Análisis Político
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En sólo diez días han trascendido dos cartas de más de 300 altos oficiales del ejército en la reserva incitando a un golpe de Estado encabezado por el rey, contra el gobierno “socialcomunista”, y un chat de whatsapp de oficiales retirados del ejército del aire alentando a “fusilar a 26 millones de hijos de puta y a sus hijos”, refiriéndose a la izquierda y a los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos.

El 25 de noviembre, 73 altos oficiales de las Fuerzas Armadas en la reserva remitieron a Felipe VI y al Parlamento Europeo una carta en la que mostraban su “preocupación” por la “deriva totalitaria” del gobierno español y apelaban al rey para “poner orden" en el país; una carta que representaba el primer ejemplo de intervención abierta de sectores militares en política desde hace década y media.

Esta semana se ha sabido que buena parte de los firmantes de aquella carta tenían un grupo de WhatsApp llamado XIX (en referencia a la XIX promoción de la academia de la fuerza aérea a la que pertenecen). El contenido de dicho grupo ha sido filtrado por uno de los oficiales y ha devuelto a la actualidad el fantasma del golpismo militar.

Loas a Franco, ataques a la izquierda y al gobierno de coalición, delirios genocidas… El grupo XIX ofrece un retrato preciso de la mentalidad que predomina en los ambientes de la oficialidad, expresado con el lenguaje crudo y descarado por los que no tienen nada que temer. Por supuesto, el gobierno progresista es incapaz de explicar cómo unos oficiales que han desarrollado la práctica totalidad de su carrera en democracia se han destapado, a la hora de su retiro, como unos fanáticos franquistas y unos genocidas en potencia. Todas las reacciones desde el espectro político se limitan, sin excepción, a proclamar que la actitud de estos señores no puede manchar “el buen nombre de nuestras Fuerzas Armadas” ni su “compromiso inquebrantable con la democracia”.

El contenido de este chat es más serio de lo que a primera vista pudiera parecer. No sólo muestra la verdadera cara de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas, sino que de estas conversaciones se puede deducir que estamos ante un intento fallido de conspiración golpista. Parece que estos señores han movido hilos, han hecho llamadas y se han encontrado con una respuesta invariable: no se dan las condiciones. La intención de esta presunta conspiración era, según El País, provocar un “efecto cascada” entre la oficialidad en ejercicio para presentar al rey un hecho consumado y que éste se pusiera a la cabeza. Este movimiento ha sido abortado y la filtración del chat es prueba de ello. El silencio del monarca y de la Casa Real ante la filtración de estas cartas y del chat mencionado, nos lleva a preguntarnos hasta qué punto desconocía Felipe VI las pretensiones golpistas de este grupo, pero también admite otra lectura: Felipe VI sabe que en el momento de la verdad su único punto de apoyo verdadero descansa en la casta militar, por lo que no puede romper amarras con ella ni desairarla en público. En previsión de que un movimiento revolucionario trate de llevarse por delante a la monarquía, y con ella al actual aparato de Estado reaccionario, ambas instituciones se necesitan mutuamente.

El caso de agrava porque hoy mismo, 5 de diciembre, ha trascendido una carta pública de otros 271 oficiales en la reserva que, distanciándose de las ínfulas asesinas de sus colegas de la XIX del Ejército del Aire, pero “conscientes de compartir las mismas inquietudes que nuestros compañeros“ repiten la denuncia de la carta de los 73 de fines de noviembre, arengando contra el “peligro de la unidad de España”, del intento del gobierno de querer “someter al Poder Judicial”, contra “la coalición con comunistas y el apoyo de filoetarras e independentistas”, y contra cualquier intento de indultar a los presos del Procés, es una intromisión escandalosa en la política gubernamental. Estos caballeritos terminan de la siguiente guisa: “como militares que seguimos siendo aún en la situación de retirados, mantenemos activo el Juramento que prestamos en su día de garantizar la soberanía e independencia de España y defender su integridad territorial y el orden constitucional, entregando la vida si fuera preciso”. Una amenaza abierta a un Golpe de Estado.

El caso es que el jaez de esas conversaciones de la XIX promoción del Ejército del Aire, así como las cartas de estos oficiales retirados, no puede ser ninguna sorpresa para quien conozca el ejército y la casta de altos oficiales. Las ideas que defienden son las que imperan en el Ejército español desde la Guerra de Marruecos y que aplicaron con rigor en la Guerra Civil. El General Emilio Mola, principal ideólogo y organizador del golpe de estado de 1936, escribió en su “instrucción reservada nº 1”, del 25 de mayo de 1936:

“Se tendrá en cuenta que la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado. Desde luego, serán encarcelados todos los directivos de los partidos políticos, sociedades o sindicatos no afectos al movimiento, aplicándoles castigos ejemplares a dichos individuos para estrangular los movimientos de rebeldía o huelgas.”

Franco, Queipo de Llano y el resto de generales golpistas siguieron a rajatabla esta instrucción. Hasta tal punto lo hizo así el general Yagüe, en su avance por Extremadura, que los terratenientes locales tuvieron que pedirle que detuviese los fusilamientos porque iban a faltar brazos para la siega. Aquí tenemos el origen de la idea de “fusilar a 26 millones de hijos de puta" del general Beca. Tanto en la guerra colonial como en la guerra civil, el generalato español aplicó el mismo método bárbaro y genocida para aplastar a las masas revolucionarias. Y no cabe duda de que, ante una nueva revolución, tratarán de volver a hacerlo.

Lo cierto es que varios de los mensajes de los generales son la constatación de una frustración y una impotencia. Los generales hablan de una España reblandecida en la que ya no es posible lo que pasó en el 36. La conspiración de salón no ha prosperado porque sus propuestas han caído en oídos sordos. El caso es que, hoy por hoy, no podía ser de otra manera: con una situación de relativa paz social durante la pandemia, con una clase trabajadora que apenas ha empezado a estirar sus músculos en el periodo anterior sin haber sufrido reveses decisivos y con un gobierno de izquierda reformista totalmente sumiso al capital, para la oficialidad en ejercicio está completamente descartado cualquier tipo de aventura golpista.

El alto mando es plenamente consciente de que un pronunciamiento obtendría una respuesta inmediata y fulminante por parte de la clase trabajadora, como ya ocurrió en el 36. Por eso no hacen caso de los carcamales que hablan con plena libertad desde su retiro. Mantener la ficción de unas Fuerzas Armadas políticamente neutrales y al servicio del poder civil es esencial para mantener su posición en la sociedad y poder jugar, llegado el caso, el papel de árbitro supremo personalizado en la figura del rey, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Nuestro papel como revolucionarios es desenmascarar esta ficción, señalando la carcoma reaccionaria que domina a las Fuerzas Armadas y que el régimen del 78 heredó intacta de la dictadura franquista. También denunciamos que lo que se busca con las declaraciones públicas de estos canallas ý parásitos uniformados “en condiciones de retiro” es tratar de condicionar la política del gobierno.

Ante todo esto, el ministerio de defensa se ha limitado a poner una simple denuncia judicial a los impulsores del chat de whatsapp, lo cual es de una tibieza extrema, sobre todo porque los jueces (de mayoría derechista) pueden alegar que se trata de una conversación privada y archivarla.Si, como es una posibilidad, el gobierno deja pasar esto sin más, y sin tomar medidas firmes, expulsando de su condición de militares a estos caballeritos y derogando todos sus privilegios, y apelando a la movilización popular contra cualquier intento de desestabilización por parte del aparato del Estado y de la derecha, esta gente va a ir a por más. La debilidad invita a la agresión.

Corona, Ejército y Capitalismo forman una tríada indisoluble en el Estado español. No se puede combatir uno de estos tres elementos sin hacerlo, al mismo tiempo, contra los otros dos.

Nuestro papel es luchar por la depuración completa del aparato del Estado de toda esa chusma reaccionaria, por el control democrático de las Fuerzas Armadas basado en comités de soldados y de las organizaciones obreras y, tal vez lo más importante, aprender de la historia de nuestra revolución para que nunca más nos partan el espinazo.

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