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PODEMOS: la clave para vencer es girar a la izquierda y orientarse a la clase trabajadora

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En esta campaña electoral se ha podido apreciar un claro giro a la izquierda en el discurso y las posiciones de PODEMOS; particularmente en su principal portavoz, el compañero Pablo Iglesias. Las últimas encuestas publicadas sugieren un repunte del voto a PODEMOS y a las candidaturas municipales que está impulsando, tras varios meses de caída y estancamiento. Está por ver si este repentino movimiento hacia la izquierda ha dispuesto del margen de tiempo suficiente como para propiciar un avance decisivo en las elecciones del 24 de mayo.

Esto tiene lugar después de que la prensa burguesa filtrara la existencia de diferencias políticas y tácticas en la dirección de PODEMOS, lo que aparentemente tuvo su expresión en la dimisión de Juan Carlos Monedero –uno de los principales referentes y fundadores del partido– de la dirección de la organización.

Monedero justificó su salida de los organismos dirigentes de PODEMOS diciendo que necesitaba recuperar su libertad de crítica y de actuación dentro y fuera de la organización, al mismo tiempo que criticaba el escaso protagonismo que tenían los Círculos, la agrupaciones territoriales de PODEMOS. También alertó del peligro de que la organización mantuviera la moderación de su discurso político (Entrevista en El País, 14 de mayo).

Diferencias en la dirección

En todo este tiempo, Pablo Iglesias ha negado enfáticamente que existiera ninguna diferencia o polémica en la dirección, quizás con el fin de mantener hacia fuera de la organización la imagen de unidad en la dirección, y ha calificado la decisión de Monedero de abandonar la dirección de PODEMOS como un asunto estrictamente personal.

En cualquier caso, los diversos artículos y declaraciones de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, que han aparecido en las últimas semanas, reflejan claramente que tal debate sí ha tenido lugar, y lo está teniendo, en los organismos dirigentes de PODEMOS. Este debate no es ajeno al auge de la formación derechista CIUDADANOS, que ha sido impulsada por la burguesía española para cortar el avance de PODEMOS. Indudablemente, el estancamiento de PODEMOS en los meses previos, junto con la aparición fulgurante de de CIUDADANOS, ha hecho reflexionar a algunos dirigentes de PODEMOS sobre la validez de las tácticas aplicadas hasta el momento.

En lugar de negar la idoneidad de este debate interno, la dirección de PODEMOS debería abrirlo al conjunto de la militancia que, según los Estatutos y sobre el papel, debería tener la última palabra y decisión sobre la línea política de la organización. Siguiendo la recomendación del compañero Monedero, los círculos deberían tomar la iniciativa de impulsar este debate, tan vital para el presente y el futuro del movimiento.

“La centralidad no es el centro”

Antes de la dimisión de Monedero, el compañero Pablo Iglesias publicó un artículo en Público el 20 de abril, titulado: “La centralidad no es el centro”, donde ya criticaba a aquéllos que, dentro y alrededor de PODEMOS, pregonaban una mayor derechización de la línea política del partido hasta hacerla indistinguible de las posiciones de CIUDADANOS, y alertaba de que caminar al “centro político” sería suicida para la organización. Así, escribía:

“En los últimos meses, se ha abierto paso una nueva perspectiva entre sectores políticos con simpatías hacia Podemos, que parte de un cierto complejo de inferioridad respecto al auge de Ciudadanos. Para estos sectores, pareciera que la centralidad se identificara con discursos que buscaran un trato más amable por parte de los medios de comunicación y con una imagen de respetabilidad fundamentada en no dar miedo ni a las élites económicas, ni a una mayoría social básicamente conservadora, tibia y renuente a los cambios. Esta noción de centralidad se acerca peligrosamente a la noción de ‘centro ideológico’. La peligrosidad de tal acercamiento no reside en ninguna valoración negativa de ese espacio ideológico “ni de izquierdas ni de derechas”, sino en la constatación de que en ese terreno Podemos tiene todas las de perder.”

Y continuaba:

“Por eso es tan importante que nosotros no olvidemos lo que nos trajo hasta aquí; un discurso de permanente visualización de las víctimas de la crisis y de reivindicación del Estado social y de las políticas redistributivas”… “Insistir en esa explicación y asumir sin complejos que nuestro estilo irreverente funciona bien con nuestras propuestas económicas de defensa del Estado del bienestar y los derechos sociales, es llevar la disputa política al terreno que nos es favorable”.

Esta delimitación política con CIUDADANOS era más que necesaria, corrigiéndose el grave error cometido meses atrás cuando el propio Pablo Iglesias y demás dirigentes de PODEMOS saludaban como algo beneficioso para la democracia a este Caballo de Troya de la derecha en la política española, lo que ayudó a CIUDADANOS a adquirir cierta autoridad política y moral.

Giro a la izquierda

Dos semanas más tarde, en vísperas del inicio de la campaña electoral, Pablo Iglesias publicaba otro artículo: “Guerra de trincheras y estrategia electoral” (Público, 3 de mayo), donde ratificaba sus tesis y planteaba los ejes políticos por donde debía discurrir el mensaje central de la actual campaña electoral:

 “Como decíamos en un artículo anterior si logramos situar la centralidad en la necesidad de democratizar la economía Podemos podrá ganar. Por el contrario, si la centralidad se sitúa en otros parámetros (la mera regeneración o el recambio de élites) los sectores dominantes habrán demostrado su capacidad de resistencia”.

Y continuaba:

“Dirán que Podemos se desinfla en las encuestas, que ya hay básicamente cuatro aspirantes a la Moncloa, que el problema fundamental de estos comicios son los pactos postelectorales en un escenario multipartidista inestable, que España es un país de clases medias y que las mayorías sociales son moderadas. Basta echar la vista atrás para comprobar que el éxito político y social del régimen del 78 descansó en un relato muy parecido que se tradujo en el estrepitoso fracaso del posibilismo eurocomunista y en la moderación de un Partido Socialista que, una vez a los mandos del Estado, pudo haber llegado mucho más lejos”.

Esta crítica al régimen de 1978 y a las políticas de las direcciones del PCE y del PSOE de entonces es notable y la apoyamos plenamente. Va contra la falsa idea de que hay que moderar el discurso para no asustar a la clase media. Más aún, el compañero Pablo plantea sin ambages una crítica al reformismo cobarde y a la política de conciliación de clases de la dirección del PCE y PSOE entre los años 1977-1982: “estrepitoso fracaso del posibilismo eurocomunista”, “moderación de un Partido Socialista que, una vez a los mandos del Estado, pudo haber llegado mucho más lejos”. Estas afirmaciones también contienen lecciones para la política actual de PODEMOS y su programa. De lo que se trata es de cómo pasar de estas palabras correctísimas de Pablo Iglesias, a los hechos.

Pablo Iglesias termina este artículo dotando a su pensamiento de un contenido de clase concreto, el mismo que ha transmitido en los mítines de esta campaña electoral:

“Hay que decir que hoy 13 millones de españoles están en riesgo de pobreza, que un tercio de los asalariados apenas cobra 645 euros al mes, que casi la mitad de los parados no recibe ninguna prestación. Las mayorías sociales no aspiran a una segunda vivienda o a tener tres coches en el garaje, aspiran a disfrutar de escuelas públicas y hospitales públicos, aspiran a una vivienda digna, a no hipotecarse de por vida y a un salario decente. En España no hay una mayoría social moderada, hay un pueblo al que se ha querido humillar y que tiene muy claro quiénes son sus enemigos; las élites políticas y económicas que les han robado y se han enriquecido a su costa”… “No ganaremos pareciéndonos al adversario, sino siendo nosotros mismos.”

Aquí Pablo Iglesias establece una distinción de clase nítida e inequívoca de cuál debe ser el sector de la sociedad al que PODEMOS debe dirigir preferentemente su discurso: a aquéllos que “no aspiran a una segunda vivienda o a tener tres coches en el garaje”, sino al “tercio de asalariados [que] apenas cobra 645 euros al mes”, a las mayorías sociales que “aspiran a una vivienda digna”, “a un salario decente”, “a disfrutar de escuelas públicas y hospitales públicos”. En definitiva, lo que Pablo Iglesias viene a plantear es que el sujeto social de la apelación de PODEMOS debe ser preferentemente la clase trabajadora y no las llamadas clases medias en abstracto. Esta apelación queda reforzada con la frase: “En España no hay una mayoría social moderada, hay un pueblo al que se ha querido humillar y que tiene muy claro quiénes son sus enemigos; las élites políticas y económicas que les han robado y se han enriquecido a su costa”.

En una entrevista reciente a 20minutos.es, el 13 de mayo, Pablo Iglesias reafirma estas ideas con mayor nitidez aún:

“Si pretendiéramos seducir a sectores moderados, estamos muertos, estamos perdidos. Ahí Podemos desaparece. Si Podemos existe es precisamente porque la crisis ha creado una situación de excepcionalidad que frustró las expectativas de las clases medias y los sectores asalariados, y eso permite un discurso mucho más contundente con respecto a la democracia que se vincula a la economía y con respecto a la corrupción”.

Para dar un cuadro completo del giro a la izquierda y de clase en el discurso del principal referente de PODEMOS, con respecto a semanas y  meses anteriores, debemos señalar sus referencias constantes en los mítines de estas dos semanas a la lucha contra la dictadura, a la defensa de los trabajadores, contra “los pijos”, o a una de las propuestas impositivas más significativas de PODEMOS como es subir el impuesto de la renta, el IRPF, a los que ganen a partir de 50.000 euros (lo que incluye a los sectores más altos de los asalariados y a las capas acomodadas de la clase media, en adelante).

Ni que decir tiene que desde Lucha de Clases, apoyamos sin reservas este giro a la izquierda y de clase en el discurso del compañero Pablo Iglesias y deseamos que se extienda con la misma convicción al conjunto de la dirección de PODEMOS, y se traslade a la estrategia, táctica y construcción de los círculos de la organización.

Es más, creemos –como el mismo Pablo piensa– que este eje discursivo y esta orientación es la única manera que tienen PODEMOS y las candidaturas municipales de “unidad popular” de emerger como una referencia clara para la mayoría de la población. Si algo debemos lamentar es que este giro no se haya producido antes, para haber despejado con anterioridad las ambigüedades en el discurso y en la orientación de la organización, lo que hubiera permitido a PODEMOS y sus aliados llegar con más fuerza e influencia a estas elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo.

Ahora de lo que se trata es de asimilar esta orientación con la convicción necesaria y sacar conclusiones de los posibles errores o equivocaciones cometidos.

La necesidad de un balance crítico de las tácticas pasadas

Siendo honestos, debemos reconocer que las posiciones políticas de algunos compañeros de PODEMOS –a quienes Pablo Iglesias reprocha hacer seguidismo de CIUDADANOS por su crítica moralizante de la corrupción y de “las élites”, y por la eliminación de casi toda reivindicación social– son la conclusión lógica llevada hasta sus últimas consecuencias de una parte de la base metodológica y comunicativa equivocada con la que se dotó desde un principio la propia dirección de PODEMOS.

Para nosotros, fue un error de partida la pretensión que transmitió la dirección de PODEMOS de querer ganar las elecciones generales de noviembre a cualquier costo, buscando atajos políticos que no existen, al punto de  pretender saltar por encima de la experiencia política que aún deben atravesar masas considerables de trabajadores y capas medias.

Por supuesto, que nos agradaría mucho la posibilidad de que PODEMOS, en unión de fuerzas afines, consiguiera una mayoría sólida en las elecciones legislativas de noviembre. Pero eso no está asegurado. No se puede acelerar artificialmente la experiencia política de las capas más vacilantes que necesitan de más tiempo y acontecimientos para sacar la conclusión de la inutilidad de los partidos del régimen para solucionar los problemas sociales. Que completen esa experiencia antes de las elecciones de noviembre es algo que está por ver.  En el peor de los casos, un gobierno de coalición inestable PP-PSOE-CIUDADANOS sería una fuente de insatisfacción popular y no duraría mucho. Será entonces cuando, tras pasar por esa experiencia, unas inevitables elecciones anticipadas arrojen una mayoría sustancial para un gobierno de “unidad popular”, nucleado en torno a PODEMOS.

La impaciencia es la puerta abierta al oportunismo. Por eso siempre nos pareció un grave error pretender incrementar súbitamente la base de apoyo de PODEMOS por la mera moderación política.

Tampoco nos pareció acertada la política comunicacional de los dirigentes de PODEMOS, que consistía  en promover públicamente sólo aquellos temas o debates donde ellos se sentían ganadores y la clase dominante incomodada. Eso no podía durar, era sólo una cuestión de tiempo que la clase dominante contraatacara con su propia agenda de temas obligando a los dirigentes de PODEMOS  a bailar a su son. Al final, evitar posicionarse de manera clara y firme sobre los temas aparentemente más controvertidos y escurridizos, por miedo a la crítica malévola y reaccionaria de la prensa burguesa hizo que la presión de la “opinión pública” burguesa los fuera forzando a abandonar una posición tras otra. Así ocurrió con la cuestión de la República y la apertura de un Proceso Constituyente, en la defensa de Venezuela, con el no pago de la deuda pública “ilegítima”, con la jubilación a los 60 años, con la nacionalización de las compañías eléctricas, y otras. Muchas de estas demandas se defendían un año atrás y ahora casi han desaparecido del discurso político oficial de PODEMOS. De esta manera, con cada paso atrás dado, la burguesía siguió intimándoles, forzándoles a dar dos o tres pasos más hacia atrás. Esto se vio reforzado por la frágil base ideológica general de muchos dirigentes de PODEMOS, a nivel estatal y regional, carentes de un terreno firme donde apoyar sus convicciones, y que debería ser reforzada.

Es cierto que PODEMOS ha sufrido un acoso repugnante y sin precedentes por parte de los medios de comunicación burgueses y el conjunto de las fuerzas políticas del sistema: se lo asoció con ETA, se lo incorporó a la campaña venenosa contra la revolución venezolana, se crucificó a los compañeros Errejón y Monedero a cuenta de sus trabajos privados e ingresos, y sobre todo se calificaron de catastrofistas las propuestas programáticas y económicas de PODEMOS. Pero la única manera de enfrentarse a esta cortina de intoxicación periodística, de mentiras y calumnias, era respondiendo con firmeza y contundencia redobladas, transmitiendo confianza y una voluntad real de cambiar el país de arriba hacia abajo. Pero, lamentablemente, en muchas ocasiones, se terminó cediendo a las presiones del enemigo de clase, se dio marcha atrás en algunas de las propuestas programáticas más radicales, y se respondió a la catarata de insultos y calumnias con medias tintas y vacilaciones, como en el caso de Venezuela, donde hubo actitudes que rayaron en el bochorno y la pusilanimidad, negándose a contrarrestar desde la dirección de PODEMOS la campaña de calumnias contra la revolución bolivariana.

La actitud evasiva y vacilante de los dirigentes de PODEMOS ante esta campaña de ataques en su contra tuvo el efecto de introducir dudas y falta de confianza hacia las propuestas de la organización dentro de su militancia y periferia más entusiasta. Sectores de la población, fundamentalmente de capas medias y trabajadores políticamente más atrasados, con simpatías más recientes o menos firmes hacia PODEMOS, le retiraron su confianza para dirigir sus miradas a la abstención, al PSOE, e incluso a Ciudadanos.

El razonamiento de estos últimos sectores no es difícil de entender. Se dijeron: “Si los dirigentes de PODEMOS no defienden con convicción que van a traer un cambio radical a la sociedad, ni me garantizan que van a solucionar mis problemas, sus vacilaciones y medias tintas me dan a entender que algo de razón tendrá la crítica de sus adversarios. Entonces, es preferible el “cambio seguro” que me prometen los dirigentes del PSOE y de Ciudadanos, que si bien será más limitado al menos parece más previsible que el que pueda proporcionarme un gobierno de PODEMOS”.

Fue este conjunto de elementos lo que explicó la caída y estancamiento del apoyo a PODEMOS en los meses pasados.

A vueltas con el debate ”izquierda-derecha”

Debido a todo lo anterior, la pervivencia del discurso “ni izquierda-ni derecha” –categorías que compañeros, como Carolina Bescansa, definen como “anticuadas”– han jugado un papel bastante negativo. Lo que ha hecho es sustituir la necesaria comprensión científica de las dicotomías de clase de la sociedad: “ricos-pobres; empresarios-trabajadores; estructura económica-superestructura política”; por una falsa concepción moralista subjetiva: “buenos-malos; honrados-corruptos; demócratas-no demócratas; gente-élites”, que es el terreno ideal para que los demagogos reaccionarios de CIUDADANOS encuentren un lenguaje común con los dirigentes de PODEMOS y puedan disputarle, en su mismo campo, el voto de clase media y de sectores obreros más atrasados políticamente.  

Es una ironía que mientras que los compañeros de la dirección de PODEMOS tratan de esquivar continuamente posicionarse públicamente como gente de izquierdas –“porque son categorías viejas, superadas”– el compañero Pablo Iglesias se ve obligado a cada paso a recurrir a los términos “caducos” de “derecha” e “izquierda” para formular sus posiciones políticas de manera que pueda encontrar un eco mayor entre el público en general, otorgando a estos términos un valor político categórico de primer orden. Así, por ejemplo, en la misma entrevista ya mencionada a 20 Minutos, el compañero Pablo afirmaba en relación a CIUDADANOS:

“Dijo el presidente del Banco Sabadell: "Hace falta un Podemos de derechas". Dicho y hecho. Cuando yo iba a congresos internacionales de ciencia política, siempre explicábamos que una de las particularidades de la derecha española era que estaban todos en el mismo partido. Eso ya no ocurre, hay diferentes opciones políticas de la derecha, y eso es una cosa buena. Pero cuando vemos el programa de Ciudadanos, vemos que podría haberlo hecho la FAES. Albert Rivera viene del Partido Popular, su candidata en Barcelona viene del Partido Popular”.

Vemos que en un simple párrafo, Pablo Iglesias se ve obligado a recurrir al término “derecha” para explicar su tesis hasta en 3 ocasiones. Lo llamativo es que hasta el representante de la oligarquía española –el presidente del Banco Sabadell – no solo no rehúye el término “derecha” sino que lo reclama como propio, como la expresión política que se ajusta a su interés de clase social privilegiada.

Tampoco es casualidad, como para que no quedara ninguna duda, de que en cada mitin el compañero Pablo se vea obligado y presionado por las circunstancias a proclamar su pertenencia a la “izquierda”. Pero si él se considera de “izquierdas” será porque le encuentra una utilidad, una necesidad. Nos alegramos, pues, de que la experiencia política y el contacto con el movimiento de masas esté llevando cada vez más a Pablo y otros dirigentes de PODEMOS a abandonar y arrinconar los esquemas políticos artificiales que plantean la inutilidad de la dicotomía “izquierda-derecha”, por falta de asidero en la realidad. Y cuanto antes abandonen dichos esquemas, mucho mejor.

Por supuesto, estamos de acuerdo en rehuir de etiquetas, y en que carece de sentido construir un movimiento político usando meramente la palabra “izquierda”. Lo importante es dotarse de un programa de transformación social a favor de la amplia mayoría. Pero las palabras “izquierda” y “derecha” son categorías políticas de primer orden, enraizadas en la conciencia social, que forman parte de la educación y tradición políticas de las clases sociales en pugna; y, por lo tanto, siguen jugando un papel necesario y muy útil para identificar el carácter clasista de la lucha política por transformar la sociedad.

Conclusiones

Todos los analistas están de acuerdo en la incertidumbre del resultado de las elecciones de este 24 de mayo.

Se calcula que entre un 30%-40% del electorado aún no ha decidido su voto, y sólo lo hará en las horas y minutos finales antes de depositar la papeleta en las urnas. Pero esto sólo viene a confirmar que las amplias masas de la población han roto con sus viejas creencias de toda la vida, cuando PP y PSOE concentraban el 80-85% del voto y se podía prever con dos meses de antelación el resultado de las elecciones. Ahora, sectores cada vez más amplios de las masas cambian cada dos o tres meses sus preferencias políticas: buscan, estudian, escudriñan y reflexionan cada partido y programa. La incertidumbre política sólo refleja la incertidumbre económica y social de un sistema capitalista en crisis.

Estamos en una época de cambios bruscos y repentinos en la conciencia. Como siempre, las grandes masas de la población, y particularmente de la clase trabajadora, aprenderán gradualmente de su experiencia.

PODEMOS y las candidaturas municipales que impulsa junto a otras fuerzas de izquierda, obreras y sociales se enfrentan a un enorme desafío. Podrían conquistar espacios institucionales de gran importancia, ya sea a la cabeza de ayuntamientos y comunidades autónomas, o como principales fuerzas de oposición en los mismos. Esto es un cambio fundamental en la situación, sólo unos meses antes de las decisivas elecciones legislativas de noviembre.

Lo importante a destacar en la corta experiencia de PODEMOS, como  movimiento de masas real y profundo, es que está agitándose siguiendo el movimiento acompasado de la clase trabajadora, empujando a un lado concepciones sociológicas artificiales sin base en la realidad y adquiriendo un perfil de clase cada vez más definido y compacto. Aunque falto de un programa socialista acabado, el giro actual a la izquierda que se le ha imprimido al movimiento no ha hecho más que reforzar su perfil más nítidamente de clase trabajadora. La tarea de los marxistas, como siempre, es acompañar el movimiento de masas y explicar pacientemente la necesidad de un programa socialista genuino para transformar la sociedad. La necesidad, por tanto, de fortalecer la corriente marxista en el seno del movimiento, es fundamental ¡Únete a nosotros en esta tarea!

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