Pagina principal Historia y Teoría En defensa del Marxismo La revolución no será banalizada - A propósito de PODEMOS (2ª Parte)

La revolución no será banalizada - A propósito de PODEMOS (2ª Parte)

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En la primera parte de nuestro artículo hacíamos una crítica a los fundamentos ideológicos de PODEMOS que defiende una sociedad de “ciudadanos, libres e iguales”, y que apela a que los ricos y poderosos se atengan a la “democracia” y a la “justicia” como la manera de resolver los problemas sociales. Estas ideas, que se presentan como novedosas y superadoras del “dogmatismo marxista”, en realidad nos retrotraen a los filósofos de la Ilustración del siglo XVIII y a la época premarxista de los “socialistas utópicos” de comienzos del siglo XIX.

Lo cierto es que la desigualdad y las injusticias del sistema son un resultado inevitable de la sociedad dividida en clases sociales opuestas – básicamente, entre los que poseen los medios de producción, cambio y comercio, y los que viven de un salario trabajando para aquéllos – lo que comporta, necesariamente, la explotación y la apropiación de trabajo ajeno para sostener los privilegios de los ricos.

La sociedad capitalista actual no es una sociedad de ciudadanos iguales modelada por un “contrato social” entre el Soberano (el pueblo) y el poder gubernamental como imaginaba Rousseau, el gran ideólogo de la Revolución Francesa; sino que este poder que vela por la “democracia” y la “justicia” – el gobierno y el aparato del Estado – es un mero instrumento de los grandes empresarios, banqueros y terratenientes que regula y administra los intereses comunes de aquéllos. No es casual que la inmensa mayoría de los jueces, altos jefes militares y policiales, diplomáticos, y políticos profesionales sean reclutados de las filas de la burguesía y de la pequeña burguesía adinerada para aplicar la “democracia” y la “justicia” en interés de la clase social de la que provienen.

Tampoco es casual que quienes tienen a su cargo la producción ideológica oficial en la sociedad: los medios de comunicación privados, y las editoriales que confeccionan los libros de las escuelas y universidades, sean grandes empresas privadas que usan y abusan de su posición para transmitir los valores ideológicos y morales de la clase capitalista, en cuya labor también acude en ayuda el incienso tóxico de la jerarquía eclesiástica, el principal policía espiritual de nuestra sociedad, pese a su declive creciente.

Terminar con las desigualdades sociales y las injusticias no podrá conseguirse, por tanto, con apelaciones abstractas a la “democracia” y a la “justicia”, sino poniendo fin a la sociedad de clases y al sistema que la sustenta.

“Izquierda”, “Marxismo”, “Socialismo”, “Revolución”

Hay una cosa en la que estamos de completo acuerdo con los compañeros de PODEMOS: lo importante no es la “forma” de decir las cosas, sino su “contenido”.

El lector habrá advertido en nuestro análisis precedente, incluida la primera parte de este artículo, que no tuvimos necesidad de mencionar las palabras “izquierda”, “marxismo”, “socialismo” o “revolución”, para exponer nuestras ideas. Y no obstante, todas estas palabras contienen, en germen o plenamente desarrolladas, la posición que hemos expuesto.

Por su parte, los compañeros dirigentes de PODEMOS afirman – si nos permiten parafrasear la incomparable frase de Aznar – que son de izquierdas “en la intimidad”, pero consideran contraproducente mencionar públicamente la palabra “izquierda” en sus discursos para exponer sus ideas, ya que eso alejaría a una parte del electorado que quieren convencer para sus posiciones. De ahí que estos compañeros, creyéndose su propio discurso, afirmen públicamente que está superada la dicotomía “izquierda-derecha”.

Pero lo cierto es que también se puede evitar mencionar la palabra “izquierda” y ofrecer un proyecto imposible de capitalismo “de rostro humano” donde cohabiten felizmente opresores y oprimidos; manteniendo a los primeros “arriba”, y a los segundos “abajo”, para utilizar la terminología de los dirigentes de PODEMOS.

¿Es cierto que PODEMOS, sin mencionar la palabra “izquierda”, plantea un proyecto de transformación real de la sociedad a favor de “los de abajo”? Baste una rápida mirada al programa para las elecciones europeas para comprobarlo.

Por supuesto, defienden toda una serie de propuestas y reformas que compartimos, y que no difieren en nada a las que defienden IU y otras organizaciones de izquierda: como la dación en pago para las hipotecas impagadas, medidas de participación popular como los referéndums vinculantes, techos salariales para los altos funcionarios, más impuestos a los ricos, bajadas del IVA en productos básicos, derecho al aborto, equiparación salarial de hombres y mujeres, medidas contra la concentración monopólica de los medios de comunicación, cierre progresivo de las centrales nucleares, etc.

Pero, como también planteamos en nuestra crítica al programa de IU, la clase dominante posee mil y un mecanismos para boicotear u obstaculizar estas medidas si no le arrebatamos su poder económico y político. Baste recordar que la tímida ley de vivienda andaluza, aprobada por el gobierno de la Junta de Andalucía el año pasado y que proyectaba expropiar temporalmente el uso de las viviendas vacías de bancos e inmobiliarias, fue inmediatamente paralizada por el Tribunal Constitucional “por afectar los derechos de propiedad” de bancos e inmobiliarias ¿Qué tienen que decir al respecto los dirigentes de PODEMOS?

Otras medidas que propone el programa de PODEMOS son lugares comunes que pueden encontrarse en cualquier programa socialdemócrata, e incluso de la derecha, como fomentar el crédito a las pequeñas y medianas empresas o proponer impuestos a las transacciones financieras. Suena bonito, pero al final, nadie puede obligar a los bancos otorgar préstamos si no lo consideran un negocio seguro, como sucede actualmente, porque “es su propiedad”; y los Estados están súper endeudados para entregar alegremente dinero barato a pequeñas empresas, cuya devolución es incierta es un contexto de estancamiento económico prolongado.

Otras propuestas son vagas declaraciones de buenas intenciones: como establecer una auditoría de la deuda pública para comprobar su legitimidad (¿quién la haría y cómo se impondría una quita a la misma? Nada se dice), o que el Banco Central Europeo compre deuda pública de los países europeos a bajo interés, algo que también defienden el gobierno de Rajoy y los dirigentes del PSOE, pero a lo que Merkel se opone porque el origen de los fondos del BCE son mayoritariamente alemanes.

El "control público" de la economía que propone PODEMOS

Lo llamativo de este programa es que da un enorme rodeo para evitar la cuestión fundamental: ¿qué pasa con la propiedad de los grandes bancos, monopolios y latifundios? Lo más que se dice es un párrafo ambiguo, lleno como es habitual de buenas intenciones:

“Recuperación del control público en los sectores estratégicos de la economía: telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo, mediante la adquisición pública de una parte de los mismos, que garantice una participación mayoritaria pública en sus consejos de administración y/o creación de empresas estatales que suministren estos servicios de forma universal”.

Esta propuesta incorpora una gran dosis de ambigüedad. Por una parte, deja fuera a las antiguas empresas públicas privatizadas no incluidas en esos sectores (Argentaria, SEAT, fertilizantes, siderurgia, astilleros, entre otras) y, desde luego, deja intactos los demás sectores estratégicos en manos privadas (bancos, grandes latifundios, redes de comercialización, la gran industria) tanto o más importantes aún que los primeros, que seguirán dominando con puño de hierro la parte del león de la economía y, por lo tanto, el futuro de millones de familias.

Para nuestra sorpresa, lo que se anuncia como una afirmación categórica, luego es matizado con multitud de “cláusulas de salvaguardia”. Así, en la segunda parte del párrafo se da un paso atrás, cuando se dice que dicho control público no se ejercerá sobre todos los sectores estratégicos mencionados inicialmente, sino sobre “una parte de los mismos” ¿En qué quedamos? Al citar inicialmente 7 sectores estratégicos de la economía a controlar (telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo) y matizar seguidamente que sólo afectará a “una parte de los mismos”, semánticamente se nos está diciendo que no serán 7, sino 6, 4, 2 ó 1 ¿Cuántos exactamente? ¿O se pretende decir que se controlará públicamente, dentro de cada sector estratégico mencionado, una parte de los mismos? En ese caso, ¿se controlará la parte mayoritaria de cada sector; o una sola empresa en cada sector, no necesariamente la más importante? De nuevo, ambigüedad.

Es difícil que los votantes de PODEMOS puedan exigir a sus dirigentes el cumplimiento exacto de un programa electoral lleno de ambigüedades que les compromete, en lo concreto, a muy poco ¿O acaso esta ambigüedad del apartado más importante del programa económico de PODEMOS está redactada para no asustar a su potencial volumen de votantes que no quiere oír hablar ni de “izquierda” ni de “derecha”, ni de medidas “radicales”? ¿Es esto lo “nuevo” que propone PODEMOS? Pero esto es lo que la socialdemocracia ha venido haciendo desde hace décadas, moderar su programa y dejarlo en los mínimos imprescindibles que sean aceptables por el gran capital.

Más preocupante es cómo se plantea avanzar hacia ese “control público”: mediante la adquisición pública “que garantice una participación mayoritaria pública en sus consejos de administración”. Esto es, hablando en plata, comprando una parte del capital a los accionistas. Pero comprar acciones de empresas monopólicas para hacerse con su control – a precio de mercado, ya que no se indica lo contrario – implicaría una montaña de dinero para las finanzas públicas, dinero del que carece el Estado, con una deuda actual equivalente al 100% de la riqueza generada en un año (PIB). No tiene mucho sentido comprar una parte de empresas estratégicas a costa de descapitalizar al Estado y a las propias empresas que se compra, haciéndolas inviables para funcionar.

Las “cláusulas de salvaguardia” se suceden sin pausa. Seguidamente, se desdice de la propuesta de comprar activos de esas empresas cuando se añade al final: “y/o creación de empresas estatales que suministren estos servicios de forma universal”. O sea, que al final “ni todo” ni “una parte de los mismos”, sino crear “de la nada” nuevas empresas públicas que compitan con empresas y sectores monopólicos que controlan sectores estratégicos de la economía. Esto es muy fácil de escribir sobre el papel. Nuevamente preguntamos ¿de dónde va a sacar un Estado súper endeudado el dinero suficiente para crear de la nada nuevas empresas públicas que arrebaten el control mayoritario de sectores estratégicos de la economía a grandes empresas ya establecidas y con un mercado asegurado? Al parecer, los dirigentes de PODEMOS creen firmemente que el dinero “ya está ahí” y que sólo tienen que cogerlo para gastarlo. Si fuera tan fácil… y eso, sin tocarle un pelo a los grandes banqueros, industriales y terratenientes ¡Y estos compañeros nos acusan a los marxistas de estar en las nubes, mientras que ellos reclaman firmemente tener los pies sobre la tierra!

Cómo resolver el problema del "huevo de Colón" de la economía

La realidad es que sin el control de TODOS los sectores estratégicos de la economía, públicos y privados, firmemente en manos de “los de abajo”, ni siquiera las medidas más avanzadas enumeradas al principio podrían ser aplicadas, por falta de recursos y mecanismos reales para llevarlas a cabo.

En el pasado, en el contexto de un auge económico mundial importante, era posible conseguir algunas reformas progresistas a favor de la clase trabajadora y demás sectores populares explotados, pero en la situación actual de crisis orgánica del capitalismo, y de enorme endeudamiento de empresas y Estados, no es posible avanzar en ninguna de esas medidas sin controlar esas palancas fundamentales.

Imaginemos una medida básica para reducir el desempleo: el reparto del trabajo. Reducir la jornada laboral a 6 horas diarias o 35 horas semanales, sin reducción salarial, para que los parados puedan ocupar los puestos de trabajo que quedaran vacantes. Pero, ¿quién puede obligar, por ejemplo, a las grandes empresas a aplicar esa medida? ¿Una ley del gobierno? Los empresarios responderán que estas empresas son “su” propiedad. Argüirán que no tienen dinero para contratar a más trabajadores, y responderán llevándose las empresas a otro sitio, o cerrándolas, para obligar al gobierno a dar marcha atrás. PODEMOS no plantea alternativas para esa eventualidad.

Esto es parecido a la famosa leyenda del “huevo de Colón”. Se dice que en una disputa entre Colón y varios sabios de Castilla, el primero desafió a los últimos a colocar un huevo sobre una mesa de manera que quedara fijo en posición vertical. Todos ellos fracasaron, ya que la forma ovoide del huevo (valga la redundancia) hacía que el huevo se inclinara, atraído por la fuerza de la gravedad, y cayera siempre en posición horizontal. Cuando finalmente llegó su turno, Colón tomó el huevo entre sus dedos y dio un pequeño golpe seco a uno de sus extremos contra la superficie de la mesa; de manera que el huevo permaneció fijo en posición vertical.

Igualmente, la única manera de ejercer un verdadero control público de la economía – que atienda los intereses y las necesidades de la inmensa mayoría de la población – es arrebatándole el “sagrado derecho de propiedad” de los sectores estratégicos de la economía al puñado de riquísimos banqueros, industriales y terratenientes que disponen de la vida y de la muerte de millones de personas en nuestro país. Esto no puede hacerse comprándoles sus grandes empresas ni creando otras de la nada, por la simple razón de que no tenemos dinero para hacerlo, y porque sería una enorme calamidad y aberración social tratar de transferir decenas de miles de millones de euros de la sociedad a este puñado de familias riquísimas que ya le han extraído a esa misma sociedad cientos de miles de millones de euros durante décadas.

¿Por qué expropiar a los ricos?

La relación que hay establecida entre las grandes empresas y bancos con la “ciudadanía” no es una relación de iguales, donde ellos ofrecen determinados servicios y productos y la población es libre de utilizarlos o comprarlos a cambio de dinero, como si estuviéramos en un mercadillo de barrio.

Si no compras pan, leche, fruta, carne o pescado, o no tienes el dinero para comprar estas cosas, te mueres de hambre. No es una opción, es una necesidad. Si no te compras un abrigo, o no tienes dinero para la calefacción, ni puedes pagar el alquiler de una vivienda, te mueres de frío o vives en la indigencia. Tampoco es una opción, sino una necesidad. Si no puedes pagar la gasolina, no puedes utilizar el coche para ir a trabajar. Sin teléfono, radio ni televisión, te empujan fuera de la sociedad. Sin un trabajo, privado o público, no tienes acceso a los medios de vida, y te empujan a la vida de un paria. No puedes elegir no trabajar para “los de arriba”.

Hoy, más que nunca antes en la historia del capitalismo, cada nuevo producto, artefacto o innovación comunicacional, en muy pocos años se convierte en parte imprescindible para el desenvolvimiento de la vida social; como ocurre, por ejemplo, con internet ¿Cómo puede ser posible, entonces, que los fundamentos mismos de la vida de decenas de millones de personas en cada país: si pueden trabajar, si pueden comer, si pueden vestirse, si pueden tener un techo, dependan del control que ejercen sobre la sociedad un puñado de grandes empresarios y multinacionales podridos de dinero?

¿Cómo puede ser que esta gente tenga, como los esclavistas del Imperio Romano, derecho sobre la vida y la muerte de millones de seres humanos? Esta injusticia es tanto más sangrante cuando, además, dependen completamente de esas decenas de millones de trabajadores en cada país para hacer funcionar sus empresas. Más sangrante aún cuando los beneficios que ingresan estos truhanes son el trabajo no pagado a los trabajadores, como ya demostró Carlos Marx; y, por lo tanto, sus privilegios se sustentan sobre la explotación, el abuso y el maltrato cotidiano que sufre nuestra clase. Por eso pretenden que trabajemos más horas y cobremos menos salario, y así incrementar su codicia insaciable por los beneficios a costa de la clase obrera.

La producción capitalista tiene un carácter “social”, requiere el concurso y la participación de millones de seres humanos: desde la generación de energía, la extracción de materias primas, su transformación industrial en productos útiles; autopistas, puertos y aeropuertos para transportarlos, comercios donde exponerlos al público para su venta, etc. y así garantizar que el producto llegue desde la fábrica o el campo hasta la casa del consumidor o a la oficina de trabajo. Sin embargo, el producto resultante, el fruto de ese trabajo social, es apropiado de manera “individual” por el dueño o dueños de las empresas que los fabrican, lucrándose con lo que no es sino producto del trabajo y del esfuerzo de millones.

Es por esto que para resolver los problemas de fondo de la sociedad, en interés de la mayoría, no hay otra manera que expropiar la gran propiedad a estos parásitos, sin indemnización, para de esa manera utilizar los ingentes recursos acumulados para planificar democráticamente la economía en interés del conjunto de la sociedad. Sólo proponemos una excepción, indemnizar a los pequeños accionistas y ahorradores de esas grandes empresas y monopolios, que carecen de otros medios de vida.

Y tampoco pretendemos, como falsamente propala la propaganda venenosa de la derecha, arrebatarles su propiedad a los pequeños empresarios y propietarios quienes, en realidad, están igualmente sometidos al dictado de la gran empresa y de los grandes bancos. Es suficiente con nacionalizar las grandes empresas que suponen el 80%-90% de la economía, más que de sobra para poner en marcha un plan de producción racional y democrático que ponga las bases para solucionar los principales problemas que enfrentamos: el paro, la falta de vivienda, los bajos salarios, la crisis medioambiental, y terminar con el despilfarro y la corrupción de los grandes empresarios y su corte de políticos a sueldo. En realidad, los pequeños empresarios y propietarios saldrían tan beneficiados como los trabajadores de una economía nacionalizada a gran escala, ya que tendrían acceso a créditos a muy bajo interés por parte de una banca nacionalizada y a redes de comercialización muy baratas para hacer frente a sus necesidades. Y serían libres de incorporarse voluntaria y gradualmente al resto de la economía nacionalizada.

La conclusión es clara. PODEMOS no evita mencionar palabras como “izquierda” o “socialismo” en su programa para apartar obstáculos formales que impidan a una masa de la población abrazar propuestas de transformación radical de la sociedad, para alcanzar el mismo objetivo que proponemos aquí. No, lo que nos propone es un objetivo diferente: el sueño imposible de introducir reformas al sistema y tratar de limarle las garras al tigre del capitalismo, pero dejando intacta la gran propiedad de banqueros, industriales y terratenientes; y, por lo tanto, la explotación de los trabajadores y las lacras sociales que conlleva. Por supuesto, que los compañeros no quieren esto, pero el resultado de sus propuestas les lleva inexorablemente al mismo punto de partida del que pretenden salir.

Los mecanismos “democráticos” mencionados en el programa de PODEMOS para limitar la acción del gran capital no son más que deseos piadosos y bienintencionados que se han probado una y mil veces sin ningún resultado, violentados en todas partes por la burguesía, ejerciendo su músculo económico contra cualquier gobierno progresista que trate de ejercer un tutelaje sobre sus ganancias.

Definitivamente, sólo hay una forma de poner de pie un huevo, y no es de la manera que propone PODEMOS.

 

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* La revolución no será banalizada - A propósito de PODEMOS (1ª Parte)

* La revolución no será banalizada - A propósito de PODEMOS (3ª Parte y final)