En el momento de escribir este editorial aún no había un acuerdo para investir al gobierno de Pedro Sánchez. Si el 23 de septiembre no hay un gobierno elegido, quedarían convocadas automáticamente nuevas elecciones generales para el 10 de noviembre.

Por todo el litoral almeriense y parte de la costa granadina, existen numerosas urbanizaciones, adosados y pisos turísticos con maravillosas vistas al mar para que estos turistas, fascinados con sus vacaciones, no aprecien lo que se esconde tras el plástico de los invernaderos, situados en las laderas y llanuras de este lugar.

Hace unas semanas, dejamos clara nuestra posición ante un gobierno de coalición entre el PSOE y Unidos Podemos. Ahora, la dirección de Podemos ha lanzado una “consulta” a los militantes del partido para que se pronuncien sobre su participación en el gobierno de Sánchez. Pese a los dos meses y medio transcurridos desde las elecciones del 28A, esto tiene lugar sin un debate previo en las bases ni en asambleas de círculo, ni siquiera en asambleas públicas donde los votantes y simpatizantes puedan interpelar a quienes eligieron al parlamento. Como de costumbre, la “consulta” no puede ser más tendenciosa, diseñada para ganar “a la búlgara”. Se trata de optar entre la propuesta de la dirección de Podemos ¡y la propuesta de la dirección del PSOE!  Lucha de Clases llama a votar en blanco en esta “consulta”, y explicamos aquí nuestras razones.

El fracaso del primer intento de investidura de Sánchez ha mostrado dos cosas. La primera, que la negativa del PSOE a pactar con Unidas Podemos (UP) significa que no está dispuesto a introducir cambios significativos en las condiciones laborales y de vida de las familias obreras, como exigen los ricos y los patrones del Ibex35, pese a que UP ha reducido al mínimo sus exigencias programáticas; y la segunda, la incomprensible tozudez de la dirección de UP de querer entrar en un gobierno que no sólo no aplicará ninguna de sus promesas de campaña sino que también frustrará tarde o temprano las expectativas que tienen depositadas en él millones de trabajadores. Por eso, siempre hemos defendido que UP facilite la investidura de Sánchez y pase a la oposición, y así pueda tener las manos libres para agitar por su programa y movilizar por él en la calle. 

La empresa Majorel ofrece de cara a sus clientes una publicidad en la que se jacta de ofrecer soluciones tecnológicas en las que el factor humano juega un papel central frente a la robotización, pero la realidad es que en el proyecto “Bytedance” de su sede en Barcelona, el trato a sus trabajadores es más propio de un esclavista que de alguien que se declara “driven by people”.

Las revelaciones del periodista de investigación Carlos Enrique Bayo en Público.es arrojan luz sobre las estrechas relaciones entre el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y el imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty, cabecilla del grupo yihadista que perpetró los atentados de las Ramblas de Barcelona. Esta investigación apunta, en el mejor de los casos, a una escandalosa negligencia, pues, habida cuenta de la abundante información recabada sobre este personaje, tendrían que haber saltado todas las alarmas tras la explosión del laboratorio de explosivos de Es Satty en Alcanar. Pero también abre interrogantes mucho más siniestros sobre las posibles motivaciones políticas del CNI en esconder sus vínculos con el imán. Este escándalo no cae del cielo, ya que el Estado español y sus cloacas tienen una larga trayectoria de conspiración, intriga y manipulación.

La cuestión nacional permanece como una úlcera sangrante en la historia política española, y así permanecerá hasta que la clase obrera no se proponga abiertamente luchar por su emancipación como clase, resolviendo de paso los problemas democráticos pendientes, tales como la mencionada cuestión nacional catalana, vasca y gallega, y la consecución de una república democrática.