Unidos Podemos
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Será en marzo. Sin duda, el proceso viene marcado, e incluso motivado directamente, por el cambio vivido por la organización tras el acceso al cogobierno con el PSOE. Esta nueva situación ha supuesto un cambio drástico en las perspectivas barajadas hasta hace muy poco por la amplia mayoría de la izquierda acerca de la imposibilidad de alcanzar la participación en el gobierno. Esta idea se apoyaba en el supuesto veto de la clase dominante, encarnada en las empresas del IBEX 35, ante un Podemos que representaba un peligro “antisistema”.

De Vistalegre II hasta la fecha

Resulta paradójico que este cambio en las perspectivas (por la vía de los hechos) venga acompañado por la reducción de las bases de apoyo sociales tal y como evidenciaron las últimas citas electorales, al ser comparadas con las contiendas de los años 2015 y 2016. Para partir de los hechos, hablamos de una pérdida aproximada del 50% de votos. Sin embargo, sería engañoso atribuir la pérdida de apoyos a la malévola acción del enemigo de clase, que por supuesto hace su trabajo. No se puede esconder que mientras en la II Asamblea de Vistalegre (febrero de 2017) las bases del partido volvieron la espalda a Errejón para apoyar las posiciones más claramente izquierdosas de Iglesias, a su finalización se pusieron en marcha las políticas “transversales” de quien fue rechazado por la mayoría. Si Errejón ponía el acento en desdibujar el perfil popular en aras de un supuesto “populismo” orientado a atraer a las capas medias sin asustarlas, Iglesias puso rumbo hacia la “Constitución del 78”, en línea con la petición de perdón que exhibió aquél un año y poco después de su derrota, en relación a haber sido injusto en sus críticas a la misma (septiembre de 2018) Tanto es así, que el programa de las últimas elecciones estaba ya escrito y consagrado en la Biblia del Régimen del 78.

Giro a la derecha

Por el camino quedaron todas las consignas que lograron hace 6 años aglutinar todo el descontento de la sociedad en torno a un proyecto que logró motivar a millones de personas desilusionadas con la falta de alternativa a la izquierda del PSOE, en tanto que IU se hallaba en una deriva seguidista de aquel, con un perfil bajo a nivel estatal mientras se compartía gobierno con el PSOE en la Junta de Andalucía.
“Nacionalización de las eléctricas para garantizar la lucha contra la pobreza energética”, “devolución del rescate bancario”, “reducción de la edad de jubilación para dar paso a la juventud”, “renta básica universal”, “impago de la deuda ilegítima”... “romper el candado del 78”, “derecho a decidir”. Todas estas consignas estaban en línea de demandar lo necesario para la clase trabajadora, la juventud y las nacionalidades que se sienten oprimidas por el régimen monárquico. Los planteamientos se hacían con independencia de las posibilidades del actual régimen, al que se venía a combatir y no a revivir y respetar. Cuando la posiciones de Iglesias, frente a Errejón, se vieron refrendadas por las bases del partido, que intuían que algo no cuadraba en las tesis de éste, pareció abrirse una vía hacia el rescate de estas ideas. Sin embargo, la deriva posterior marcó el camino contrario.
Para quienes militamos en posiciones revolucionarias frente al posibilismo “realista” (encarnado hace décadas por el PSOE), estos cambios de postulados políticos explican el vaciamiento y el desencanto de una parte sustancial de la sociedad ante Podemos. Especialmente Euskadi y Catalunya, donde la tensión política contra el régimen se ha disparado, son máximos exponentes de estos retrocesos. Pero desde luego no es una cuestión territorial. El caso de Podemos Castilla la Mancha, con la súbita desaparición de Podemos en el parlamento regional, anunciaba a pequeña escala la interpretación de las masas en lo que respecta a la aclimatación a los ambientes gubernamentales de una fuerza teóricamente “anti-régimen” y “anti-casta”. A su vez esto fue una repetición de la debacle que sufrió IU en 2015 en Andalucía tras la dramática aceptación por parte de Diego Valderas, exdirigente de IU-Andalucía, del “imperativo legal”, que les acabó enfrentando a sectores numerosos de la clase trabajadora en lucha, especialmente sanitarios y educadores (aunque no sólo).

Falta de democracia interna

En el aspecto organizativo, en Vistalegre II se hicieron numerosas declamaciones en favor del fortalecimiento de los círculos, como se ha vuelto a hacer recientemente con el nombramiento del compañero Alberto Rodríguez como secretario de organización. Sin embargo, en este terreno la deriva igualmente fue a favor de los planteamientos postmodernistas de mantener el vínculo con los “ciudadanos” a través de las ondas electromagnéticas, descartando el fortalecimiento y el contacto físico con las bases militantes, a las que se les ha reducido a una mera inscripción telemática. La realidad es que Podemos está lejos de ser una organización democrática. Se rige por un mecanismo plebiscitario, de arriba hacia abajo, sin posibilidad alguna  de que la militancia real, la que sostiene el trabajo día a día, pueda controlar, debatir o decidir el rumbo del partido. Hay que volver a las asambleas de delegados elegidos en los círculos en cada nivel de la organización: local, provincial, regional y estatal, para que las decisiones tomadas en las Asambleas Ciudadanas y la dirección elegida reflejen fielmente el sentir de la base.

La necesidad de un ala izquierda

No vamos a repetir en este breve balance lo expuesto en el artículo Editorial del presente número en relación a las recientes actuaciones del equipo de Podemos en el cogobierno, que estimamos como errores graves. Sin embargo, constatamos que la inmensa mayoría de las familias trabajadoras aún mantiene serias expectativas sobre la coalición PSOE-UP. A pesar de los errores referidos, la inmensa mayoría de la clase trabajadora, e incluso sectores muy luchadores, no ha visto todavía ninguna traición abierta, como sí fue vista en Andalucía por parte de IU. Los sectores seguidistas de la dirección correrán a justificar todo lo que ésta haga, sea lo que sea. Los sectores impacientes a la izquierda confundirán la aguda crítica que merecen los máximos responsables con la actitud que tienen hacia ellos de los sectores decisivos de las clases populares y que no es actualmente esa. Estos últimos compañeros no son capaces de comprender que las masas necesitan experiencias concretas para cambiar de posición. Esto no quita ni un punto a favor de la lucha consciente por construir una alternativa a la izquierda, desde la más absoluta lealtad a los principios que inspiró Podemos inicialmente, que era una expresión más de la crisis de régimen que aún sufre el raquítico y rapiñero capitalismo español y sus corruptas instituciones.
Desde esta posición, compartimos la crítica de los compañeros de Anticapitalistas hacia la actual dirección de Podemos, pero no compartimos su impaciencia respecto a una ruptura que aún no es comprensible para el movimiento de masas. Por nuestra parte, defendemos la participación en la III Asamblea, marco en el que presentaremos nuestros propios documentos, defendiendo que sólo con un programa levantado en torno a medidas de carácter socialista es posible abordar los problemas reales de la clase trabajadora, sectores empobrecidos del campo y la ciudad y la juventud. Si este programa llevara a la ruptura de la coalición de gobierno, estamos seguro que, en una situación objetiva como la que atraviesa los sectores oprimidos, se podría recuperar el terreno perdido. Sin embargo, las renuncias políticas y la negativa a organizar las bases del partido, no pueden más que ahondar en la situación de declive político que sufre el proyecto, en favor de la regeneración de la imagen de un PSOE que sigue dando muestras de servir al sostenimiento del régimen.