Las revelaciones del periodista de investigación Carlos Enrique Bayo en Público.es arrojan luz sobre las estrechas relaciones entre el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y el imán de Ripoll, Abdelbaki es Satty, cabecilla del grupo yihadista que perpetró los atentados de las Ramblas de Barcelona. Esta investigación apunta, en el mejor de los casos, a una escandalosa negligencia, pues, habida cuenta de la abundante información recabada sobre este personaje, tendrían que haber saltado todas las alarmas tras la explosión del laboratorio de explosivos de Es Satty en Alcanar. Pero también abre interrogantes mucho más siniestros sobre las posibles motivaciones políticas del CNI en esconder sus vínculos con el imán. Este escándalo no cae del cielo, ya que el Estado español y sus cloacas tienen una larga trayectoria de conspiración, intriga y manipulación.

Hace unas semanas, dejamos clara nuestra posición ante un gobierno de coalición entre el PSOE y Unidos Podemos. Ahora, la dirección de Podemos ha lanzado una “consulta” a los militantes del partido para que se pronuncien sobre su participación en el gobierno de Sánchez. Pese a los dos meses y medio transcurridos desde las elecciones del 28A, esto tiene lugar sin un debate previo en las bases ni en asambleas de círculo, ni siquiera en asambleas públicas donde los votantes y simpatizantes puedan interpelar a quienes eligieron al parlamento. Como de costumbre, la “consulta” no puede ser más tendenciosa, diseñada para ganar “a la búlgara”. Se trata de optar entre la propuesta de la dirección de Podemos ¡y la propuesta de la dirección del PSOE!  Lucha de Clases llama a votar en blanco en esta “consulta”, y explicamos aquí nuestras razones.

El Estado español, tras una década sumido en la mayor crisis económica global de toda la historia, ha sufrido una recesión económica sin precedentes, cuyas consecuencias seguimos padeciendo. Esto ha afectado y ha tenido resultados graves en todo tipo de sectores. Dentro de ellos, sectores como la sanidad o la educación pública son los que más han sufrido tanto la recesión económica en sí como las políticas de recortes de los diferentes gobiernos, principalmente del Partido Popular.

La empresa Majorel ofrece de cara a sus clientes una publicidad en la que se jacta de ofrecer soluciones tecnológicas en las que el factor humano juega un papel central frente a la robotización, pero la realidad es que en el proyecto “Bytedance” de su sede en Barcelona, el trato a sus trabajadores es más propio de un esclavista que de alguien que se declara “driven by people”.

El juicio del Procés toca a su fin. A falta de las conclusiones de las defensas, que tendrán lugar la semana del 10 de junio, las conclusiones de la Fiscalía y la Abogacía del Estado, así como el propio desarrollo del juicio, son una demostración precisa del carácter político de este juicio. Los nueve presos políticos catalanes y el resto de encausados, (hasta dieciocho) se enfrentan a penas que van de siete a veinticinco años de prisión por rebelión, malversación y desobediencia (de acuerdo con el escrito de la fiscalía basado en la escandalosa instrucción del juez Llarena). Estamos ante un juicio político con consecuencias potencialmente explosivas para la cuestión nacional catalana, que sin duda va a marcar la legislatura que comienza.

La cuestión nacional permanece como una úlcera sangrante en la historia política española, y así permanecerá hasta que la clase obrera no se proponga abiertamente luchar por su emancipación como clase, resolviendo de paso los problemas democráticos pendientes, tales como la mencionada cuestión nacional catalana, vasca y gallega, y la consecución de una república democrática.

Sectores de la burguesía española están empeñados en forzar un cambio político en Ciudadanos para que se adapte a las necesidades de sus intereses de clase actuales; esto es, reconstruir el “centro político” con un acuerdo PSOE-C’s. Pretenden así frenar la polarización izquierda-derecha y el conflicto democrático y de clase que subyace en la misma. Además de la cúpula del PSOE, la burguesía parece haber encontrado también para esta jugada un aliado inesperado, Íñigo Errejón y su nuevo movimiento político.