El sábado pasado renunció el gobierno austriaco, formado por el principal partido burgués, ÖVP y el ultra-derechista Partido de la Libertad (FPÖ), y anunció nuevas elecciones. En una manifestación espontánea, 10.000 personas se reunieron en Viena para celebrarlo. Este es un revés para el bloque burgués, que ha estado trabajando diligentemente en atacar a la clase trabajadora para preparar a los capitalistas para la próxima crisis.

En la última reunión del Foro Económico Mundial en Davos, los ricos y poderosos se reunieron para discutir una estrategia para la defensa de su sistema. En el pasado, el estado de ánimo de esta reunión solía ser de confianza y determinación. Este año, sin embargo, apestaba a desesperación. La clase dominante ha pasado de cantar victoria a mirar hacia el abismo en el espacio de tan sólo 25 años.

Desde la llegada al poder de Donald Trump en EEUU, la posición de Washington hacia la revolución cubana ha sido cada vez más beligerante en un cambio radical de política respecto a la seguida por el presidente Obama. Aunque los objetivos finales de ambos son los mismos, el derrocamiento de la revolución cubana, Obama reconoció que la política de agresión directa había fracasado y decidió intentar conseguir lo mismo por la vía de las relaciones económicas. Es decir, restaurar el capitalismo por la vía de la penetración del mercado. Trump parece estar decidido a volver a una política de agresión abierta y ha tomado una serie de medidas concretas al respecto.

El 15 de mayo se produjo un tsunami de manifestantes contra los recortes en la educación y las contrarreformas de las pensiones en Brasil. Más de 1,5 millones salieron a las calles en más de 200 ciudades de todo el país durante la huelga nacional de la educación contra las últimas medidas del gobierno de Bolsonaro, que incluyen un recorte del 30 por ciento a los presupuestos universitarios. A pesar de su bravuconería, el gobierno es débil y está dividido. La consigna de "Fora Bolsonaro" (Fuera Bolsonaro) resonó ampliamente. Ciertamente, Brasil no está en las garras del fascismo. Lejos de eso. Ahora es el momento de preparar una huelga general para derribar a este gobierno.

El pasado 2 de mayo hubo elecciones locales en Gran Bretaña, en las que se disputaron casi 9.000 concejalías en más de 250 ayuntamientos, y que revelaron un estado de rabia, apatía y desilusión. Los conservadores están claramente en crisis. La impía alianza de los medios de comunicación y los blairistas [el ala derecha del laborismo, partidarios del exprimer ministro laborista, Tony Blair] han aprovechado la oportunidad para promover su campaña para sabotear las posibilidades de que los laboristas lleguen al poder. Corbyn, el dirigente de izquierda del laborismo, ha tratado de alejar el asunto del Brexit en estas elecciones y dirigirse hacia los problemas de clase. Esta es la mejor manera de avanzar.

Como un zombi que regresa de entre los muertos, Nigel Farage está de vuelta para acosar al establishment británico. A las pocas semanas de su formación, su nuevo Partido del Brexit encabeza los sondeos de opinión para las elecciones europeas del 23 de mayo, sobre todo a costa del apoyo a los Conservadores.

La desastrosa presidencia de Petro Poroshenko lo ha llevado a perder las elecciones presidenciales frente al comediante Volodimir Zelenski obteniendo éste un 73% frente a un 24 por ciento de Poroshenko. El margen de victoria por casi 50 puntos fue la segunda ronda más desigual en la historia de Ucrania. La única provincia ucraniana donde ganó Poroshenko fue el bastión nacionalista de Lviv.