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Procavi: tecnificación por fuera, explotación por dentro

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Explotación a costa de las necesidades

Procavi es una de las primeras compañías europeas en la producción integral de carne de pavo y líder absoluto en producción cárnica de pavo en España, con una cuota de mercado superior al 50%. Habitualmente se nos presenta en los medios como una empresa en expansión altamente tecnificada, destacable por su  innovación, crecimiento y estabilidad, así como por su “compromiso con sus empleados”. Sin embargo, en este último detalle los trabajadores de su fábrica en el municipio de Marchena (Sevilla) tienen bastante que decir al respecto.

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Gran impacto social en la comarca tras difundirse las condiciones de trabajo expuestas en este artículo ¡Lee y difunde el nuevo artículo de denuncia que acabamos de publicar!

Este artículo  que vas a leer ha sido compartido y visitado miles de veces desde que fue publicado el lunes 19 de septiembre, reflejando el enorme impacto del mismo. Hemos recibido numerosos mensajes de agradecimiento por parte de muchos trabajadores por exponer a la luz pública lo que los medios de masas no publican sobre la realidad que sufre cotidianamente la clase trabajadora. Por eso hemos escrito un nuevo artículo que actualiza la información que tenemos, reproduce nuevos testimonios de trabajadores y propone varias tareas a llevar adelante que ayuden a cambiar la situación de Procavi y la superexplotación de los trabajadores ¡Léelo y difúndelo!: Procavi: Frente a los atropellos, organización y movilización popular

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Procavi

La planta de Marchena

Las instalaciones en Marchena han catapultado a la empresa hacia el liderazgo de su sector, gracias a la riqueza que generan sus trabajadores día tras día en sus salas de despiece. En éstas, los empleados libran jornadas a un ritmo demoledor bajo unas condiciones de exigencia altísimas. Muchos de ellos se sienten vigilados tanto por las numerosas cámaras instaladas por toda la fábrica como por los inspectores de calidad. Algunos incluso llegan a trabajar con dolores musculares en los antebrazos provocados por las duras condiciones laborales, todo ello bajo la atenta mirada de los encargados. Cuando ya no aguantan más, los empleados suelen darse de baja al tener los tendones destrozados por despedazar pavos, un animal de gran tamaño que puede llegar a pesar 10 kilos. Una vez recuperados de sus lesiones y al pretender reincorporarse a sus puestos de trabajo, en muchas ocasiones son despedidos, razón por la que la rotación de la plantilla es muy alta. Algunos trabajadores nos cuentan que en el tiempo del descanso circulan entre la plantilla más pastillas para los dolores que cigarrillos y refrescos.

Los horarios son abusivos a más no poder. De hecho, la empresa ni siquiera respeta los días festivos. Si a un trabajador le toca ir a trabajar un 25 de diciembre o un 1 de enero, se incorpora a su puesto de la misma forma que cualquier otro día laborable. Algunos empleados afirman, no sin cierta ironía, que trabajando cogiendo aceitunas en el verdeo ganan más y trabajan menos que en Procavi.

Los empleados de las oficinas tienen unos sueldos y unas condiciones dignas, mientras que la mayoría de los empleados de despiece trabajan prácticamente en condiciones de esclavitud, con salarios que difícilmente llegan a los 900 euros si se descontaran las horas extras, festivos, vacaciones, etc. De este último grupo, un gran porcentaje tienen titulaciones universitarias y amplios estudios, mientras que la mayoría de los inspectores de oficinas tienen sobre todo vínculos familiares.

La inmensa mayoría de los empleados de Procavi no son de la empresa matriz, sino que están subcontratados a partir de empresas externas como Halia Servex y Minuscenter. Esto representa más beneficios para la empresa, dado que la misma no tiene que costearse el seguro de los trabajadores subcontratas, por ejemplo. Aunque estén sujetos a la misma explotación laboral, los subcontratas perciben un salario inferior y no tienen privilegios como las pagas dobles, las cuales sí perciben los trabajadores de Procavi, los cuales representan una ínfima parte de todos los empleados de la planta. De los 1000 puestos de trabajo que genera la fábrica, apenas 200 trabajadores son fijos de Procavi, y éstos son veteranos de la planta de los cuales la empresa no se puede desprender tan fácilmente. De ello se deduce que la externalización de servicios no es más que un método de la burguesía para explotar de forma más eficiente a los trabajadores, creando más empresas que se enriquecen gracias a su fuerza de trabajo a la que pretenden atomizar. Hacemos notar que detrás de estos entramados empresariales se encuentran grandes grupos de comercialización como Mercadona y ElPozo, especialistas en extraer beneficios de la explotación laboral.

¿Qué hacer?

Dentro de empresa existen unas divisiones abismales entre todos los trabajadores de las empresas de externalización de servicios y los de la propia Procavi. Se llega incluso a la separación física, impidiendo a la plantilla de la matriz acceder a las zonas de trabajo de los subcontratas. La estrategia de divide y vencerás impuesta por la empresa no puede quebrar los ánimos de sus trabajadores. Hay que buscar una alternativa a la falta de organización que provoca la estrategia de la empresa, y ésta pasa por agrupar a los representantes de todos los trabajadores de la planta en un mismo comité de fábrica de Procavi, en el cual se reúnan tanto los empleados de la propia Procavi como los de todas las empresas de externalización de servicios que operen dentro de la planta. Sólo si los trabajadores se unen de manera numerosa y de forma coordinada podrán empezar a poner fin a las condiciones de precariedad y atropello continuo de derechos al que se ven sometidos y luchar por sus intereses.

Ganan mucho dinero a nuestra costa. Pueden despedir a uno o a dos, pero no podrán despedir a cientos. Un día de producción les sale muy caro para arriesgarse a una parada. Es la hora de la unión.

NOTA: Este artículo ha sido elaborado en base a testimonios de ex trabajadores de la planta de Marchena, que prefieren salvaguardar sus identidades por miedos a represalias futuras o presentes contra familiares que siguen contratados.

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