Análisis Político
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La del 17 de marzo ha sido una gran jornada de lucha, con cientos de miles en las calles de todo el país, pese al frío, la lluvia y, en algunas zonas, la nieve. Una mayoría de jubilados, acompañados de trabajadores y jóvenes, han marchado para defender el derecho a una pensión digna, ganado con lucha y sacrificio durante décadas por la clase trabajadora de este país.

Destacan los 115.000 manifestantes en Bilbao, el epicentro del movimiento, y los 100.000 de Madrid (en 2 manifestaciones, con 25.000 en la de UGT y CCOO y 75.000 en la de la Coordinadora), pero también 40.000 en Barcelona y Sevilla, más de 20.000 en Santander, 20.000 en Tenerife, y decenas de miles más en un centenar de manifestaciones por todo el país, haciendo una suma de medio millón en la calle. En Madrid, la manifestación convocada por la coordinadora ha confluido con la convocada por diferentes plataformas y organizaciones de izquierdas contra la Ley Mordaza y las condenas por delitos de opinión, en lo que es una muestra del carácter político y del salto en la conciencia que está provocando la crisis de las pensiones.

Dialécticamente, son los pensionistas –tradicionalmente más pasivos y retardatarios al cambio– quienes han pasado al frente de la movilización social, ayudando a transformar el ambiente. Esto no es casual, la recuperación de la protesta social tenía que comenzar por las capas que, hasta el momento, habían permanecido al margen del movimiento, tras la quemazón sufrida en años anteriores por los sectores que protagonizaron la intensa lucha social del período 2011-2014. Tampoco es casualidad que a la cabeza de este movimiento se hayan situado veteranos activistas sindicales y de izquierda de los años 70. Y no es casual, por lo tanto, la gran cantidad de cánticos exigiendo la caída del gobierno del PP y una huelga general así como, cánticos continuos contra el Borbón, que mientras se producían estas grandes manifestaciones se encontraba tranquilamente esquiando en Formigal, en lo que es una imagen gráfica de la enorme distancia que se abre entre el régimen del 78 y la clase trabajadora.

Los sindicatos mayoritarios y las plataformas

A pesar de que UGT y CCOO llamaron a manifestaciones unitarias, hay que decir que si vimos manifestaciones separadas en algunas ciudades la primera responsabilidad es de la política seguida hasta ahora por las propias direcciones sindicales mayoritarias. El presente movimiento lleva desarrollándose desde hace ya más de un par de meses a iniciativa de organizaciones que surgieron al margen de los sindicatos mayoritarios. Mucha gente en el movimiento ve a estas direcciones sindicales como parcialmente responsables de la actual crisis de las pensiones. Se han dado ataques a las pensiones desde hace años, con el incremento de la edad de jubilación de 65 a 67 años y el aumento de años cotizados para tener derecho a pensión. Ya en la concentración del 5 de marzo en Bilbao, los representantes de CCOO y UGT fueron abucheados.

El que los mismos no hayan sido bien recibidos en diferentes ciudades (en otras, como en Málaga, activistas sindicales de CCOO o UGT sí estuvieron organizando las primeras movilizaciones desde el principio), revela la toma de conciencia de decenas de miles de jubilados militantes sobre la nefasta acción sindical de las direcciones confederales de UGT y CCOO que ya en el 2011 firmaron la merma de las pensiones públicas, para más inri, justo después de la Huelga General de septiembre de 2010. Por tanto, lo primero es qué reivindicar, y eso pasa por derogar la contrarreforma del 2013, pero también la del 2011.

Muchos jubilados, después de décadas de lucha a sus espaldas, en base a su experiencia, sacaron la conclusión de no confiar en la política (y en las siglas) de UGT y CCOO. Si encima aparecieron a última hora en esta movilización de la mano del PSOE (que avaló todo tipo de retrocesos sociales) ello incrementa la desconfianza de un sector de manifestantes.

Dicho todo esto, la unidad en la movilización contra el PP (y su cómplice Ciudadanos en la pírrica subida de pensiones y en los presupuestos que ya negociaron bajo cuerda) es fundamental: desunidos perdemos. Se puede discrepar en el debate, y hasta en las reivindicaciones, pero hay objetivos importantes que unen a todos los convocantes.

Los militantes de la izquierda debemos defender el derecho de cualquier colectivo o sindicato a portar su bandera y pancarta: demasiados sacrificios costó la libertad de expresión que ahora nuevamente recorta el PP. El derecho de cada colectivo, minoritario o no, a llevar consignas y reclamaciones diferentes es consustancial a la historia del movimiento obrero.

Preparar el próximo paso en la lucha

El estado de ánimo entre la clase trabajadora ha cambiado drásticamente, como demuestran el éxito de la huelga y las manifestaciones del 8 de marzo, pero también toda una serie de conflictos laborales que está saliendo a la superficie, incluyendo la primera huelga de 48 horas en el mayor centro logístico de Amazon, en San Fernando de Henares, convocada para el 21 y 22 de marzo, votada por el 75% de la plantilla en una asamblea masiva.

Las direcciones sindicales, después del 8M y del 17M, deben tomar nota: hay un mar de fondo muy profundo de descontento y ellos no han estado ni de lejos a la altura de las circunstancias en los últimos años. Los sindicatos, la unidad sindical, la unidad de la inmensa mayoría contra los recortes, es más que necesaria. Por otro lado, el PP está cada vez más aislado. Es posible vencer sobre esta cuestión y sobre más aspectos. En este momento, una huelga general unitaria de 24 horas sería un torpedo en la línea de flotación del gobierno, que podría perder totalmente el control de la situación. Todos los sindicatos y movimientos sociales tienen que trabajar con esa idea, es el paso lógico que hay que dar después de las movilizaciones tan impresionantes de este mes. Se trata de unificar y profundizar la lucha por unas pensiones dignas, por trabajo decente, contra la precariedad en el empleo, contra la represión y el recorte de libertades y contra el gobierno de la derecha.

Al final, todas las demandas obreras, de la mujer y de los jubilados conducen al mismo sitio, a la necesidad de librar una lucha anticapitalista. Este fue el eje de agitación del Extra de Lucha de Clases (y de Revolució en Catalunya) que distribuimos con gran éxito en las manifestaciones. Es el momento de arreciar la lucha y de que todos los explotados, sea cual sea su condición y situación, le presenten su factura al sistema capitalista español tras años de explotación y sacrificios. El genio ha salido de la botella y no va a volver a entrar en la misma hasta que no se provoque un cambio sustancial en la vida política del país.

(Fotos: José Camó)