Movimiento Obrero
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Publicamos a continuación la reflexión de un delegado de UGT sobre la Marcha del 15 de septiembre en Madrid.

Vivimos un momento lleno de contradicciones y la marcha a Madrid no fue diferente a esta realidad.

Frente a juegos de números sobre cuantas personas participaron, los que estuvimos allí vimos la Castellana llena de gente, desde Gregorio Marañón hasta la Cibeles, las arboledas repletas de personas y la plaza Colón también, todas ellas en movimiento constante para aliviar el sol de plomo que ese día nos saludaba. Lo más relevante de esto, insisto, no es número de personas o autobuses que fueron, sino el que decenas de miles de trabajadores estuvieran dispuestos a gastar en esta protesta uno de sus dos días libres semanales, en muchos casos con salidas a las 12 de la noche, la 1 o las 3 de la madrugada y la vuelta a las 8, las 10 o las 12 de la noche siguiente. Incluso pagando un bono por acudir, siguiendo las tradiciones de clase: nadie regala nada los trabajadores.

Y frente a este esfuerzo militante, sin olvidar que venimos de una huelga general exitosa y grandes movilizaciones en el mes de julio, la organización del acto por parte de los dirigentes sindicales no deja de ser pobre.

Cientos de pancartas reflejaban el ambiente social de denuncia: 

Su botín es nuestro dinero.

Nunca un país tan pobre hizo chorizos tan ricos.

Prefiero rescatar a un minero antes que a un banquero.

Y la bancarrota política: 

rosas (PSOE) y gaviotas (PP) nos dejan en pelotas.

Capullos (PSOE) y gaviotas (PP) nos toman por idiotas.

 

Destacar que como partido de clase solo acudió IU, con sus banderas y de modo organizado. Pero por ninguna parte vi cortejos sindicales de las diferentes federaciones con consignas claras y concretas para darle la vuelta esta situación.

Ninguna referencia al reparto del trabajo, a una pensión digna o un SMI de 1000€, no al embargo de la 1ª vivienda, la necesidad de una banca publica,... que son reivindicaciones que ya están en la calle. En este sentido, la vanguardia social encarnada por los dirigentes sindicales está claramente por detrás de la conciencia social que se está generando por la experiencia diaria de los trabajadores. La consigna de un referéndum no estaba en la mente de los allí reunidos como una solución, sino como una excusa para presionar al gobierno. Un gobierno que  desde mi punto de vista, puede sentirse molesto por actos como este, pero que no va a sentirse inquieto mientras las direcciones sindicales, que no los sindicatos, estén más preocupadas por las formas de gobernar que de los ideales sociales de los que son guardianes.

La certidumbre de que es necesario derribar este gobierno de derechas y de que la alternativa está en un Frente de Izquierda a la izquierda del PSOE crece entre los trabajadores. Los partidos de izquierda van a ser puestos a prueba en los próximos meses, no tengo dudas de ello.