renuncia de Evo. Es una abierta provocación que todo deja pensar no esté dirigida solo al MAS y al gobierno.

El cómputo oficial del voto no ha concluido todavía y sólo esto podrá disipar la incertidumbre sobre algunos resultados. Sin embargo, el cuadro multicolor pintado por las elecciones subnacionales del pasado domingo está grosso modo claro: el MAS pierde en gobernaciones clave y en todas las ciudades más pobladas del país, además de varios municipios intermedios, que en su mayoría gobernaba. Esto se llama derrota y no es buscando eufemismos o pañuelos calientes como podrán entenderse sus razones.