Medios de comunicación: “El gran problema de la prensa española es la verdad”

Escrito por Javier Cabrera Jueves 16 de Junio de 2016
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Un informe del Reuters Institute de septiembre de 2015, señala que los medios de comunicación españoles tienen la credibilidad más baja de toda Europa, con sólo un 34% de aprobación. Este dato se entiende mejor si se acompaña del que señala que España es el país que muestra un mayor interés por la información, con un 85%. 

portadas diarios españolesAmbos datos señalan uno de los factores centrales de la actual crisis política, en la que una población con un mayor interés por la política y la información se enfrenta a unos medios de comunicación de masas cuyos intereses están lejos de la verdad, la objetividad y de los intereses de la mayoría.

“Desde que se inventó la imprenta, la libertad de prensa es la voluntad del dueño de la imprenta.”  Rafael correa.

Los medios de comunicación de masas son una fuerza colosal que la oligarquía y sus representantes políticos siempre van a querer tener bajo control. Por eso, que una mayoría de españoles desconfíe así de ellos es un poderoso indicativo de la etapa política en la que estamos. Sin duda, la campaña inmisericorde contra PODEMOS y los demás partidos y colectivos de la izquierda tiene mucho que ver con esta percepción; pero lo fundamental es que, desde la sacudida de la crisis y, sobre todo, desde el estallido del 15M, la clase trabajadora, la mayoría social, ha aprendido a cuestionarse todo lo que oye y ve, consciente de los intereses que hay detrás.

La información está monopolizada por un puñado de capitalistas que sólo se representan a sí mismos. Entre los apellidos que controlan los principales medios de comunicación, como los Lara o los Cebrián, descubrimos a la vieja oligarquía que medró con el franquismo, exactamente igual que en el resto de sectores de la economía. Cualquier denuncia del monopolio de esta oligarquía sobre la información y cualquier intento de regularla como un derecho y de darle acceso a la misma a las clases populares, era (y es) caracterizado como un ataque a la libertad de prensa.

En verdad, lo que amenaza la libertad de prensa es la propiedad privada de los medios de comunicación y la subordinación de los medios públicos a los intereses privados. La crisis económica ha acelerado la concentración de medios en el Estado español. La crisis económica y dicha concentración han provocado una precarización absoluta del oficio periodístico, lo que se traduce en una mayor sumisión a los intereses corporativos y políticos. Esto se ha revelado de forma cruda con la presunta implicación del consejero delegado de PRISA, Juan Luís Cebrián, en un entramado societario “offshore”. Por supuesto los medios de PRISA no informaron sobre este tema, y el grupo prescindió rápidamente de los colaboradores externos cuyos medios habían publicado dicha información.

El complemento perfecto de los medios privados son unos medios públicos totalmente subalternos, cerrados a la participación de la ciudadanía, utilizados como correa de transmisión de los gobiernos central y autonómicos,  con RTVE y Telemadrid como ejemplos supremos de manipulación informativa y de saqueo de lo público, firmando contratos millonarios con periodistas de ultraderecha mientras despedían a miles de trabajadores.

La información es un derecho y, como tal, no puede depender de los intereses del capital privado. Un gobierno de la izquierda que lleve a cabo una verdadera política socialista de comunicación, puede y debe poner a disposición de las organizaciones sociales, sindicales y políticas representativas de la clase los recursos técnicos para producir televisión, radio y prensa escrita que ahora están monopolizados por la burguesía. Al mismo tiempo, ese gobierno puede y debe construir unos medios de comunicación públicos verdaderamente públicos, libres censura y manipulación y abiertos a la ciudadanía y sus organizaciones. Esto puede y debe ir acompañado de la nacionalización de las grandes empresas de comunicación bajo el control de sus trabajadores, para que estos decidan democráticamente su línea editorial y sus contenidos, sin censuras ni vetos, para que no respondan a más intereses que a los de la objetividad y la calidad periodística.

La clase trabajadora es la más interesada en que exista la máxima libertad de expresión. No queremos censurar ni perseguir a Inda o a Marhuenda, simplemente queremos para todos la libertad de expresión de la que hoy gozan sólo unos pocos.