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Movimiento Obrero
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Ayer 11 de noviembre, el sindicato CGT convocó su anunciada huelga general en la Comunidad de Madrid. En realidad, fue una manifestación de varios cientos de personas, donde destacaban miembros de CGT Metal, de Inditex y Correos, con la presencia adicional de Marea Verde, AMMAD y Pensionistas de Parla, y con un ánimo bastante apagado.

Durante el día no hubo paros en ningún sector donde CGT tiene presencia, sino acciones aisladas en un centro de logística de Decathlon en Getafe a medianoche, reducción en la frecuencia del metro, y unos piquetes informativos en unos centros sanitarios y en una escuela de música en Leganés, entre otros pequeños actos públicos.

Durante toda la mañana de ayer, no se publicó un solo tuit de acciones de lucha en el día, salvo pancartas colgadas en puentes y en algunos edificios. Ya en las dos semanas previas se podía intuir el fiasco. Ni en las redes sociales de CGT Madrid ni en su página web había informes de asambleas en empresas, en barrios, en polígonos industriales, ni siquiera en las sedes de CGT, de preparación de esta “huelga”.

Cuando CGT anunció esa huelga general hace 2 meses la saludamos con entusiasmo desde Lucha de Clases. Hubo un momento clave durante el auge de las movilizaciones vecinales en los barrios confinados del sur de la Comunidad, a fines de septiembre y comienzos de octubre, y era el momento de pasar a la ofensiva en contra de las políticas discriminatorias y de tratamiento desigual del gobierno de Ayuso contra la clase obrera, así como contra el desastre de su política sanitaria. Sin embargo, parece que la dirección de CGT prestaba más atención al diseño del cartel, nuevas pancartas y a un vídeo corto de promoción de la huelga en vez de organizarla o hacer un llamamiento audaz a las asociaciones vecinales y a otros sindicatos (desde los pequeños sindicatos radicales hasta los principales) de invitarlos a organizar conjuntamente la huelga. Particularmente, es chocante que con el ambiente explosivo de los barrios del sur de Madrid la dirección de CGT no se haya volcado en estos barrios para atraer la atención hacia la huelga. Es chocante que, en medio de movilizaciones de los trabajadores sanitarios en todos los centros hospitalarios de la Capital, la dirección de CGT haya sido incapaz de contactar y atraer a este importantísimo sector en lucha ¡sobre todo cuando la demanda de sanidad pública y de calidad era el eje central de esta convocatoria! Tampoco hubo impacto en los trabajadores de la educación y del transporte, como en los de supermercados, sometidos a un enorme estrés y al encontrarse en la primera de la cadena de contagios en esta epidemia. Y si se hicieron esfuerzos, y hubo rechazos a participar de estos sectores debería ser una obligación de la dirección de la CGT de Madrid hacerlo público para despejar dudas sobre su compromiso militante con esta huelga que tantas expectativas despertó inicialmente.

Por supuesto, no nos olvidamos de señalar la responsabilidad que cabe en todo esto, a UGT y CCOO, por su posición hegemónica en el movimiento obrero madrileño, y cuyos dirigentes se hicieron los sordos de manera escandalosa. Además, es bastante lamentable que ningún representante de PSOE, Podemos ni IU demostraran solidaridad con la huelga ni hicieran llamamientos a secundarla. Los partidos políticos en la coalición y los dos sindicatos más grandes del país tienen una responsabilidad de luchar en contra de todas las injusticias y ataques de la derecha contra la clase obrera. Pero en vez de hacer esto mantienen sus filas cerradas en lo que parece un pacto no declarado con la derecha para mantener la paz social y la gobernabilidad.

Sin embargo, lo que está al fondo de la debilidad de la huelga es una falta de confianza en la clase trabajadora para llevar a cabo una lucha contra la derecha, y esto incluye tanto los sindicatos mayoritarios y los dirigentes oficiales de la izquierda como, lamentablemente, a los compañeros de la dirección de la CGT. Se encuentra la evidencia de esta falta de confianza en una declaración de la portavoz de CGT, Irene De la Cuerda, el día antes de la manifestación: “Para nosotros lo más importante no es contabilizar cuántas personas la secundarán, es el toque de atención”. Se ve claramente que estaba dando excusas y preparando a las bases para un fracaso, en vez de meter toda su energía en insistir en la máxima participación.

Una verdadera huelga general en toda la Comunidad de Madrid con el apoyo de todos los sectores industriales y económicos sería capaz de lograr la dimisión de Ayuso y echar abajo su gobierno de PP y C’s con el apoyo de Vox. Hay que empujar más allá de un toque de atención, que ni siquiera consiguió la atención de los principales medios de comunicación. La clase obrera tiene la enorme tarea de organizarse para enfrentarse a la crisis de la epidemia y de la economía. Es el único sector de la sociedad capaz de hacerlo y tenemos que poner toda la confianza en nuestra propia fuerza como clase.

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