Las elecciones municipales han conmocionado los equilibrios políticos a nivel estatal, con el resurgimiento del PSOE y ERC y el declive de Unidos Podemos y sus aliados. En Barcelona, ​​la victoria por la mínima de Ernest Maragall contra Ada Colau y la pérdida por parte de la CUP de todos sus concejales supone un cambio importante en la situación política.

Las elecciones del 26 de mayo, municipales, autonómicas y europeas, han vuelto a confirmar la victoria de la izquierda en las elecciones generales del 28 de abril pasado. En las elecciones municipales, las más relevantes, la izquierda estatal y nacionalista consiguió el 48,7%, mientras que la derecha estatal y nacionalista alcanzó el 42%. En las elecciones europeas, con un nivel similar de participación, la victoria del bloque de izquierdas fue aun más marcada: 51,13% frente al 41,33%. Además de esto, están los votos de Junts (el partido de Puigdemont), más de 1 millón (el 4,58%), que sería incorrecto ubicarlos mecánicamente dentro de la derecha, puesto que fundamentalmente  tienen un carácter de reivindicación democrática y republicana y de rechazo al régimen del 78.  

Hemos derrotado al “trifachito”. La reacción neofranquista no pasó en estas elecciones. Pese a explotar los prejuicios más bajos y ruines de las capas más atrasadas de la población, la derecha mordió el polvo en su intento de alcanzar La Moncloa. Las familias obreras, la juventud, la mujer trabajadora, las nacionalidades oprimidas, y todo lo que hay de progresista en la sociedad española, cerraron filas para impedir la llegada de un gobierno que amenazaba con ser el más reaccionario en 40 años.

La industria vasca ha pasado de 423.000 empleos en 1975 a 194.000 en la actualidad. Una pérdida del 54% que continúa ahogando al sector con políticas neoliberales. Fagor, Xey, CEL y La Naval son ejemplos recientes de mala gestión del Gobierno y las diputaciones vascas.

Las elecciones generales fueron una derrota sin paliativos para la derecha y una importante victoria para el PSOE que pueden verse confirmadas en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 26 de mayo, en las que se juega buena parte del poder regional del PP y la permanencia de los “Ayuntamientos del Cambio”.

La campaña electoral encara sus últimos días y aunque todas las encuestas auguran una derrota del “trifachito”, no puede descartarse ningún resultado, dado el alto porcentaje de indecisos que aún permanece, de en torno al 30%. Unidos Podemos, que inició la campaña en una situación de mucha debilidad, ha reforzado su perfil, que mezcla una retórica algo más radical que meses atrás con un canto a las excelencias de los derechos sociales que incluye la Constitución de 1978, exigiendo su pleno cumplimiento ¿Es ésta la manera de acreditar la utilidad del voto para Unidos Podemos?