En Francia, cientos de miles de personas participan desde mediados de noviembre en el movimiento de los chalecos amarillos, a través de múltiples cortes de carreteras, para manifestarse contra la subida de los impuestos sobre los carburantes y, en general, contra la cada vez mayor carestía de la vida. Este movimiento es el resultado inevitable de una crisis económica cada vez más problemática para el actual gobierno Macron; entre los recortes en las ayudas sociales, el aumento de impuestos y otras medidas de austeridad, el movimiento de los chalecos amarillos refleja la asfixia de la población francesa, estrangulada por el estancamiento de los salarios y el aumento continuo del coste de la vida.

Últimamente, los medios de comunicación burgueses, sobre todo en Europa, se han deleitado con el "milagroso" cambio de suerte de Portugal. Hace apenas siete años, la economía portuguesa estaba al borde del colapso. El país se dirigía hacia el tipo de agitación social que causó una situación pre-revolucionaria en Grecia, y llevó a un enorme movimiento de masas en la vecina España.

En la segunda parte de su respuesta a las calumnias de la Casa Blanca contra el socialismo, Alan Woods aborda la realidad de la vida de los trabajadores estadounidenses bajo el capitalismo. Desde el 2008, los trabajadores han visto dispararse el incremento de la desigualdad, han soportado largas horas en múltiples trabajos y enfrentado a recortes en los servicios esenciales, todo mientras los banqueros parásitos reciben donaciones estatales. El 'sueño americano' está muerto, y el socialismo está alcanzando a un público más amplio.

En la tercera parte de la respuesta de Alan Woods a la supuesta crítica empírica del socialismo de los asesores de Trump, se aborda la grave y errónea caracterización de las economías nórdicas, Venezuela y la URSS. Alan también refuta la acusación de que el socialismo conducirá inevitablemente a la escasez de alimentos y la ruina económica; y responde a la falsedad de que los socialistas quieren "nacionalizar todo".

La movilización de los chalecos amarillos marca una etapa importante en el desarrollo de la lucha de clases en Francia. Sin partido, sin sindicato, sin organización preexistente, cientos de miles de personas han participado en las acciones de bloqueo, barriendo de un golpe las pseudo concesiones y las amenazas del gobierno. Una gran mayoría de la población les apoya. 

Finalmente, después de meses de duras negociaciones, los negociadores del Reino Unido y de la UE han llegado a una propuesta de acuerdo. Sin embargo, todo está cosido con alambres. Todo el infierno está a punto de desatarse. Desde el punto de vista de las grandes empresas, el proyecto de acuerdo no es tan malo, al mantener vinculada la economía británica con Europa. Pero para los partidarios del Brexit del campo Conservador, en particular, se trata de un acuerdo tóxico.