Pagina principal Estado Español Análisis y Situación Política La Policía Local de Madrid y su grupo de Whatsapp: otro ejemplo de la vigencia de la teoría marxista del estado

La Policía Local de Madrid y su grupo de Whatsapp: otro ejemplo de la vigencia de la teoría marxista del estado

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En los últimos días, ha salido a la luz una serie de conversaciones en un grupo de Whatsapp formado por policías locales de Madrid. Lo relevante de la cuestión, tal y como ha trascendido a la prensa, es la consternación pública que ha supuesto ver cómo unos agentes de una Policía Local pertenecientes a un estado ‘’democrático’’ pueden llegar a desear la muerte de una alcaldesa elegida por el pueblo e inmigrantes, hacer loas a Hitler y al fascismo en general.


Los sindicatos amarillos policiales y funcionariales han salido a defender a estos agentes, justificando sus comentarios como pertenecientes a un “ámbito privado”, es decir, alegando cuestiones de forma para evitar condenar la actitud mostrada. Es una defensa similar a la usada con los agentes de la Policía Nacional captados en la entrada de la audiencia nacional el 3 de noviembre, haciendo mofas sobre una hipotética violación de Oriol Junqueras en prisión.

 

CCOO, sindicato al que pertenece el agente que ha destapado y denunciado el cariz de las conversaciones, también se ha pronunciado sobre esto, condenando el fascismo y todas las expresiones de odio vertidas en ese chat. UGT, aunque también ha condenado las expresiones de odio, ha puesto el acento en no criminalizar el cuerpo local de policía, pidiendo prudencia a la prensa.

Como no puede ser de otra manera, las principales explicaciones a nivel oficial que se están dando en los medios masivos de información burgueses es que estos agentes son una minoría y que no se trata más que de hechos aislados.

No obstante, lo que sí llama la atención es que la dirección de Unidos Podemos haya decidido adoptar un perfil bajo en esta cuestión, no dando la batalla ideológica sobre los ‘’porqués’’, de estas actitudes represivas y antidemocráticas en el seno del aparato mismo del estado. La única acción que se está estudiando desde el Ayuntamiento de Madrid es una posible inhabilitación individual de los agentes que hicieron estos comentarios. En la práctica esto significa unirse a la explicación pública de los ‘’porqués’’ que otorga la oficialidad del 78, desperdiciando una ocasión para poner sobre la mesa aspectos que de común permanecen ocultos a la opinión general.

Sobre la naturaleza y composición de los estados nacionales

La Policía Local es uno de los múltiples brazos que el estado tiene insertos en la sociedad de clases para asegurar el funcionamiento “pacífico” del sistema. En este caso, junto al ejército, es un brazo de carácter represivo. Hay instituciones de otro tipo, como son las instituciones educativas, sanitarias, políticas, judiciales e incluso religiosas. Estado y nación son dos conceptos que por lo general van unidos en el mundo actual, pero, como demuestra el caso español, esto no tiene porqué ser así, particularmente en zonas de atraso secular. La nación es un sentimiento que emerge sobre los pueblos como consecuencia de la relación de estos con una situación material concreta. Lo económico y lo político se entrelaza con la tradición e identidad nacional, que en determinadas ocasiones históricas sirve de vehículo para la expresión de intereses sociales. Así ocurrió históricamente en los casos de los pueblos  hispanoamericanos, emancipados del yugo de una nación opresora (la española), pero también en los peninsulares, con Galicia, Euskadi y Cataluña, expresiones nacionales sometidas al dominio del estado español.

 

El estado sería, como señala Engels, “el producto de un determinado grado de desarrollo de una sociedad, la confesión de que esa sociedad irremediablemente se ha enredado en una contradicción consigo misma y está dividida por antagonismo irreconciliables que no puede conjurar. Pero a fín de que estos antagonistas, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismo y a la sociedad en una lucha estéril, se hace imprescindible un poder aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantener los ‘ límites’ del orden. Ese poder sería el Estado” (El Origen de la familia, la propiedad privada y el estado).

Un ejemplo práctico de la naturaleza de los estados lo hemos visto en España durante la última década. Desde la explosión de la crisis capitalista en 2007, con el fin de defender el orden actual de la sociedad de clases, el estado se ha dedicado a reprimir, en todos los ámbitos y de diversas formas, a la clase trabajadora y la juventud.

Por una parte ha facilitado mediante la creación de distintos ‘’corpus legales’’ (reformas laborales, reformas tributarias, rescates a bancos mediantes decreto-ley) un trasvase permanente de rentas del trabajo al capital, y por otra, mediante el incremento a su vez de la represión directa a través multas y cárcel a toda expresión de oposición social contra estas políticas burguesas (Ley Mordaza). Ha habido un incremento sostenido de la actuación policial física contra grupos políticos y sindicales, ejecución violenta de desahucios por la fuerza frente a una población civil indefensa, etc. Para ello no ha habido dudas en fortalecer el cuerpo especializado en la represión, a pesar de la crisis económica. Un ejemplo de esto es el aumento de las partidas presupuestarias del Ministerio de Interior (Policía nacional) y Defensa (Ejército y Guardia civil) en los PGE de 2016 . En defensa hubo un incremento del gasto a 5.962,09 millones de euros y en interior a 7.482,22 millones, lo que representan aumentos del 3,5% y 1%, respectivamente, en comparación con los PGE anteriores . Este año se han convocado 3.100 plazas para entrar en la Policía Nacional cuando, según Eurostat, España ya es el segundo país de Europa que más policías nacionales tienen por habitante en la UE. Esta situación, que arrastra además una acumulación histórica, queda recogida los informes de las centrales de los sindicatos policiales. Como señalaba el documento “Un modelo de seguridad para el siglo XXI”, “los datos hablan por sí solos; España mantiene la cifra más alta de funcionarios policiales de toda Europa, y salvo excepciones de difícil comparación, de todo el mundo”. En realidad dicho documento se refiere a la proporción entre agentes policiales de todos los ámbitos y habitantes, cuyo ranking es encabezado por el estado español (~5‰) y seguido por Portugal y Grecia.

 

En cuanto a estos datos, es revelador que los tres estados Europeos occidentales que tienen más funcionarios policiales por habitante sean, precisamente, aquéllos cuyo pasado dictatorial militar en Europa es más reciente.

 

Es un rasgo histórico natural que con el desarrollo de los estados, el derecho a portar armas se fuese restringiendo al mismo, quitando este derecho a las masas. Esto se debe a que los estados necesitan para sí el monopolio absoluto de la violencia, ya que esto es clave para reprimir el empuje de las clases oprimidas producido por la lucha de clases, es decir , todo posible intento de alteración del orden social burgués. Para ejercer esta fuerza de actuación represiva, los estados desarrollan unas instituciones públicas (cuerpos policiales y militares) formada por hombres armados y aditamentos materiales (cárceles u instituciones coercitivas de todo tipo).

El estado siempre ha sido un aparato de represión en manos de la clase dominante contra los oprimidos, por lo que es lógico que su capacidad aumente conforme lo hace la necesidad de sostener las contradicciones cada vez más profundas de la sociedad de clases. Particularmente, esto se hace más evidente en países donde la debilidad de la burguesía es una característica histórica. Esto es lo que hay detrás de la política de aumento del gasto policial y militar en España en mitad de un periodo de crisis capitalista, que ha convivido con todo tipo de recortes sociales.

No obstante la composición de los cuerpos represivos contiene un germen de peligrosidad para el propio sistema. La acción de los cuerpos represivos, como hemos planteado, constituye un eslabón necesario para el sostenimiento del sistema, pero a la vez es un hecho objetivo que la clase dominante se ve obligada a reclutar entre los eslabones inferiores de la policía y el ejército a elementos que provienen de las capas populares, hecho que los hace permeable, en momentos de convulsión social extrema, a influencias del bando de los oprimidos. La clase dirigente, al mando de la maquinaria del estado, es consciente de este punto débil del sistema y por ello desarrollan taimadamente varias estrategias para asegurarse que los cuerpos policiales y militares no escapen de su férreo control.

En primer lugar, desarrollan mecanismos psicotécnicos, que sirven de filtro para el ingreso de individuos a estos cuerpos. El objetivo de estos es propiciar la entrada de individuos al cuerpo con unas caracteristicas determinadas, en líneas generales basadas en la búsqueda de individuos dóciles mentalmente sin tendencias a cuestionarse conceptos políticos establecidos, jerarquías de mandos, etc. En estas pruebas encontramos test como estos, que son un claro ejemplo de lo que afirmamos:

2.- Deberíamos ser todos más humanitarios y más religiosos. a) Sí. b) Ocasionalmente. c) No.

8.- Ante todo me gusta debatir y criticar las órdenes que se me dan. a) Sí. b) Ocasionalmente. c) No.

13.- Los trabajos que están jerarquizados anulan la voluntad de las personas. a) Sí. b) Ocasionalmente. c) No.

En segundo lugar, una vez dentro promocionan quienes son conocidos por su vinculación con unos determinados valores patrióticos y nacionalistas (españolismo a ultranza). A su vez, desde los mandos continuamente se produce una transmisión permanente y directa a sus subordinados de sentimientos chovinistas, que traen asociados una ideología política conservadora, y un desprecio continuo a todo lo que huela a lucha popular.

La depuración pendiente

En el caso español, muchas de las conductas que se aprecian en las cúpulas militares y policiales del estado actual obedecen a una herencia directa del pasado franquista. Esto se debe a que en el llamado periodo de ‘’la transición’’, PCE , PSOE y sindicatos transaccionaron con la depuración del aparato del estado a cambio del llamado pacto social. Así la oligarquía vinculada al régimen franquista persiste, integrada en el régimen del 78 y copando puntos básicos en puestos claves en el estado.

 

Esto trajo consigo que las viejas tradiciones franquistas persistieran en los cuerpos y que se fueran transmitiendo de generación en generación. Un ejemplo es el caso del Número dos de la brigada político social de la policía Nacional, el torturador ‘’Billy el niño’’. Este elemento estuvo en la policía hasta 1982, cuando voluntariamente abandonó el cuerpo para ser a posteriori jefe de seguridad en la multinacional Renault ‘’España’’. Otro caso famoso es el del comisario Villarejo cuya pertenencia al cuerpo data del franquismo, donde ganó la ‘’cruz al mérito policial con distintivo blanco’’ por su participación en la brigada político social en Euskadi . En 1993, tomó el importante cargo de agente operativo en la secretaría de estado de interior, hasta que en 2015 fue cesado. Entre sus ‘’quehaceres’’ destaca el uso probado de torturas, presuntos asesinatos y amplias relaciones ‘’recíprocas’’ con los poderes de este país, como la Casa Real o empresarios como López Madrid.

 

Nuestra actitud frente a los cuerpos armados

 

Nuestro interés en relación a los fuerzas y cuerpos armados debe partir de la necesidad de introducir las ideas más avanzadas posibles en estos sectores, tratando de aumentar la influencia de la izquierda en su seno. Para ello es necesario que los sindicatos de clase tengan un papel proactivo, protegiendo y arropando a los elementos más progresistas y valientes, como el denunciante del caso del grupo de whatsapp de Madrid, evitando que se sientan aislados. De este modo, la reivindicación del derecho a la libertad sindical (sin traba alguna) en los cuerpos represivos debe ser puesta al mismo nivel que la necesidad de la nunca abordada depuración de elementos reaccionarios de la cúpula militar y policial española. En este sentido cabe señalar que no son positivas las categorizaciones ultraizquierdistas que tienden a insultar conjuntamente a todos los miembros de estos cuerpos como fascistas o franquistas, pues así se niega la posibilidad de influir sobre la base de este cuerpo.

 

En definitiva, esa conversación del grupo de Whatsapp no es más que otra de las muchas revelaciones palpables de unas ideas que son inducidas por los propios mandos militares y policiales del estado para la mejor defensa del orden social actual, a través del control ideológico de sus efectivos.