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Entrevista a Jara Pérez Investigadora en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña (CSIC)

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Si algún día un inspector de trabajo se presentara en un centro de investigación o universidad españoles, se le acabarían los impresos para anotar todas las situaciones alegales y/o ilegales que se encontraría.” 

Como muchos otros jóvenes provenientes de familias trabajadoras, Jara estudió y se licenció con mucho esfuerzo. Militando desde su juventud en el instituto, Jara siempre entendió que la vida no iba a ser idílica. En la actualidad, trabaja como investigadora en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña (CSIC), y hablamos con ella sobre las condiciones laborales de los jóvenes investigadores.

Cuéntanos cuál ha sido tu carrera laboral hasta el momento Unos meses después de terminar mi licenciatura, en el año 2003, comencé a trabajar como becaria de investigación en la Universidad Autónoma de Madrid, trabajando a tiempo completo ¡Por 300 euros al mes! Después estuve durante cuatro años en un centro del CSIC, desarrollando las investigaciones que constituyeron mi tesis doctoral, y, aunque entonces llegué a ser mileurista, tan sólo estuve contratada durante el último año y medio. Tras conseguir mi título de doctora me encontré con que la “recompensa” era... ¡Volver a ser becaria! Esta vez, de la Universidad Complutense, a pesar de que el Estatuto del Personal Investigador en Formación prohíbe expresamente la existencia de becas para doctores. Tras unos meses, de nuevo en el CSIC con un contrato temporal, estuve un año contratada por un centro de investigación en Francia y, desde hace algo más de un año, trabajo en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña (CSIC), con un contrato temporal de cuatro años.

A lo mejor a alguien le choca oír que existen contratos temporales de esta duración. Pero sí, hay una modalidad, el “contrato de incorporación de investigadores al sistema español de ciencia y tecnología” que, tras ese pomposo nombre, consiste en un contrato en prácticas para doctores (ya se sabe que, después de acabar una carrera, tener al menos cuatro años de experiencia investigadora, artículos en revistas científicas, trabajos presentados en congresos internacionales... sigues estando en prácticas) y durante un tiempo de ¡hasta cinco años!

 

Entonces ¿Parte del tiempo en el que trabajaste no cotizaste? Así es. De una experiencia laboral ininterrumpida de 7,5 años, si restamos el año que estuve en Francia, aquí sólo he estado contratada (y, por tanto, con los derechos de cualquier trabajador), durante algo más de 3 años, o sea, la mitad del tiempo. Además, tan sólo he tenido un contrato que no fuera en prácticas durante cuatro meses. Esto también es importante, porque un contrato en prácticas tampoco implica todos los derechos de uno normal; por ejemplo, no incluye antigüedad ni tampoco la ya de por sí exigua indemnización que tienen los contratos temporales.

 

¿Dirías que tu caso es representativo de las condiciones de trabajo de los jóvenes investigadores? Bueno, de hecho diría que yo soy una afortunada dentro de lo que es este mundo, donde no haber trabajado nunca sin cobrar es algo bastante inusual, por sorprendente que pueda parecer. Lo habitual es que, antes de conseguir la primera beca o contrato, la persona esté trabajando durante meses sin cobrar, para que “se vaya formando”, y eso que hablamos de gente que como mínimo tiene una licenciatura... ¿Nos imaginamos una empresa pública en la que te dijeran que fueras a trabajar a diario durante meses sin cobrar nada para que cuando te hagan el contrato ya sepas hacer tu trabajo? También es habitual ir a trabajar mientras se cobra el paro. La pregunta que hacen muchos jefes (olvidando que ellos mismos estuvieron en condiciones precarias no hace tanto) un mes antes de que se acabe el contrato es “¿Cuándo tienes de paro?” Y eso implica que, hasta que no gastes esos meses yendo a trabajar, no se planteará el buscar una manera de contratarte. En fin, que si algún día un inspector de trabajo se presentara en un centro de investigación o universidad españoles, se le acabarían los impresos para anotar todas las situaciones alegales y/o ilegales que se encontraría.

Además, y creo que esto es importante, no hablamos de una situación que se dé sólo durante unos meses después de acabar los estudios… No, no, podemos encontrarnos a un montón de gente que ya roza los cuarenta años, desarrollados en grandes centros de investigación nacionales y extranjeros, y cuya vida profesional ha sido una sucesión de becas, contratos en prácticas y, como mucho, contratos temporales. Incluso hay investigadores que dirigen tesis doctorales o coordinan proyectos de investigación estando ellos mimos en una situación precaria.

 

El Gobierno ofrece como un gran avance el que, con la reforma de las pensiones, jóvenes trabajadores como tú podáis utilizar hasta dos años de vuestra carrera profesional de investigadores (cuando no cotizasteis) para complementar los 38’5 años de cotización que exige la nueva reforma para acceder a prestaciones contributivas ¿Qué opinas? Me parece que, dentro de la regresión impresionante en los derechos de los trabajadores que supone la reforma de pensiones que ha planteado este Gobierno, esta medida se quiere meter como el aspecto “progresista” frente a los otros ataques. Pero ni siquiera es eso. En primer lugar, es claramente insuficiente que el tiempo máximo que se pueda equiparar sea de dos años, cuando tenemos investigadores que han podido estar hasta 10 años con becas. Después, por un lado nos reconocen que ese tiempo que estuvimos sin cotizar sí deberíamos haberlo hecho ¡Pero somos nosotros los que nos tenemos que pagar esa cotización!

Finalmente, si realmente se quisiera mejorar la situación de los jóvenes investigadores, lo que se debería hacer es acabar por completo con las supuestas becas que encubren puestos de trabajo. Pero la perspectiva no es ésa: en estos momentos se está tramitando el proyecto de la Ley de Ciencia que ha presentado el Gobierno y, a menos que haya cambios, en él sólo se obliga a que se hagan contratos a los jóvenes investigadores financiados con fondos públicos, pero no se dice nada de los fondos privados.

Así que seguirá ocurriendo lo que pasa ahora: decenas de fundaciones privadas convocan becas de investigación (a cambio de cuantiosas exenciones fiscales y/o de limpiar su imagen con su obra social), se saltan abiertamente la ley (a veces incluyen en sus convocatorias “Esta beca no se regula por el Estatuto del Personal Investigador en Formación”, que es como si en un contrato de trabajo pusiera “Este contrato no se regula por el Estatuto de los Trabajadores”)... y ¡Aquí no pasa nada!

Por cierto, tanto decirnos que no hay dinero para las pensiones: si las varias decenas de miles de investigadores que ahora mismo están con beca en el Estado español estuvieran contratados, ¿Acaso esto no sería un ingreso importante para la Seguridad Social?

 

Se dedicó mucha tinta a escribir sobre una generación de jóvenes más acomodados en el Estado español a los que sus padres “se lo habían consentido todo, que estaban más acomodados…” ¿Cómo ves la perspectiva futura para la juventud actual? Bueno, creo que no descubriré nada nuevo si digo que viviremos peor que nuestros padres. En las últimas dos décadas se han atacado en este país los derechos de la clase trabajadora en todos los frentes (condiciones laborales, pensiones, educación, sanidad, etc.), arrasando con muchos de los derechos que se habían conquistado durante las décadas precedentes.

Y es que es evidente que ninguna conquista cae del cielo, sino que sólo se consigue por la lucha. En el terreno de la investigación, los avances que ha habido en los últimos años en nuestras condiciones laborales, aunque parciales, no han sido por otra cosa que fruto de distintas movilizaciones, impulsadas por la Federación de Jóvenes Investigadores. Sin embargo, estas movilizaciones, al igual que ha ocurrido en otros muchos sectores, han sido limitadas, y la resultante ha sido negativa para los trabajadores. Que cambie esta tendencia dependerá de si en los próximos años la resignación, la idea de la inevitabilidad de que todas estas medidas regresivas se apliquen, que en mi opinión están en la cabeza de muchos trabajadores, se transforman en rabia.

GALLO NEGRO

¿Qué dedica el Estado español a I+D?

La inversión de España en I+D alcanzó, a partir de 2003, el 1% del PIB. Mientras tanto, la media de los 25 países de la UE, ha sido de un 1,90% durante los últimos 14 años. Alemania o Francia invierten más del 2,50% de su PIB. En el caso concreto de Alemania la cifra es de 85 000 millones de euros al año frente a la triste inversión de España que ha sido de 14 582 millones de euros (1,38% del PIB) durante 2010.

¿Cuánto aportan las empresas españolas en I+D?

Del total invertido en I+D en el Estado español las empresas aportan el 43,36%. La media en la OCDE es del 60%.

Entre las 700 empresa europeas que más invierten hay 135 alemanas que suponen el 37,03% de la inversión total, 81 francesas (18,94% ), 211 británicas (16,72%), 33 holandesas (7%), 60 suecas (5,97%),43 finesas (4,75%), 25 italianas (4,30%), 31 danesas (1,77%), 26 belgas (1,42%) por sólo 13 españolas que representan el 0,93%.

¿Y cuánto inventamos?

En 2005 los cinco países que solicitaron más patentes fueron EEUU con 32 625, Alemania con 23 044, Japón con 20 584 y Francia con 8079. En el Estado español fueron 846.

 

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