El pasado domingo 3 de febrero tuvieron lugar en El Salvador las elecciones presidenciales, quizá uno de los eventos electorales más trascendentales de la historia política de este siglo. Para sorpresa de muchos se cumplieron los resultados de las encuestas casi a cabalidad, los cuales daban como ganador a Nayib Bukele con una amplia ventaja sobre los otros candidatos y que además apuntaban a que todo se definiría en primera vuelta. Después de unas elecciones sumamente polarizadas, donde solo la mitad de los electores salieron a votar, se abre un nuevo periodo convulsivo para la lucha de clases, y todos los revolucionarios debemos estar preparados para este cambio de época.

A pesar de que el golpe imperialista en curso en Venezuela todavía no ha tenido éxito, la impresión que uno tiene es que hay una marcha inexorable hacia adelante en su ejecución, debido principalmente a las fuerzas en el extranjero y no a la propia Venezuela. El siguiente paso en el plan es el uso de la "ayuda humanitaria" como una provocación en la frontera con Colombia.

El pasado 25 de enero, 48 empresas maquiladoras instaladas en Matamoros Tamaulipas estallaron la huelga. No es un movimiento menor, hablamos de alrededor de 45.000 trabajadores en huelga. En los pasados días las bases obreras se sublevaron contra sus líderes charros y sus patrones. Los obreros llegaron a paralizar parcialmente algunas fábricas. Bajo presión, entraron a trabajar varios, pero muchos otros se negaron a laborar. Se han realizado en la plaza pública asambleas masivas cotidianas. La base obligó a que el Sindicato de Jornaleros y Obreros Industriales y de La Industria Maquiladora (SJOIIM), afiliada a la corporativa Confederación de Trabajadores de México (CTM), emplazara a huelga. Los dirigentes burocráticos, siempre más preocupados por defender los intereses de los patrones que los de la base, trataron de intimidar y actuaron buscando confundir y desorganizar. La base obrera se mantuvo firme y el 25 de enero, en medio de enormes tensiones, la huelga estalló.

En la medianoche del domingo 3 de febrero expiraba el ultimátum lanzado por Pedro Sánchez y la Unión Europea para que Nicolás Maduro convocara elecciones presidenciales en Venezuela. Dicho plazo no ha sido más que una hoja de parra para encubrir la sumisión del gobierno español y la Unión Europea a los dictados del departamento de Estado norteamericano y de las multinacionales a ambos lados del Atlántico, que exigen el reconocimiento de Juan Guaidó para reforzar el bloque de países que apoyan el golpe de estado y la intervención estadounidense en Venezuela.

Declaración del Comité Central de la sección venezolana de la Corriente Marxista Internacional - Horas de máxima tensión se viven actualmente en nuestro país. Desde antes de la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, el ambiente de conflictividad institucional –que envuelve al Ejecutivo y a la AN– había comenzado a extenderse a los cuarteles y a las calles del país. Desde el exterior, todas las fuerzas reaccionarias aumentaban las presiones sobre Maduro; mientras a lo interno un alzamiento militar y la reaparición de las guarimbas (piquetes violentos), daban cuenta del alto grado de inestabilidad que estaba alcanzado la situación. Sobre esto último, el establecimiento de barricadas callejeras había iniciado esta vez no en las comunidades de clase media-alta –como históricamente ha ocurrido, sino fundamentalmente en los barrios y sectores populares. Sin duda, hemos entrado en un estado crítico de cambios, saltos y giros bruscos, donde la inusitada rapidez con la que se presentan los hechos no da espacio para el respiro.

Los esfuerzos de Washington por destituir al gobierno venezolano, un intento de golpe de estado imperialista, continúan sin pausa. El 26 de enero, los Estados Unidos anunciaron sanciones a PDVSA y confiscaron activos de la compañía petrolera venezolana. Este es un golpe muy serio para la economía y el gobierno de Venezuela. Está claro que la administración de Trump piensa que tiene una ventana de oportunidad y quiere rematar la faena.

Estados Unidos ha decidido que ya es hora de un "cambio de régimen" en Venezuela y está actuando de manera implacable para lograrlo.  Los imperialistas han nombrado a un "presidente interino" y reunieron a la "comunidad internacional" para reconocerlo. Se han incautado de los activos venezolanos en los EEUU y el Reino Unido e impuesto sanciones económicas. Piden al presidente Maduro que renuncie y que el ejército venezolano lo destituya si se niega. Este es un intento de golpe de estado imperialista, al que cualquier socialista e incluso cualquier demócrata consistente tiene el deber de oponerse.