A pesar de que el golpe imperialista en curso en Venezuela todavía no ha tenido éxito, la impresión que uno tiene es que hay una marcha inexorable hacia adelante en su ejecución, debido principalmente a las fuerzas en el extranjero y no a la propia Venezuela. El siguiente paso en el plan es el uso de la "ayuda humanitaria" como una provocación en la frontera con Colombia.

Los esfuerzos de Washington por destituir al gobierno venezolano, un intento de golpe de estado imperialista, continúan sin pausa. El 26 de enero, los Estados Unidos anunciaron sanciones a PDVSA y confiscaron activos de la compañía petrolera venezolana. Este es un golpe muy serio para la economía y el gobierno de Venezuela. Está claro que la administración de Trump piensa que tiene una ventana de oportunidad y quiere rematar la faena.

Venezuela es un país de sendas riquezas naturales. Gozamos de tierras fértiles, quizás lo suficientemente adecuadas para eliminar el hambre. Del subsuelo brotan petróleo, oro, coltán, diamantes, entre otras materias primas, cuya acumulación podría impulsar un desarrollo industrial de tal magnitud, fuerza y vigor que podríamos instaurar un verdadero paraíso.  Por otro lado, el trabajo real, padre y señor de todas las riquezas que existen en el mundo moderno, se dinamiza en los brazos de un pueblo que lo ha aguantado todo. Paradójicamente las riquezas y el trabajo, la primera como fruto de lo segundo, sufren una contradicción agobiante, típica del sistema de producción capitalista.

Declaración del Comité Central de la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional - Horas de máxima tensión se viven actualmente en nuestro país. Desde antes de la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el ambiente de conflictividad institucional –que envuelve al Ejecutivo y a la AN– había comenzado a extenderse a los cuarteles y a las calles del país. Desde el exterior, todas las fuerzas reaccionarias aumentaban las presiones sobre Maduro; mientras a lo interno un alzamiento militar y la reaparición de las guarimbas (piquetes violentos), daban cuenta del alto grado de inestabilidad que estaba alcanzado la situación. Sobre esto último, el establecimiento de barricadas callejeras había iniciado esta vez no en las comunidades de clase media-alta –como históricamente ha ocurrido, sino fundamentalmente en los barrios y sectores populares. Sin duda, hemos entrado en un estado crítico de cambios, saltos y giros bruscos, donde la inusitada rapidez con la que se presentan los hechos no da espacio para el respiro.

Hay que decirlo claramente, lo que está sucediendo en Venezuela es un intento de golpe de estado. El 10 de enero se juramentó el presidente Maduro para un nuevo mandato. Había ganado las elecciones del pasado 20 de mayo, en las que un sector de la oposición decidió participar y otro boicotearlas. El 11 de enero, Juan Guaidó, el presidente de la opositora Asamblea Nacional (en desacato desde 2015) desconoce al presidente Maduro y se declara dispuesto a asumir la Presidencia “con el apoyo de las fuerzas armadas, el pueblo y la comunidad internacional”.

Como hemos venido denunciando, en Venezuela está en marcha un golpe de Estado promovido por el imperialismo y sus lacayos del cártel de Lima, y ejecutado por sus títeres de la oposición. Hoy, 23 de enero, el golpe ha entrado en una fase superior de su ejecución con la auto juramentación del diputado Guaido como presidente encargado de la república.

En medio de una turbulencia política y diplomática, Nicolás Maduro Moros ha sido investido para ejercer un nuevo mandato presidencial. El injerecismo imperialista encabezado por la Casa Blanca, y secundado por gobiernos e instituciones multilaterales como: Canadá, la Unión Europea, el Grupo de Lima y la OEA; sumado a las maniobras desestabilizadoras de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora; han abierto una crisis política de gran envergadura en Venezuela y la región.