El franquismo y la transición
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Alazne Arana. Trabajadora, participante de las Asambleas de Mujeres del 3 de marzo de 1976 - Se cumplen 42 años de la masacre de Vitoria, 5 obreros asesinados y decenas de heridos de bala son el reguero de sangre que dejó la brutal represión del régimen, en los estertores de la dictadura franquista, contra una lucha obrera que pretendía mejorar los salarios y condiciones de vida y arrancar del régimen fascista libertades democráticas.

Todavía sigue impune esta masacre, sus autores pasean libremente por las calles, las víctimas sufren en silencio la pérdida de sus familiares, sufren lesiones que les han marcado toda su vida sin obtener ninguna compensación. Esto supone una auténtica prueba de la pésima calidad de la democracia de este país, que como vemos estos días es cada vez más irrespirable, con innumerables casos de corrupción, condenando a la supervivencia a la juventud, empobreciendo a los pensionistas, encarcelando a artistas críticos y a discrepantes políticos.

Hay que resaltar, en estos momentos en los que el hartazgo de las mujeres trabajadoras está llegando al paroxismo, ante la evidente discriminación, subsidiariedad, brecha salarial, violencia machista, etc., un aspecto de esta lucha histórica, que a menudo se ha relegado: la toma de conciencia social como clase obrera, la participación activa de la mujer en aquellas luchas.

La mujer se iba incorporando en los años 70 a la industria, había en Vitoria algunas empresas industriales mayoritariamente femeninas como Areitio (685 asalariadas), en muchos casos trabajaban hasta la maternidad, reincorporándose después si podían hacerlo. Todavía, entre las mujeres, había una mayoría de amas de casa. En este proceso, las fábricas con mayoría femenina se incorporaron como las demás empresas a la lucha, enviaron sus representantes a las Comisiones Representativas y participaron codo con codo en el debate y preparación de las movilizaciones.

Las dificultades de la lucha, el endurecimiento de las misma, expresó la necesidad de que la lucha fuera asumida por la familia en su conjunto y no sólo por el marido, que dadas las circunstancias del momento era, en la mayoría de los casos, el único salario de la casa. Entonces se planteó la necesidad de realizar Asambleas de Mujeres, que al principio se hacían por separado fábrica por fábrica, pero que pronto pasaron a hacerse en conjunto y a realizarse dos veces a la semana. Estas asambleas de mujeres nacieron impulsadas por las Comisiones Representativas -órgano de debate y dirección de los representantes de empresas en lucha- y tuvieron al principio un carácter muy dependiente de lo que marcaban las Comisiones Representativas, pero pronto eligieron una Comisión de Mujeres que dirigía estas asambleas y que comenzaron a caminar por sí solas y con iniciativas propias: recoger dinero para el mantenimiento de la huelga -caja de resistencia-, reparto de alimentos, marchas hacia las empresas para señalar a los esquiroles, concentraciones con las bolsas vacías sensibilizando a la población en los mercadillos, y marchas por Vitoria, que fueron duramente reprimidas por la policía.

Nada más empezar estas asambleas de mujeres, descubrimos que la sola acción de apoyo al marido en la lucha era insuficiente y fuimos conscientes de que teníamos por delante tareas que desbordaban con mucho esta lucha. Aparecieron las carencias de los barrios obreros, de la vivienda, de las guarderías, de la sanidad, de la Seguridad Social, del trabajo de la mujer, etc. La mujer salió de la estrechez de su casa, del trabajo doméstico en el que se la quería recluir, y descubrió un mundo por el que luchar más pleno, para su propio desarrollo y para el de su compañero, perdió el miedo que la atenazaba entre los muros de su casa y que contagiaba negativamente la moral de su compañero, y se sumó a la lucha. Y se demostró una vez más, que las mujeres y los hombres de la clase trabajadora desarrollan su conciencia y confianza a través de la participación en la lucha de clases.

Vimos en esta huelga, cómo los trabajadores y las trabajadoras, incluyendo las amas de casa, se elevaron a nuevas alturas, dejando a un lado la vieja mentalidad servil y mostrando una firmeza y una creatividad que no sabían que poseían.    

La participación de las mujeres, trabajadoras y amas de casa, en las luchas del 3 de Marzo fue decisiva, sin su combatividad no hubiera sido posible.

Hoy, como hace 42 años, tenemos por delante la tarea de eliminar la sociedad de clases, eliminar la mentalidad de esclavos que fluye del lodo de esta sociedad clasista, y que dará lugar a la creación de un nuevo hombre y una nueva mujer: seres humanos libres, capaces de vivir juntos en armonía, como personas realmente liberadas, libres de la antigua psicología esclava posesiva. Después de haber liberado a los hombres y mujeres de la búsqueda humillante de las cosas materiales, que distorsiona y degrada la vida humana, será posible, por primera vez, que la gente se relacione entre sí como seres humanos. Liberada de toda coacción externa, cálculo egoísta o dependencia humillante, la relación entre hombres y mujeres será libre para desarrollarse y prosperar sobre la base de la igualdad genuina.