La crisis del coronavirus ha echado por tierra el aclamado “boom” portugués, basado principalmente en la ahora paralizada industria turística, y ha expuesto la fragilidad de esta atrasada economía europea. Los trabajadores portugueses deben seguir el ejemplo de sus hermanos y hermanas en Italia y España, los cuales se han enfrontado a los intentos de la patronal de hacerles escoger entre salud y paga con huelgas y lucha de clases.

El coronavirus se ha convertido en el catalizador de un colapso en los mercados bursátiles, con caídas drásticas en todas partes en este "lunes negro". La epidemia reciente es un accidente histórico que ha expuesto la profunda enfermedad del sistema capitalista, que en cualquier momento corre el riesgo de caer en una recesión aún más profunda que en 2008.

La desconectada élite se reunió en Davos la pasada semana en su exclusiva juerga anual. Pero el ambiente entre los súper ricos y sus representantes es sombrío y pesimista, con su orden mundial liberal amenazado en todos los frentes.

Los temas de la reunión de este año del Foro Económico Mundial en los Alpes suizos muestran las ansiedades que asolan a la clase dominante. Los temas oficiales del evento del establishment incluyeron asuntos como: "economías más justas"; "cómo salvar el planeta"; "tecnología para el bien"; "el futuro del trabajo"; y "más allá de la geopolítica".

Despojándolos del eufemismo, esto se traduce en términos sencillos como: potenciales explosiones sociales por la desigualdad; crisis climática; dominio prepotente de los monopolios tecnológicos del Gran Hermano; contradicciones de la automatización bajo el capitalismo; y el choque entre imperialismos rivales y ruptura del statu quo.

El último brote de coronavirus ha causado la mayor ola de pérdidas en las bolsas mundiales desde 2008, eliminando 5 billones de dólares de los valores de las acciones en todo el mundo. A los mercados les preocupa que el virus tenga un grave impacto en una economía mundial ya débil. Estos temores no son infundados.

En la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, los ricos y poderosos se reunieron para discutir una estrategia para la defensa de su sistema. En el pasado, el estado de ánimo de esta reunión solía ser de confianza y determinación. Este año, sin embargo, apestaba a desesperación. La clase dominante ha pasado de cantar victoria a mirar hacia el abismo en el espacio de tan sólo 25 años.

La gran brecha económica entre la minoría súper rica del planeta y el resto ha crecido a lo largo de 2019, alcanzando un máximo histórico: un montante colectivo de 5,9 billones de dólares si juntamos el patrimonio de los 500 individuos más ricos del planeta.

Poco más de 25 años después de su fundación, la Unión Europea parece que podría desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. En todos los países donde se mire, los partidos principales se ven sometidos a una enorme presión debido al aumento de la lucha de clases como resultado de 10 años de crisis. El resultado es que, un país tras otro, la clase dominante ya no puede gobernar a la antigua usanza