La decisión de Theresa May, a finales del pasado año, de posponer la votación de su acuerdo sobre el Bréxit con la UE ha hecho poco más que proporcionar un breve respiro a su insoluble dilema. Su paquete negociado sigue siendo odiado por todos los sectores. En lugar de atraer a la gente a su propuesta, el período navideño ha endurecido por igual la determinación de los partidarios del Bréxit (Brexiteers) y de los que quieren quedarse en la UE (Remainers).

Hay que decirlo claramente, lo que está sucediendo en Venezuela es un intento de golpe de estado. El 10 de enero se juramentó el presidente Maduro para un nuevo mandato. Había ganado las elecciones del pasado 20 de mayo, en las que un sector de la oposición decidió participar y otro boicotearlas. El 11 de enero, Juan Guaidó, el presidente de la opositora Asamblea Nacional (en desacato desde 2015) desconoce al presidente Maduro y se declara dispuesto a asumir la Presidencia “con el apoyo de las fuerzas armadas, el pueblo y la comunidad internacional”.

En el momento en que entramos a un nuevo año, el mundo se enfrenta a un punto de inflexión decisivo. La crisis del capitalismo está alcanzando un nuevo nivel, que amenaza con derrocar todo el orden mundial existente que fue organizado laboriosamente después de la Segunda Guerra Mundial. 10 años después del colapso financiero de 2008, la burguesía no está cerca en modo alguno de resolver la crisis económica.

El movimiento de los chalecos amarillos es un seísmo social de una potencia excepcional. Es un punto de inflexión en el curso de la lucha de clases en Francia, y una fuente de inspiración para los trabajadores del mundo entero. Tendrá un impacto profundo y duradero en la vida política del país.

Poco más de 25 años después de su fundación, la Unión Europea parece que podría desmoronarse bajo el peso de sus propias contradicciones. En todos los países donde se mire, los partidos principales se ven sometidos a una enorme presión debido al aumento de la lucha de clases como resultado de 10 años de crisis. El resultado es que, un país tras otro, la clase dominante ya no puede gobernar a la antigua usanza

En medio de una turbulencia política y diplomática, Nicolás Maduro Moros ha sido investido para ejercer un nuevo mandato presidencial. El injerecismo imperialista encabezado por la Casa Blanca, y secundado por gobiernos e instituciones multilaterales como: Canadá, la Unión Europea, el Grupo de Lima y la OEA; sumado a las maniobras desestabilizadoras de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora; han abierto una crisis política de gran envergadura en Venezuela y la región. 

En la última entrega de la respuesta a las calumnias de la Casa Blanca contra el socialismo, Alan Woods analiza el terrible costo económico y humano del imperialismo capitalista estadounidense. Señala la clara superioridad de una economía planificada y explica que una transición al socialismo en los Estados Unidos (dadas sus grandes fuerzas productivas) sería mucho más fácil que en países atrasados ​​como era Rusia en 1917, y sería un avance colosal hacia la meta del socialismo mundial.