Alazne Arana. Trabajadora, participante de las Asambleas de Mujeres del 3 de marzo de 1976 - Se cumplen 42 años de la masacre de Vitoria, 5 obreros asesinados y decenas de heridos de bala son el reguero de sangre que dejó la brutal represión del régimen, en los estertores de la dictadura franquista, contra una lucha obrera que pretendía mejorar los salarios y condiciones de vida y arrancar del régimen fascista libertades democráticas.

Muerto Franco, la firma del decreto de topes salariales por el Rey Juan Carlos provocó una rebelión generalizada de la clase trabajadora. El capitalismo se veía impotente para frenar la subida de salarios, a pesar de que necesitaban imperiosamente reducirlos para mantener sus beneficios.

Este año se cumple el 40º aniversario del que fue, sin duda, el año decisivo de la llamada Transición. En el año 1977 tuvieron lugar los asesinatos de Atocha, que elevaron la temperatura revolucionaria de la sociedad a su grado máximo, la legalización de los sindicatos y de los partidos de izquierda, entre ellos el PCE; la celebración de las elecciones semidemocráticas del 15 de junio, así como la firma de los infames Pactos de la Moncloa, que sellarían la traición a las expectativas populares despertadas a la muerte del dictador.

Han pasado casi cuatro décadas desde los dramáticos acontecimientos del 23 de febrero de 1981, y aún permanecen grabados en mi memoria como si hubieran sucedido tan solo ayer. Había vivido en España desde enero de 1976, cuando participé en la lucha clandestina contra la dictadura de Franco.

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Cuarenta y un años después seguimos reclamando justicia para los cinco trabajadores asesinados, reivindicando el reconocimiento de nuestra aportación a la recuperación de las libertades, y socializando las lecciones de una lucha en condiciones extremas bajo la dictadura.

Después de las elecciones de marzo [de 1979], el Gobierno de UCD había quedado nuevamente sin mayoría absoluta. La dramática situación económica exigía medidas drásticas, pero Suárez comprendía que un intento de lanzarse a un ataque frontal contra las condiciones de vida de las masas podría tener consecuencias imprevisibles; de hecho, como ya indicamos, 1979 fue escenario de movilizaciones impresionantes. Por esta razón, Suárez tenía que basar toda su política en un constante pacto con los partidos y sindicatos obreros. Tenía que estar recurriendo constantemente a una política de parches que no satisfacía a nadie, ni a la clase obrera ni, por supuesta, a la burguesía.

Extracto del documento "La Transición, ¿qué ocurrió realmente? Un análisis marxista", editado por LUCHA DE CLASES en 2014

transico2Al calor del debate de investidura de Rajoy con el apoyo implícito del grupo parlamentario socialista, ha resurgido una vez más el papel de la llamada Transición española y de los dirigentes de la izquierda, como Santiago Carrillo, en aquella época. Aprovechamos la ocasión para publicar un extracto del prólogo del marxista británico Alan Woods al libro de Félix Morrow sobre la revolución española de los años 30 ("Revolución y contrarrevolución en España"), donde aborda el papel de la Transición y, en particular, la responsabilidad en la misma de la entonces dirección del Partido Comunista de España.