Análisis Político
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La Corriente Marxista Lucha de clases denuncia las amenazas que está recibiendo Juan García, uno de los portavoces de la Plataforma Vecinal Interdistritos de Sevilla y militante de la CMI, y su familia por parte de un individuo, conocido en el barrio de Bellavista por su actitud violenta, ante la inacción de la justicia y la Policía. Hay que recordar que fue una agresión cometida presuntamente por este individuo contra el padre de Juan García la que motivó la movilización vecinal de junio del año pasado en Bellavista y que, a su vez, fue el arranque de la conformación de la Plataforma Vecinal Interdistritos con la unión de más plataformas de otros barrios de Sevilla. Hemos denunciado reiteradamente la situación deplorable en la que se encuentran los barrios de la capital andaluza. Años de dejadez por parte de los gobiernos del PSOE se han materializado en una degradación extrema. Publicamos el testimonio en primera persona del compañero Juan García para apelar a la solidaridad de toda la izquierda y el movimiento obrero del Estado español con la familia de Juan García y con la Plataforma Vecinal Interdistritos.

Voy a relatar algo vivido ayer con el objetivo de que todo el mundo sepa qué está sufriendo una familia normal, trabajadora, en Bellavista (Sevilla). Antes de nada quiero decir que no pienso que sea tan "raro" lo que nos está pasando, siendo la única diferencia que yo estoy socializando lo que estamos viviendo. En realidad hay muchos casos que se padecen silenciosamente en nuestros barrios y que nunca se saben más allá de un estrecho círculo personal, unas veces por miedo y otras por "prudencia".

jesúsHemos de recordar que sobre el individuo al que me voy a referir pesa una orden de alejamiento de los domicilios mío y de mis padres (y nuestras personas) de 300m. Esta orden fue dictada por una jueza de los Juzgados de Sevilla como medida cautelar tras unos hechos ocurridos en el pasado mes de mayo, cuando mi padre apareció medio muerto con la consciencia totalmente anulada y con la cabeza abierta sobre un charco de sangre. Esto tuvo lugar al día siguiente de unas amenazas con las que un lumpen "advirtió" a mi padre. ¿Cuáles fueron los móviles del choque del día anterior? Los mismos que llevó a este sujeto a mantener a toda la comunidad de vecinos bajo sus alas a base de amenazas, gritos, agresiones e insultos. Es decir, por razones que todos conocemos, el amigo de la gresca necesitaba que todo el vecindario tuviera miedo de rebelarse ante comportamientos mayoritariamente tenidos por ilícitos en la comunidad (no voy a dar detalles de las actividades porque eso corresponde a determinadas instancias aclararlas, si algún día les da gana, dicho con todo respeto). Ante estos indicios y conociéndose la asombrosa lista de antecedentes, la jueza impuso una medida cautelar contundente, a la espera de juicio.

A pesar de ello, el sujeto lleva vulnerando la orden desde el principio, como constatan numerosos vecinos (los cuales nos avisan), como hemos dejado reflejado incluso con fotos en varias ocasiones en documentos entregados al Juzgado. La ley establece que el quebrantamiento de la medida impuesta por el juzgado conlleva la privación de libertad. Pero aquí no pasa nada (hasta que pase), a pesar de haber comunicado el impacto que esto tiene sobre nuestra vida cotidiana, siendo víctimas como lo han sido anteriormente otros vecinos y vecinas de nuestro bloque de viviendas (con casos de agresiones graves, ¡incluso a personas mayores enfermas!). El quebrantamiento de la orden de alejamiento puede ser fortuita, y por tanto no ser objeto de condena alguna, si hay un encuentro azaroso entre las personas involucradas, siempre y cuando el individuo se aleje al percibir la situación. Sin embargo, nos estamos refiriendo a la aproximación a nuestro domicilio, lo cual descarta automáticamente tal consideración. En palabras de la jueza el día de su dictamen, "esta persona no debe acercarse a vuestro domicilio bajo ningún concepto, aunque viva allí mismo, ni para recoger ropa".

Las graves amenazas de ayer (y sabemos que otras en el pasado las cumplió como se ha dicho) ocurrieron a menos de 80m de la vivienda de mis padres. Entre otras lindezas soltó "os tengo que matar a los dos", "a tu hijo te lo tengo que matar y a ti también", haciendo gestos como de apretar un gatillo. En estas circunstancias mi padre, en un estado de gran alteración, se dirigió con urgencia a la comisaría de policía local con la orden de alejamiento en las manos. Esta comisaría se encuentra a escasos 100 metros del lugar de los hechos. Iba con la esperanza de que los hechos no quedaran impunes nuevamente y el sujeto fuera de una vez detenido, harto ya del sinvivir que soportamos desde hace casi un año. No podía imaginar en ese momento que la comisaría estaba allí pero sin personal. Empujaba la puerta de cristales sin éxito, comprobando que no había ni un solo coche de policía en la calle.

Automáticamente llamó al 091 para dar parte, personándose, al rato, en el lugar una patrulla, pero sin posibilidad ya de intervenir. Hubiera sido muy distinto si, en lugar de tener en el barrio una comisaría de policía local de adorno para tapar la boca al barrio, hubiéramos tenido acceso a lo que se considera un derecho básico ciudadano.

Una vez recibida por enésima vez el jarro de agua fría, mi padre se dirigió a la Comisaría de Bami a presentar la denuncia de lo ocurrido. Y... ¡Sorpresa! El agresor estaba en la puerta. Desconocemos qué hacía allí, tal vez tramara alguna de sus tretas. Ante esta circunstancia se produce allí mismo una nueva provocación con la policía delante, ¡a pesar de la orden de alejamiento! ¿Qué hace la policía? ¿Lo detiene? No. Le dice a ambos que se tranquilicen (víctima y agresor). El individuo se va un bar a escasos 50 metros y mi padre se queda dentro de la comisaría. Sí, ¡¡el detenido parecía ser mi padre!! mientras el otro tranquilamente se distendía en el bar. En ese momento, mi padre me pide que acuda para acompañarlo, dadas las circunstancias. Yo me encontraba en mi puesto de trabajo ejecutando unas tareas críticas que tuve que abandonar. Conmigo viene un compañero de trabajo, percibiendo que mi estado anímico se afectaba por momentos, dada la situación. A los pocos minutos llegamos, y al ver que el agresor no está en la zona, le pido a mi padre que salga a tomar el aire y ahora... ¡Nueva sorpresa! El individuo, descontrolado, sale del bar y se aproxima a nosotros en actitud provocadora profiriendo su ristra típica de insultos. En mitad de ello, me grita "¡Tú que eres tan listo con el Facebook, móntate conmigo en el coche, que te vas a enterar, so mierda!" Todo estaba teniendo lugar en la mismísima puerta de la comisaría de policía, por increíble que parezca. Mi impresión es que no se dio cuenta de que detrás de nosotros había un agente aparcando una moto. Cuando lo tuve a menos de 10 metros, le espeté tranquilamente "díselo a este hombre que está aquí detrás, a este agente". En ese momento el policía intervino y le requirió la documentación, ante lo cual cambió radicalmente su actitud mostrándose dócil y servil y pidiendo "disculpas" al agente. Sinceramente, pensaba que esta era la ocasión en que sería llevado detenido: no sólo estaba vulnerando la orden de alejamiento sino que reiteraba en la actitud que la propició. Mi sorpresa fue que esto no ocurrió, el agente tomó los datos y lo dejó marchar tras una larga conversación que se extendió al menos un cuarto de hora. Yo no salía de mi asombro. Cuando pedí explicaciones al agente que estaba a cargo de la seguridad de la comisaría, otra vez con sorpresa, recibí una contestación increíble: según el policía, el agresor estaba en su derecho de estar allí porque las víctimas estábamos protegidas por ellos. Cuando le dije que qué pasaba con lo dictado por la jueza me contestó con una pregunta retórica de "¿si tú sabía más que yo sobre cómo debía actuar?". Ante esto, nuevamente le manifesté mi petición de amparo, que quedó en agua de borrajas. Allí nos quedamos esperando a narrar sobre una denuncia lo que allí había pasado y lo que aconteció en Bellavista. Frustrante no fue, porque esa palabra se queda corta. Sinceramente la pregunta que nos asomaba a la cabeza es ¿qué pasa con este tío? ¿Por qué se libra de todo? ¿por qué tiene una caja de antecedentes y sigue en libertad con la misma actitud peligrosa? ¿A qué se espera? Nos damos respuestas hipotéticas que prefiero no exponer, por ahora.

En estos momentos nuestra situación es de indefensión. Nos da la sensación de ser chivos expiatorios para que la justicia actúe. Es decir, que se está esperando a que ocurra lo que se está anunciando.

Mi familia y yo somos personas que repudiamos la violencia. Jamás ni mis padres ni yo hemos sido objeto de denuncias o quejas por este asunto. A mí se me puede juzgar por mis ideas, por mi activismo, por mi compromiso social, pero jamás nadie me ha visto involucrado en acciones individuales recriminables. Mis convicciones personales y políticas de marxista militante me llevan a repudiar estas salidas. Mis ideas nunca han hecho daño a nadie personalmente, gusten más o menos. A este respecto, debo decir que la primera vez que fui amenazado por el sujeto descrito, me dijo textualmente, ataviado con una gran bandera patriótica en el pecho, "sé quién eres y a lo que te dedicas".

Dicho todo lo anterior, en el transcurso de las últimas horas he recibido varias docenas de mensajes de solidaridad. Algunos me animan a tomar la justicia por mi mano, cosa que como he dicho no voy a hacer, por más impulsos que uno tenga que controlar. Pero muchos otros, y son los mensajes que más me animan, me dicen que "aquí estamos para que esto no quede así, movamos lo que haga falta". Hay otros mensajes que comparten conmigo experiencias similares sufridas en silencio y en la penumbra de los archivos judiciales.

Todo esto no ocurriría si nuestros barrios no fueran víctimas del abandono y la desidia de los poderes públicos del Estado, a todos los niveles, desde la "Justicia" hasta los responsables del alumbrado público. Pero la realidad es otra. Nuestros barrios son caladeros de votos por lo populosos que son. Por ello, son sólo un objetivo de atención cuando llegan las elecciones (con raras excepciones de fuerzas políticas y sociales presentes en los barrios). Todos vienen, especialmente la derecha que es oposición, hacer gala de sus mentiras, pues son ellos los que más han potenciado las políticas de recortes e ignorancia hacia nuestros entornos vitales, los de la gente humilde y trabajadora. Claro, el partido en el gobierno local, con Espadas a la cabeza, se lo pone fácil: mientras gobierna con el apoyo de una base social obrera se dedica a hacer políticas en favor de los barrios privilegiados por el turismo y el escaparate económico. A la misma vez, se alía con los industriales del sector haciendo la vista gorda ante la situación de la clase trabajadora sometida a condiciones inaguantables. Todo vale en favor de sus beneficios (que se lo pregunten a camareros y personal de la limpieza, a las kellys por ejemplo). Pero esto no ha sido sólo propio del ayuntamiento, pues evidentemente la política general de la Junta y el Gobierno Central han ido y van en la misma dirección.

¿Que cuáles son las pruebas que tenemos para ello? Son muchas, pero señalaré dos:

1) De las doce escuelas taller que había en 2011, hoy quedan 5 en toda Sevilla. Nuestra ciudad está a la cabeza en la lista estatal de barrios sumidos en la pobreza (7 de los 15 más hundidos). Si la juventud, con índices de paro en torno al 60% y con más del 30% de jóvenes trabajadores pobres, no tiene salida, entonces la droga, la delincuencia y la alienación son inevitables. Es el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de monstruos aislados que amenazan a toda la comunidad. Violencia, robos, asaltos y agresiones de todo tipo es la cara de la degradación cada vez más lacerante de la situación. Son excepciones desde luego por la nobleza de la gente trabajadora, pero ahí están para amargura del resto.

2) La cumbre del turismo que se celebra este año en Sevilla, donde estarán grandes cadenas mundiales (TripAdvisor, Hilton, Dubai Airports, American Express, AirBnb, El Corte Inglés, Uber,…), se ha financiado pegando un recorte de un millón de euros a partidas presupuestarias como servicio a la mujer, servicio de juventud, mantenimiento de las barriadas, Etc. De aquí se ha quitado el dinero para recibir a los grandes magnates.

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Hay más evidencias que ahora no voy a enumerar. Sin embargo, lo que más llama la atención es el absoluto desprecio por las reivindicaciones vecinales, contestadas con el silencio o las promesas dilatorias. Nuestro barrio se movilizó a finales de 2017 para que de una vez por todas se diera cobertura a la seguridad en nuestros barrios, que no queremos verlos convertidos en pasto de mafias vinculadas a la droga y la violencia. Aquel verano fue impresionante en número de robos, asaltos y trifulcas varias, como el pasado. Respondieron con promesas: se abriría la comisaría local de policía, pero "olvidaron" el detalle de que hacía falta personal si no se quería que aquello fuera una broma de mal gusto. Pero lo fue. En junio, el barrio volvió a echarse a la calle por las mismas demandas a raíz de la agresión sufrida por mi padre. Esta vez alzamos la voz exigiendo seguridad y futuro, es decir, poder vivir con dignidad. Esto fue respondido con la indiferencia, a pesar de haber solicitado reuniones a diversas instancias. Lejos de esto, trataron de traernos al barrio el depósito de vehículos retirados por la grúa municipal, que en buena medida es una chatarrería. Esto último por ahora fue parado por los vecinos (veremos cuánto tiempo tardan en volver a la carga).

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En octubre pasado los barrios hartos de Sevilla, con la Plataforma Interdistritos a la cabeza, salieron a la calle de forma unitaria, exigiendo dignidad para nuestras zonas. De nuevo, la indiferencia.

Este es el panorama que tenemos aquí. Por mi parte, la actitud chulesca de un amenazador al que la justicia y la policía (el Estado, en definitiva) tratan con guante de seda no me va a achantar. Lejos de ello, seguiré denunciando que esto es un caso que expresa una situación general de degradación inducida por las políticas antiobreras.

Si esto me cuesta un disgusto, me iré tranquilo donde tenga que irme, pero con la consciencia tranquila. Al final lo importante es lo que logremos como comunidad que sea bueno para cada una de las personas honradas, trabajadoras y justas de nuestros barrios. Al final estamos peleando contra el lumpen y contra sus aliados, que son aquellos que, voluntariamente o sin quererlo, alimentan su crecimiento y su libertad de actuación. Por eso, mi apuesta es la lucha entre todos por tener barrios dignos, donde haya trabajo, centros de salud en condiciones, centros de atención a las personas en situaciones sociales graves, guarderías públicas, vigilancia de la habitabilidad en comunidad, etc... Barrios dignos en definitiva donde vivir sea un orgullo verdaderamente basado en condiciones de justicia social.

Mis palabras finales van dirigidas al sujeto que nos amenaza a mi familia, y también al Sr. Alcalde. Ambos a lo mejor leen esto; el primero ya me lo confirmó, al segundo le harán un resumen. Como aliados que son, dense el placer de encontrarse. ¡Sr. Alcalde, lléveselo allí donde usted viva, verá qué bien! Al individuo le vendrá bien, porque se siente cómodo doblando el espinazo ante el poder (como lo vi disculpándose ante el agente que lo pilló in fraganti), tan cómodo como cuando amenaza a gente humilde y pacífica. Dense el gusto los dos.

SIN MIEDO, DE PIE EN LUCHA POR LA DIGNIDAD. En unidad con #BarriosHartos, la Plataforma Vecinal Interdistritos de Sevilla, Plataforma Vecinal Bellavista y todas las Asoc. De vecinos y plataformas del resto de Sevilla.


 

Ver También:

Narco-pisos en Bellavista (Sevilla): Agreden brutalmente a un trabajador en paro y amenazan de muerte a su familia

Bellavista (Sevilla): Organización y movilización vecinal contra el narcotráfico y la inseguridad, y por condiciones dignas para el barrio