A raíz de las medidas de aislamiento con motivo de la epidemia del COVID-19 se han sucedido miles de despidos y ERTEs por la consecuente paralización productiva. Todo esto ha traído caídas en las bolsas mundiales que no se recuerdan desde la crisis del 2008, y los miedos en todo el mundo de una nueva crisis son más que evidentes.

España aparece como un Estado fuertemente secularizado. La asistencia a misa es residual, y ni siquiera en la actual crisis del coronavirus está habiendo un repunte de la religiosidad, tan común en otros momentos de grandes convulsiones. Sin embargo, pese a tanta modernidad, la Iglesia Católica sigue impertérrita como una de las mayores instituciones del país. Aquí explicamos nuestra posición sobre este tema en particular, y el programa que defendemos.

La epidemia global de coronavirus y la declaración del Estado de Alarma han provocado el cambio más drástico en la vida de la población española desde los primeros días y semanas de la crisis de 2008-2009. Millones de personas permanecen recluidas en sus casas y se anuncia que más de un millón perderá, temporal o permanentemente, su puesto de trabajo. Estando de acuerdo con tomar medidas enérgicas y audaces contra esto, ¿es el plan aprobado ayer por el gobierno, la manera más efectiva de luchar contra la epidemia y asegurar el empleo y las condiciones de vida de las familias obreras, o sólo es "pan para hoy"?

Me llamo Enrique, soy un trabajador y tengo 52 años. Mi mujer y yo fuimos contagiados por el coronavirus a finales de febrero. Cuando nos hicieron los tests y dieron positivos nos obligaron, para superar la enfermedad y no contagiar a nadie, a recluirnos en casa y medicarnos a domicilio. Así lo hicimos. Como yo tengo bronquitis y no paraba de toser decidieron que fuera ingresado en el Hospital de Txagorritxu.

La crisis sanitaria generada por la epidemia del coronavirus COVID-19 ha puesto el planeta patas arriba y alterado la vida cotidiana de cientos de millones de personas, particularmente en los países capitalistas desarrollados y China, origen de la infección. Cierre de extensas áreas geográficas y de ciudades, suspensión de clases en todos los niveles de la enseñanza, limitaciones a la actividad laboral en numerosos sectores, prohibición gubernativa de reuniones masivas y de manifestaciones, reducción significativa de la vida social y cultural, entre otras, son las consecuencias de una epidemia que afecta a más de 130.000 personas en todo el mundo y que ha dejado hasta el momento cerca de 5.000 muertos, la gran mayoría personas de edad avanzada con patologías previas.

La Casa Real española está entrando en una de las mayores crisis que ha tenido que afrontar desde la coronación de Juan Carlos I en noviembre de 1975. El hallazgo de la fiscalía suiza de cuentas y fundaciones irregulares en paraísos fiscales, que han movido más de 100 millones de dólares en la última década, a nombre de Juan Carlos I y Felipe VI, ha desatado la indignación popular.

Hoy, mañana y toda la semana nos despertamos con el minuto a minuto de la crisis del SARS-Cov-2, comúnmente llamado Coronavirus. La población se encuentra en un estado de histeria colectiva que se alimenta cada día que pasa, navegando entre la realidad y los cientos de bulos y noticias falsas que se filtran.