Pagina principal Estado Español Cuestión Nacional La CUP cede a las presiones de la burguesía catalana y reanima a una CDC herida

La CUP cede a las presiones de la burguesía catalana y reanima a una CDC herida

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Las elecciones al parlamento de Cataluña del 27 de septiembre dieron una mayoría de escaños a las fuerzas independentistas, aunque no una mayoría de votos. Es más, dentro del bloque soberanista, Junts pel Sí (JxS-la lista unitaria de CDC, ERC e independientes) no disponía de una mayoría suficiente para gobernar y dependía por tanto de los votos de la CUP que había dicho claramente durante la campaña que no investiría a Mas. La presión, por lo tanto, era muy grande sobre la CUP. El tira y afloja resultante se ha prolongado durante más de 3 meses y sólo se ha resuelto in extremis el domingo 10 de enero, a pocas horas de que se agotara el plazo, con un acuerdo entre la CUP y JxS ¿Cuál es el significado de este acuerdo y cómo se debe valorar?

En la asamblea de Manresa de noviembre de 2015 la mayoría de los militantes de la CUP optaron por continuar con la negativa a investir a Mas, tal y como se habían comprometido durante la campaña electoral. Enseguida cayó una lluvia de insultos por parte de los nacionalistas de derechas que, como una sola voz, acusaban a la CUP de "traicionar el procés” y ser "muletas del españolismo".

En la posterior Asamblea Nacional Extraordinaria de la CUP del 27 de diciembre se produjo el tanto sorprendente empate (1515 votos a favor y 1 515 votos en contra). A medida que se acercaba el límite para investir presidente la presión aumentaba. Sobre todo, la ANE puso de manifiesto la división de la CUP en líneas de clase, como resultado de la presión de CDC, entre aquellos que argumentaban que invistiendo a Mas como mínimo avanzaríamos a la independencia y la República, y los que decían que no se podía confiar en que CDC quisiera una ruptura, que había de ampliarse la base social del procés y que esto sólo se podía hacer con un giro a la izquierda y un ambicioso plan de choque social.

Para resolver el callejón sin salida, la CUP trasladó la decisión final al Consejo Político Nacional y al Grupo de Acción Parlamentaria, que debían recoger las decisiones de las asambleas territoriales. Confirmando la división profunda en líneas de clase de la CUP, las asambleas del área metropolitana de Barcelona, ​​Vallès Occidental y del Campo de Tarragona confirmaron su no a Mas, mientras que las de Girona y Lleida se decantaban por el sí. Después de una animada discusión, la dirección del partido votó por mayoría no investir a Artur Mas. En el documento aprobado (http://statics.ccma.cat/multimedia/pdf/0/2/1451988151120.pdf) emplazaba a Junts pel Sí a evitar elecciones anticipadas dando una respuesta a tres puntos:

"- una nueva candidatura a la presidencia de la Generalidad que refleje el giro a la izquierda de la sociedad catalana.

- Un plan de choque mucho más ambicioso que permita hacer frente a la emergencia social.

- Y finalmente, un referéndum unilateral de independencia que, tras los cambios políticos y sociales imprescindibles, permita convocar y sumar la mayoría social necesaria para alcanzar la independencia."

Parecía que la negativa de la CUP por un lado, y el enroque de CDC sobre la figura de Mas por otro, nos destinaba inevitablemente a nuevas elecciones en marzo. Las acusaciones contra la CUP subieron de tono: "agentes del CNI", "españolistas", "traidores", insultos machistas asquerosos contra las compañeras de la CUP, y un ambiente de ostracismo reinaba en JxS, culpando a la CUP "de hacer naufragar el Procés".
No obstante, la tensión evidente entre las dos formaciones, las negociaciones continuaron pero parecía claro que sólo estuvieran escenificando el juego de "a quién cargamos las culpas de la ruptura".

Finalmente el 10 de enero se llegó a un acuerdo. Mas renunció a la presidencia a cambio de someter la CUP a un acuerdo humillante. El acuerdo obliga a la CUP a:

1. Garantizar la estabilidad del nuevo gobierno y por tanto no votar nunca contra JxS en lo fundamental, cuando esté en riesgo su estabilidad parlamentaria y la del govern..

2. Para blindar el acuerdo, 2 diputados de la CUP-CC se integran en la dinámica parlamentaria de JxS, de facto regalando dos escaños a la coalición de gobierno, y con ellos la mayoría absoluta, al darse por supuesto que, en el peor de los casos, los 8 diputados restantes de la CUP podrían abstenerse pero nunca votar contra el Govern.

3. Investir en primera votación la persona designada directamente por Artur Mas, en este caso Carles Puigdemont, el alcalde de Girona que se ha descrito a sí mismo como heredero de Mas.

4. Admitir públicamente “sus errores” al haber adoptado una actitud demasiado beligerante hacia JxS durante las negociaciones, y a partir de ahora adoptar "una defensa activa de todos los agentes que lo hacen posible" [el acuerdo].

5. relevar a dos de sus diputados como prueba de querer cambiar su actitud.

En realidad, este acuerdo va en contra del espíritu y la letra de todo lo que había acordado la CUP anteriormente. Carles Puigdemont no es un presidente de consenso, sino una persona designada directamente por Mas y de su plena confianza política. No hay ninguna modificación del "plan de choque" que la CUP ya había rechazado, y que ni siquiera se menciona en el documento. Y finalmente, no se habla en absoluto de ningún referéndum de independencia, contra la opinión de la CUP de que no hay una mayoría suficiente para declarar la ruptura unilateral. El acuerdo ata a la CUP de pies y manos a la dinámica de un gobierno del que no controla el programa y que está dominado por CDC.

¿Por qué se ha producido pues, este acuerdo?

En primer lugar, por parte de Mas y CDC, el factor central ha sido evitar las elecciones de marzo. La burguesía catalana quería impedir a toda costa una repetición de la victoria histórica de En Comú Podem en Cataluña en las elecciones generales del 20 de diciembre, en las que CDC (bajo el nombre de Democràcia i Llibertat) había quedado relegada a cuarta fuerza, superada de nuevo por ERC en el frente independentista. Este resultado en unas elecciones catalanas habría finiquitado a CDC. No sólo eso, sino que la victoria de ECP había ejercido también una poderosa atracción sobre sectores de la CUP que discutían la posibilidad de un frente común con ECP sobre la base de un plan de choque rupturista, del referéndum unilateral y del proceso constituyente no subordinado al resto del Estado.

El giro a la izquierda en la sociedad catalana era claro para todos: En Comú Podem ganó con resultado superiores al 30% en todos los barrios obreros de Barcelona, en los pueblos del cinturón rojo del área metropolitana de Barcelona, y en Tarragona; e incluso en zonas que históricamente no solían optar por la izquierda transformadora como Cardedeu y otros pueblos del Vallés Oriental, o el distrito del Eixample de la capital. Todo ello gracias a un programa radical y a la valiente defensa del derecho a decidir fortalecida por la alianza con las otras confluencias de izquierda, el capital político de los “ayuntamientos del cambio” y el papel de Ada Colau, la dirigente más reconocida por la clase trabajadora.

Por todo ello, claramente, la burguesía catalana no podía permitirse ir a nuevas elecciones. Por otra parte, la CUP estaba bajo mucha presión, amenazada incluso por una ruptura de la organización, partida por medio. CDC y Mas se movieron para explotar las contradicciones de clase en las CUP, y la jugada les salió bien.

Finalmente, la CUP cedió a las presiones de la burguesía catalana y dio oxígeno a una CDC gravemente herida. Mas sale como el "gran salvador de la patria" y la CUP inviste a Carles Puigdemont, hombre clave de CDC, directamente designado por Artur Mas.

Las implicaciones del acuerdo

Hay que decir claramente que la CUP aceptando este acuerdo ha reforzado, por ahora, la hegemonía del "Proceso" a una CDC debilitada que se encontraba en serias dificultades. La misma CDC que un documento de Endavant explica correctamente que "sólo es independentista nominalmente. CDC, como representante político de las clases dirigentes catalanas, no está dispuesta a aceptar las renuncias y el coste que para estas clases dirigentes supondría un proceso de independencia". Es evidente que CDC no quiere romper con el régimen del '78: el propio presidente Puigdemont dijo que continuarían en el "proyecto de negociar la independencia con el estado y la UE". Incluso un niño de cinco años puede entender que la independencia no se puede negociar.

Lo que CDC quiere es construir una situación favorable para la burguesía catalana para negociar con sus hermanos de clase de Madrid unas condiciones económicas mejores para ellos. El deseo de CDC siempre ha sido seguir con sus políticas de austeridad y subordinación a la troika. La CUP le ha brindado la posibilidad de seguir al frente de la Generalitat.

Los dirigentes de la CUP intentan presentar un compromiso vergonzoso como una victoria diciendo que "hemos enviado al basurero de la historia a Mas,a Boi Ruiz, a Puig y a Mas-Colell". Seguramente nos alegramos de no tener que ver sus caras en los medios, pero de nuevo hay que recordar que un cambio de nombres no significa un cambio de política. Para enviarlos al basurero de la historia primero se deben desmontar sus obras y CDC nunca dejará de hacer una política al servicio de los grandes empresarios.

El Presidente Puigdemont además de ser un declarado sionista, afirmó en Twitter: "si alguien tiene interés en conocer la gestión de la salud le recomiendo que también escuche la intervención del consejero Ruiz en el Parlamento. Brillante" y también "mi programa es el de Artur Mas".

Otro efecto del acuerdo, independientemente de las intenciones de los que lo han firmado, es el de fortalecer la posición política de la clase dominante española, con un Rajoy que ahora exige al PSOE una gran coalición nacional en defensa de la unidad de España. Volvemos a una dinámica de enfrentamiento en líneas nacionales que de hecho favorece a la derecha en Cataluña y en el conjunto del Estado.

La única vía hacia la República Catalana: la alianza entre la clase trabajadora catalana y la del resto del estado

Les razones de la capitulación de los dirigentes de la CUP no hay que buscarlas en la moralidad o la ética. Los problemas de la CUP tienen una base estrictamente política. Hay que buscarlos en la idea de que existe una burguesía progresista o rupturista que es capaz de dirigir un proceso de ruptura con el régimen del 78 y hacia una República Catalana. Esto es radicalmente falso. Esta visión "etapista" de primero la independencia y después la lucha de clases es lo que está en el fondo del error de la CUP.

Ya hay voces en las CUP que se han levantado cuestionando el acuerdo. Este es un acuerdo contra natura que no resistirá mucho tiempo, porque no elimina las contradicciones dentro de la CUP sino que simplemente las oculta temporalmente. Cuando el gobierno de Puigdemont comience a aplicar recortes, continúe con la política de privatizaciones, se vea salpicado por escándalos de corrupción o empiece a retroceder en la hoja de ruta de la ruptura, la CUP se verá de nuevo enfrentada con el dilema de seguir apoyando a la burguesía nacional o mantenerse firme en sus principios anti-capitalistas. La estabilidad del gobierno no está garantizada, ni mucho menos.

Algunos se preguntarán sin embargo, ¿cuál era la alternativa? El 20 de diciembre lo muestra claramente. Más de cinco millones de personas en todo el Estado votaron por una fuerza política que se presentaba de forma clara como campeona del “derecho a decidir”. La situación política en el estado es de enorme inestabilidad. Cataluña puede jugar un papel clave en la ruptura con el régimen del 78, pero esto no es posible si la izquierda transformadora va de la mano de la burguesía nacional que al final la traicionará, como siempre ha hecho. Lamentamos que el inmovilismo de Catalunya Sí que es Pot (CSQEP, la coalición que presentaron en las elecciones catalanas del 27S Podemos, ICV-EV y EUiA) no haya ayudado a construir un puente entre la CUP y las otras fuerzas de izquierdas. Pensamos que En Comú Podem tiene que dirigirse a los sectores de la CUP más críticos para presionar al partido a romper con CDC, y construir una alternativa a la izquierda, en base a un programa social radical, el referéndum unilateral y el proceso constituyente no subordinado.

La cuestión territorial es uno de los puntos más débiles del régimen del 78. La única manera de aprovechar su potencial rupturista es haciendo un llamamiento a la clase trabajadora de todo el estado a apoyar los derechos del pueblo trabajador de Cataluña y hacer lo mismo en el resto del Estado: abrir procesos constituyentes para decidir todo.

Queremos la República catalana pero somos conscientes de que no vendrá de las manos de los capitalistas. Adaptando a Cataluña una frase del marxista irlandés, James Connolly: "Si mañana se alza la estelada en la Plaza Sant Jaume, a menos que organizarais una República Socialista, vuestros esfuerzos serían en vano. España os seguiría gobernando. Os gobernaría a través de sus capitalistas, de sus terratenientes y de sus financieros." El 20D ha demostrado que el potencial existe. Sólo la clase trabajadora de todo el estado tiene interés en romper el régimen del 78 y defender la República Catalana que forme parte en pie de igualdad de una República Socialista Federal.