A las 5:41 pm del 4 de agosto, se escuchó una potente explosión cerca de la tribuna desde la cual el presidente venezolano Nicolás Maduro se dirigía a un desfile en la Avenida Bolívar en Caracas para conmemorar el 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. El presidente Maduro resultó ileso, pero siete miembros de la Guardia Nacional resultaron heridos.

El agravamiento de la crisis económica está haciendo que la vida se torne insoportable para los trabajadores en Venezuela. La destrucción del poder adquisitivo de los salarios se ha combinado con el colapso de toda la infraestructura básica (agua, electricidad y transporte público). Los trabajadores en diferentes sectores han comenzado a organizarse y protestar, exigiendo salarios más altos; mientras los campesinos luchan contra los intentos de destruir la revolución agraria de Chávez.

Entramos al definitorio mes de mayo en un contexto seriamente atípico de cara a los venideros comicios presidenciales del día 20. Mientras el abstencionismo reina entre la mayoría de agrupaciones políticas opositoras (MUD–FAVL y SV), hecho que limita las posibilidades de triunfo de Henry Falcón; Nicolás Maduro se prepara para capitalizar la fragmentación de la derecha, esperando obtener un triunfo que lo habilite para un nuevo periodo constitucional, en medio de una cada vez más aguda situación económica y social que promete dar continuidad al clima de inestabilidad e incertidumbre hoy imperantes.

Las elecciones en Venezuela el 20 de mayo fueron simplemente un episodio de una larga saga de agresión imperialista, crisis económica y deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera y los pobres. El reelecto gobierno de Maduro ha continuado su política de hacer concesiones y llamados a los capitalistas. Si no fuera por las válvulas de escape del CLAP (cajas de alimentos subsidiados), la migración y la economía basada en el dólar, la situación habría llevado ya a una explosión social. El chavismo de base está cada vez más enojado y crítico con la dirección. 

Tuve la oportunidad de participar en la manifestación del 1º de Mayo del año pasado en Caracas que se dio en circunstancias bastante particulares. Estábamos en mitad de la ofensiva insurreccional de la oposición burguesa y pro-imperialista, con violentas manifestaciones en las calles. La marcha del 1º de Mayo se convirtió en una oportunidad para responder de manera masiva a esa ofensiva golpista cuya intención era la de derrocar al gobierno de Maduro por medios insurreccionales.

Nicolás Maduro fue reelegido para otro mandato en las elecciones presidenciales de Venezuela el domingo 20 de mayo. La mayoría de la oposición reaccionaria, con el apoyo total de Washington y Bruselas, había llamado al boicot, lo que provocó en una participación muy baja en las zonas de clase media y alta de las principales ciudades. Los gobiernos derechistas de la región se unieron al coro exigiendo que se cancelaran las elecciones. Como reacción, muchos en los barrios de clase trabajadora y pobres salieron a votar como una forma de rechazar tal intromisión imperialista descarada. Sin embargo, incluso aquí la participación fue visiblemente menor que en elecciones anteriores. La profunda crisis económica es el principal problema en la mente de mucha gente y hay un amplio escepticismo sobre la capacidad del gobierno para enfrentarla.

En vísperas a las venideras elecciones presidenciales, a celebrarse el 20 de mayo, nuestro país se adentra en un nuevo periodo marcado por la incertidumbre. La profunda depresión económica, la hiperinflación, el colapso generalizado de los servicios públicos, y como consecuencia, el auge en las luchas obreras y populares; enmarcan el explosivo contexto político nacional, donde la derecha se halla atomizada, el imperialismo norteamericano en plan ofensivo, y la dirección bolivariana cada vez mas divorciada de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en general.